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Caio Veyron rellena el culazo tragón de Nik Fros a pelo con sus 28 cm de polla bien fornida | Tim Tales

Una vez descubrió el paraíso de los rabos gigantes hechos a su medida, el apetito de Nik Fros se volvió imparable. Su aspecto de tio machote, musculoso, peludo, rebelde y fornido con un prodigioso y tremendo culazo llamaba la atención de todos los tios en el bar y a menudo acababa en la parte de atrás, entre cajas y botellas de cerveza, con un maromo zumbándoselo como si no hubiera un mañana.

Algunos le entraban no sin algo de timidez, por miedo a que, una vez en los baños, fueran ellos quienes recibieran una embestida, pero cuando tios tan seguros de sí mismos y de la dote que tenían entre sus piernas como Caio Veyron se aproximaban a hablar con él para proponerle una buena folladita en la recámara, al final terminaba poniéndoles a todos cachondos, al ver cómo un tiarrón así de musculoso y varonil podía entregar su culo de esa manera tan lujuriosa.

Y lo mejor no es sólo cómo donaba su culo para la causa, tumbado bocabajo, elevando una piernecita, dejándose querer, sino que chupando pijas enormes era todo un maestro. Con la de Caio tuvo para rato. Apenas le cabía en la boca un cuarto de la butifarra de ese dotadísimo macho, con una verga de casi treinta centímetro colgando entre las piernas, gorda y dura.

El culazo de Nik fue para él como un sitio de recreo donde campar a sus anchas. Iba sobrado con esa larguísima pirula y al pandero de Fros parecía como si no le costara que le metieran toda esa gigantesca herramienta por el ojete. La recibió con agrado y siempre con cara de sorpresa, la mirada perdida y la boca entreabierta exhalando gemidos de amor. Caio se corrió en su ingle, sobre sus cojones, luego le volvió a meter la polla por el culo, cubierta de leche y sin condón y al sacarla la deslizó por su polla y su huevera, haciéndole con ese pedazo rabo un masajito de lo más placentero.

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