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Thiago Da Silva se zampa entera y goza sin condón de la enorme verga de Abel Sanztin | Fucker Mate

A taste of cock

Podía sentir hasta el calor que desprendían sus pelotas. Thiago Da Silva se encargaba de coger su rabo y el de su nuevo amigo Abel Sanztin para pajearlos bien juntitos. A la vez que lo hacía, Abel le comía la boca metiéndole la lengua hasta el fondo, dejándole los labios húmedos para que se agachara y se la comiera bien comida. Al hacerlo y tener enfrente esa larguísima y enorme verga, Thiago la agarró con fuerza con la mano, bufó y se mordió el labio a sabiendas de que estaba ante una tranca espectacular, abrió la boca y se tragó la pirula.

Cogió por las pelotas a Abel, se las masajeó mientras comía. Estaba riquísima. Al principio tenía miedo por lo larga que era y por lo bien que se le daba colarse un poquito por su garganta. Temía quedarse sin respiración, así que apretó fuerte los labios para impedir que penetrara más adentro, pero se lo pensó mejor, abrió la boca, desplegó los labios, inclinó la cabeza hacia adelante y se tragó enteros los veinticuatro centímetros de pollón hasta besar las bolas a ese cabrón.

A qué tio no le gusta que se coman todo su rabo, ver cómo tus huevos se pegan y cuelgan de la barbilla de otro hombre, sentir que entras por el lugar más apretado dle mundo. Abel no era distinto en ese sentido y le encantaba. Apoyó una mano en la cabeza de Thiago pidiéndole que lo volviera a hacer. Y lo hizo. Si ya Abel la tenía dura, ahora se le puso más todavía, venosa, inflada, dispuesta a reventar el culito de ese chaval.

Se puso cachondísimo. Lo que empezó siendo una petición de un bis, se convirtió en lo habitual. Una manita a la cabeza, otra a la mandíbula y así cogidito le agarró y le folló la boquita obligándole a tragar su polla entera todas las veces. A veces tenía que retirar la mirada de su atractiva cara, porque encima de lo guapo que era y de lo bien que se la comía, el soniquete del rabo penetrando por su garganta, le estaba dejando ciego de gusto.

Le palmeó la lengüita con la polla. Thiago miró hacia arriba. Abel se la pajeó un poquito y se imaginó cómo sería sacarse la leche en ese momento y enfilarle un buen lefazo en esa carita guapa. Se quedaría más a gusto que un arbusto. Pero como necesitaba follárselo y no parecer un pajillero primerizo que se corre a las primeras de cambio, no lo hizo.

No tenía ninguna duda de que a ese mamonazo le estaba encantando devorarle toda la polla, pero por si todavía se lo preguntaba, sólo tenía que mirar hacia abajo para ver que le había provocado una erección. La tenía bien grande y muy tiesa. Thiago le subió el pene hacia arriba y empezó a camelarle las bolas, sacando la lengua, chupándoselas, metiéndoselas dentro de la boca y succionándolas, recogiéndolas entre sus labios una a una.

A Abel le gustó tanto como lo hacía que se pajeó y empezó a sentir cómo se le iban las fuerzas y se descontrolaba. Podía sentir su lengua, su respiración avivando las llamas de sus cojones. Miró hacia abajo, el muy perro estaba rebozándole los morros por toda la huevera, disfrutándolo. Se tumbó en la cama y le puso a comer. Parecía que de lado le costaba más tragársela entera, sería por la forma de su larga polla.

Al cogerle la cabecita y empujar hacia abajo para, como antes, obligarle a tragarla entera, un buen salivaco salió de la boca de Thiago y Abel puso sentir cómo le resbalaba por el dorso de la pirula y le chorreaba por las pelotas. Los dos se acoplaron en un sesenta y nueve de tal forma que Thiago pudo seguir comiendo rabo y Abel descubrió el encanto secreto de ese chico. Tener su culazo delante de la cara y poder ver sus pelotas grandes apoyadas entre sus pectorales le hizo sentir poderoso.

Tenía un culazo grande, redondito, con un agujero tan hermoso que Abel se derritió de gusto y tuvo que recomponerse y calmarse la primera vez que metió la lengua y lo rozó con la yema del dedo. Era demasiado bonito y deseable. Ahora los dos estaban preparados. Puso a cuatro patas a Thiago sobre la cama, con el culo en el borde. Abel se fijó en su polla completamente húmeda y Thiago también tenía los alrededores de la raja del pandero con todas sus babas encima.

Le escupió encima de la raja. Paseó la punta de su kilométrico y descomunal pene por el ojete de Thiago y este se puso cachondo revolviéndose sobre las sábanas, gateando con las rodillas hacia atrás, deseando que se la metiera ya. La verga entró tan limpiamente por su agujero como lo había hecho antes por su boca. Toda entera, de una tacada, pudo empezar a follárselo desde el primer segundo cacheándole las nalgas con sus pelotas colgantes que ya estaban a rebosar de leche.

Que entrara limpiamente no quería decir que no entrara bien apretada. Le quedaba super justa. Thiago no paraba de gemir, del puto gusto de recibir veinticuatro centímetros de rabo de otro hombre en su interior. Abel metía su lanza por el agujero con un arte que dejaba flipando a cualquier tio. Conseguía sacar de sus bocas improperios y hacerlos disfrutar cada segundo. No era sólo que la tuviera tan larga, que eso hacía un tanto, sino su forma de moverse.

Aunque notaba como a cada segundo perdía las fuerzas en las piernas y ese empotrador conseguía vencerle, Thiago se plantó con rodillas y puños en el colchón aguantando cada embestida. No le estaba arreando fuerte, sentía que le estaba más haciendo el amor que follándoselo sin más, pero creía que ese tio no era consciente del tamaño de su gigantesco pollón y de lo que significaba tener un cuarto de metro de rabo dentro del culo.

Pronto no pudo reprimir sus instintos y Thiago pronunció por la boca y exhaló todo el placer que sentía sin dejarse nada dentro. Cayó de bruces, mordiendo la colcha, aferrándose a ella, al cojín que tená enfrete, mientras su culo todavía seguía en pompa y bien follado. Se dio la vuelta y le recibió a lo grande, con las piernas abiertas. Abel se apoyó con las manos en sus muslos, bajo las rodillas flexionadas, se inclinó hacia adelante y le metió follada.

Demostró con ese ojate lo buen culeador que era. Thiago abrió los ojos, miró hacia abajo y se fijó en el tamaño y la grandeza de ese pollón, en su base bien peluda, hipnotizado por los movimientos de ese mete y saca incesante. Abel se inclinó un poquito más para escuchar más de cerca los gemidos de Thiago, que no paraba de expresar sus sentimientos. Luego se tumbó, enderezó su cacho polla poniéndola en vertical y retó a Thiago a sentarse sobre sus piernas y clavársela toda entera sin condón.

A Thiago le molaban los retos y no le gustaba perder, así que poco a poco se fue sentando, digiriendo por el culo esa enorme tranca, haciéndole una suculenta paja entre sus nalgas, hasta que Abel le plantó las manos en el trasero, dobló las rodillas y cogió fuerza para culearle desde abajo. Thiago se doblegó, acabó rendido sobre el cuerpo de su macho, sus caras pegadas la una a la otra y por segunda vez se besaron.

Thiago le echó un par de huevos, a pesar de que con esa postura le costaba infinito tragársela hasta los huevos con el agujero de su culo. Saltó sobre esa verga, puso cara de rabia y lo dio todo sin dejar de mirar a Abel. Cuánto rato llevaban ya follando y todavía no se había acostumbrado al tamaño de esa descomunal pollaza. Una, dos, tres veces, Thiago tuvo que levantarse, sonriendo con una mueca de gusto en la cara, dejando claro a Abel el pedazo rabo que se gastaba, pero aún con el ojete del culo dolorido, le gustaba tanto tenerla dentro que volvía a sentarse encima.

En una de esas veces, notando dentro toda esa enorme pirula, Thiago se corrió y lo hizo encima del torso de Abel. Con el rabo corrido y descargado, Thiago le metió un repasito deslizando el pene por encima de su propia leche, esparciéndolo por la barriga. A Abel no se le fue en ningún momento la idea de lefar esa carita. Y lo hizo. De pie, con la cabeza de Thiago al borde de la cama, justo enfrente de sus muslos, Abel dobló las rodillas, apuntó hacia la cara de ese guaperas y disparó fino.

El primer chorrazo salió cargado y potente hacia sus pectorales, dejándole el cuello y los morros con una hilera blanca. El resto fueron goterones calientes de leche fluyendo de la punta de su polla, cayendo sobre la barbilla de Thiago, metiéndose dentro de su boca. Abel le paseó la minga por la lengua y la introdujo en su boca toda cargada de leche. El gusto de ver a ese chulazo de cuerpo atlético y tan atractivo con todo su esperma encima, no se lo quitaba nadie.

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@ fotos por Oscar Mishima

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