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Una orgía épica en Sauna Sitges con Viktor Rom, Andy Star, Alex Tikas, Andy Onassis, Brock Banks, Mars Gymburger, Greg Hollywood, Eddie Burke, Ronald, Diego Sphynx, Hurricane Domi, Wolf Rayet, Aiden Tyler, Amir, Little Brako, Xuxo BCN, Junior Class, Alex Cavill y ReadyPlayer4

Epic Orgy Sitges

Estaba mal acostumbrado a pensar que las orgías eran algo que uno se encontraba a la vuelta de la esquina y que eran poco más que un sueño irrealizable. Lo más que había conseguido era llevarme a un chulazo a los baños de algún local de copas, con una miradita y buenas intenciones. Nunca pensé que el destino me tenía guardada una agradable sorpresa cuando aquella mañana decidí entrar a la Sauna Sitges.

Todo lo que había visto de porno hasta ahora pajeándome, el único lugar donde las orgías formaban parte de mi vida, se quedaba corto con lo que estaba a punto de presenciar. Al lado de esto cualquier otra orgía parecería, desde ese momento, un juego de niños. Ocurrió al entrar a la sala de las cabinas. Ya unos pasos antes de llegar, escuché muchos gemidos y se me puso dura al instante al comprobar que mi fantasía se hacía realidad.

Un tio de rodillas comiéndole la polla a dos machos, otros dos besándose justo a la entrada y allí, en mitad de la sala y más allá junto a las cabinas, comiéndose las pollas, las bocas, los culos, calculé que había demasiados hombres en un espacio tan pequeño, al menos debía haber como veintiuno. Viktor Rom, Andy Star, Alex Tikas, Andy Onassis, Brock Banks, Mars Gymburger, Greg Hollywood, Eddie Burke, Ronald, Diego Sphynx, Hurricane Domi, Wolf Rayet, Aiden Tyler, Amir, Little Brako, Xuxo BCN, Junior Class, Alex Cavill y ReadyPlayer4 disfrutaban de sus cuerpos como nunca.

La zona central la ocupaban cinco tios que estaban bien cachondos. Viktor se estaba comiendo el culazo de un maromo a la vez que metía los dedos por la boca a Mars, que a su vez estaba calentando a otro de los grandes fichajes de esa sala, Alex, un tiarrón de amplias espaldas, fornido y toda una máquina sexual que no tardó en poner su cuerpo a disposición del otro tio sin perder tiempo metiéndole toda su gordísima pija por el culo. Fue desde ese primer momento en que me di cuenta de que allí en algún momento todas las pollas entrarían desnudas por los agujeros que se les prestaran a ello, que seguro eran más de la mitad de los que allí había.

Ejerciendo de maestro de ceremonias, Viktor se puso en pie y se apoyó con la espalda a la barra central. No pude menos que sacarme la polla y hacerme una paja al ver su mástil ahí todo tieso, largo, grande, enorme, una pedazo picha auténtica, morenota, venosa y cilíndrica con la que iba a dar de comer a unas cuantas boquitas y a muchos más culos.

Mirara donde mirara, no había lugar que no me hiciera rebosar la leche de las bolas. Había planos que, por la zona en la que estaba colocado, eran una auténtica obra de arte, como el de allá a lo lejos, con un tiarrón de piernas peludas y muslos fuertes, con las piernas separadas por las que podía ver el torso más peludo todavía de otro mamón sudando y haciéndole una buena mamada.

Había tios de todas las edades, de todos los países. Daba igual si tenían poco más de veinte, si estaban en los dulces treinta o si habían entrado ya en la fase de los dorados cuarenta llenos de veteranía. No había edad, sólo hombres comiendo pollas y follando unos con otros, la puta lujuria campando a sus anchas. Las caritas guapas de Brock y Aiden me tenían loquito.

El sonido de las mamadas pronto dejó paso al de los gemidos, cuando un tercio de los presentes se pusieron a cuatro patas y en círculo mirando hacia la barra central. Aquello era mucho mejor que el tiovivo, dónde iba a parar. Cómo gemían esas putitas cuando uno a uno sus machos se colocaron detrás de ellos y empezaron a nutrir sus agujeros con una mansalva de pollazos bien metidos.

Fue un espectáculo visual de dimensiones épicas. Todo se estaba volviendo tan demencial que me superaba. Todos esos empotradores arreando duro, mirándose los unos a los otros, disfrutando de las vistas ante ellos, compitiendo por ver quién la metía mejor y quién hacía gemir a su putita más alto. Y los que estaban a cuatro patas cerquita unos de otros, no dejaban de mirarse entre sí, con sus cuerpazos meciéndose de adelante hacia atrás a un ritmo incesante.

Lo mejor que pude hacer en ese momento fue agacharme. Me gustaba ver una follada desde todas sus perspectivas, pero la que más me gustaba era por atrás. Lo que me molaba ver a un tio con las piernas entre abiertas, sus pelotas colgando y ciñiéndose a una raja, no era ni medio normal. En definitiva, me gustaba el placa, placa, el soniquete de ese chapoteo de los huevos y las caderas golpeando un buen culazo y el otro tio también con los cojones y la polla colgando, meciéndose entre sus piernas al son de la follada.

A Viktor y a Alex no les faltaban culos. Era tumbarse en el colchón central, uno con ese cuerpazo tan varonil lleno de pelos por todas partes y su voluminosa polla y el otro con su robusto miembro desgarrador y enseguida tenían pinchado un buen culito. El pequeño Brako fue el que más pollas se comió y cómo las disfrutaba el muy perro, tragándoselas hasta los cojones. Que cuando saliera de allí no se dijera que no se había metido una buena comida entre pecho y espalda.

Y precisamente fue el pequeño Brako en abrir una nueva veda, la de las dobles pollas. Anda que el cabrón no fue listo. Se sentó en las piernas de Viktor clavándose su verga sin condón y tenía un culito tan endiabladamente rico que enseguida tuvo detrás a Alex cubriéndole también. Dos de los mejores rabos dentro de él, haciéndole la mar de feliz. Su cara lo decía todo.

Al ver a un rubito cachas con los ojos azules recibiendo rabo y cómo gemía, me pregunté si de entre esas más de dos docenas de hombres habría alguno que se estaría prestando por primera vez a abrirse de piernas para recibir en su interior a otro tio. Sin duda una orgía, donde el ambiente te embriagaba y te emborrachaba de sexo, se convertía en una ocasión muy especial y fácil para probarlo por primera vez.

Qué pedazo de culos tenían algunos. Era para agarrarlos a dos manos y meterles una buena follada. Grandes, redonditos, algunos suaves y otros algo peludetes, mucho menos que sus musculosos muslos. Descubrí que el tipo de la gorrita hacia atrás me tenía embelesado. Cerca de las cabinas se estaba comiendo una buena polla. Greg disfrutaba de su mano grande y fuerte agarrándosela, de su boca, de esos fuertes biceps cuando se la machacaba de lado.

Levanté la vista y vista y vi a mis dos chicos guapos haciendo el amor. Brock abrazaba a Aiden por detrás, acercaba la cara a la suya y le besaba mientras se la metía. Me acerqué para verlo de cerca. El musculoso cuerpazo tatuado de Brock era espectacular y eso de zumbar se le daba estupendamente. Me encantó ver sus huevos colgando y dando placer a mi chico, palmeándole el trasero con ellos.

Giré la cabeza y volví a mirar al de la gorrita. Joder, qué cabrón, ahora tenía no una, sino tres pollas delante para mamar. Se lo estaba ganando a pulso con esa forma de chupar las pollas tan hipnotizante. Las cosas cambiaban allí a cada segundo. Busqué a Aiden donde lo había dejado con Brock y ya no estaba, ahora estaba al otro lado del colchón, tumbado bocarriba, como otros tantos tios a su aldededor, abierto de piernas, recibiendo a un nuevo hombre en su interior.

Estaba sudando, tenía los ojos llenos de felicidad y vicio. Le estaba metiendo tal follada que se agarró fuerte a la barra y entonces me fijé en los pelazos negros de su sobaco bien sudaditos. Quise agacharme y esnifarle todo eso mientras le miraba a la cara, embriagarme las napias con su perfume de macho.

De dónde había salido Hurricane que no le había visto antes. De repente descubrí a un tiarrón bien plantado y hermoso, alto, fuerte, con unos pectorales de hierro y una cara de empotrador enamoradizo flipante. Vamos, que podía enamorarme como para que me invitara a cenar a un restauurante imaginándole vestido de traje como que me venía igual de bien para tenerlo desnudo y abrirme de piernas ante él y dejarle hacer lo que quisiera conmigo. Así de bueno estaba el cabrón.

Cayó la primera leche. Greg se estaba follando a Roland cuando este se tiró una paja encima, un lechazo blanco y largo que le llegó hasta el pecho. Aiden y Mars se convirtieron en los dos culos preferidos por los chicos para follar. Le dejaron en el centro y uno a uno fueron pasando por caja para meter las moedas por esas deliciosas ranuras.

El de la gorrita no paraba de chupar rabos. A esas alturas estuve seguro de que ya se la había comido a todos. Me acerqué ya por curiosidad, miré desde arriba y descubrí por qué todos acudían a él. Menuda boquita tenía y qué forma tan demencial de chupar pollas, como si se desviviera por pajearlas entre sus labios.

Por si había pocos, otra estrella entró en la sala. Andy Star era un bellezón. Atractivo, con esa cara guapísima y los simpáticos oyuelos que se le dibujaban en los mofletes, además de que había entrado con la gorrita con la visera hacia atrás como un malote, le hacían irresistible. Amir fue el encargado de recibirle metiéndole la polla a pelo por detrás, mientras le abrazaba y con los dedos pulgares le sobaba las tetillas de sus musculosos pectorales con piercieng.

Eddie, otro tiarrón con un cuerpazo cargado de vicio, se agarró la pija y se la empezó a cascar con una fuerza y una veloicidad desmedidas, tan rápido que sus cojones colgantes volavan hacia arriba y hacia abajo. El tremendo cuerpazo de ese cabrón tan musculoso y atlético, sus gemidos y esas bolas bailando bajo su puño, no pasaron desapercibidas para los más guarretes, que acuedieron a poner la cara cerca de su polla para llevarse le premio gordo. Andy Star, Mars y Diego fueron los afortunados que vieron sus mecos volar ante sus narices y entre los tres le dejaron bien limpia la polla.

Amir eligió el pectoral de Aiden para correrse encima. Le dejó un buen pegote en los pelos. Eso de sacarse la leche se estaba empezando a contagiar y cuando empezaba ya nadie podía frenarlo. Daba igual si estaban siendo follados o si la estaban metiendo, de repente un tio se ponía de rodillas junto a ellos y se corría encima. Era como la norma no escrita en una buena orgía y es que, cuando entrabas en ella, todo lo tuyo dejaba de ser tuyo e igual para los demás.

Mientras unos iban descargando leche, otros la aprovechaban, recogiéndola con las manos y acariciando el ojete de sus culos con los dedos llenos de semen para que las pijas entraran mejor. A Mars le flipaba eso de que los tios se le corrieran en la cara. Un pollón con un cipote bien gordo fue a su encuentro para descargar y le dejó los morros llenos de esperma espesito bauilando entre los pelos de su bigote y su barba antes de que él se metiera el rabo en la boca y degustara esos jugosos mecos que seguían saliendo de la raja.

Los que todavía no se habían corrido, formaron un círculo alrededor de la cama redonda, donde Viktor se estaba gozando un gran culazo con su enorme polla. Ese culo no paraba de saltar sobre su verga jodiéndosela de principio a fin. Los chicos se pajeaban alrededor de ellos contemplando la escena y mirándose entre ellos. Enseguida un par de valientes más arrimaron el hombro y pusieron su culo para que esos santos varones se los jodieran.

A Viktor apenas le dio tiempo de salir del ojete donde la estaba metiendo. La sacó a toda prisa y empezó a correrse lanzando trallazos de lefa a todo lo que tenía cerca. El suave y redondito culazo de Andy fue también elegido por un montón de chicos para correrse encima. Encima y dentro de él, porque alguno sacó la polla dejando un buen poso de leche en la entrada.

Aiden se estaba follando a un guaperas como él, ojazos, guapo y con barbita. Era una delicia verlos juntos, con esos cuerpazos musculados, varoniles de pelo en pecho, retozando de lo lindo entre hombres que les sacaban entre diez y veinte años. Precisamente ese otro guaperas era un aficionado a la leche. Cuando Hurrican le eligió para correrse encima de su cuerpo, él le calentó mirándole con vicio, sobándole las pelotas con cariño. Cuando vio que esa polla escupía leche sin parar con un buen lanzamiento, se agachó delante de ella para recibir una dósis en los morros, colgando de los pelos de su barbita.

Allí había mucho aficionado a la leche, pero uno no los descubría hasta que todo estaba acabando. El pequeño Brako era uno de ellos y menudo vicio tenía. Otro tio retuvo la leche en los huevos hasta que tuvo la polla sobre su lengua, entonces se lo entregó todo metiéndole la lefa por la boca, decorándole los morros. Brako miró hacia arriba, le guió un ojo agradeciendo su buen hacer y se relamió los labios.

Lo de ver la lefa depositada sobre los pelazos negros de cualquier parte del cuerpo de un tio era un fetiche, un morbo que parecía ser común a la mayoría de los chicos que allí había. Alex fue uno de los últimos en ver cómo Andy Onassis le elegía a él para correrse. Por pelos y zonas de su cuerpo donde los tenía, lo tenía fácil, porque era prácticamente todo. Le impregnó con su semen el bigote.

La mano de algún tio había rozado mi culo, mi rabo, pero pasé por esa orgía sin que nadie mancillara el ojete de mi raja, sin meter el rabo a ninguno. Aunque no lo hubiera hecho, lo había disfrutado tanto que pareciera como si realmente sí hubiera ocurrido. Me quedé a solas en la sala. En mi mente todavía resonaban los sonidos de los gemidos y las mamadas, del plas plas de los huevos y caderas golpeando traseros y barbillas, caras con los morros llenos de leche. La cama central estaba llena de sudor de macho y lefa por todas partes, había papeles alrededor con los que se habían limpiado las pollas. Ese lugar se había convertido en puro morbo, en destino obligado de peregrinación. Me hice mi paja y dejé sobre el suelo la marca indeleble de mi semen al igual que habían hecho esos más de veinte hombres antes de mí.

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