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El paciente Gabriel Clark se folla a pelo el apretado culito del segurata Theo Brady en la habitación del hospital | MEN

Hospital Flasher

El guarda de seguridad Theo Brady jamás había visto a un tio tan salido ni en el hospital donde trabajaba y no creía recordar que en ninguna otra parte. Día sí, día también, acababa persiguiéndole por los pasillos cada mañana cuando a Gabriel Clark le daba por levantarse la bata y enseñar su polla tiesa a todos los pacientes, médicos, enfermeros y enfermeras, meneándola de lado a lado.

Le gustaba alardear de lo grande y dura que la tenía. Y lo cierto es que la tenía en plena forma. Ese día Theo andaba también con ganas de que le dieran cariño. Había pasado una semana muy jodida. Persiguió a Clark hasta la habitación de un paciente. Clark se puso a saltar sobre la cama. Al bajar de ella, se quitó la bata y se quedó al desnudo, a solas con el poli en la habitación. Theo pidió refuerzos, pero se alegró de que no los hubiera, porque de otra forma no habría podido ocurrir lo que tenía ganas de que sucediera tarde o temprano con esa máquina sexual descontrolada.

Mientras Clark se comportaba como un loco enseñándolo todo, Theo se fijó en su atractiva cara, en sus expresiones de vicio, en su cuerpazo atlético. Clark incluso le llegó a enseñar por primera vez el culo, inclinándose sobre la cama del paciente que dormitaba sedado hasta las cejas y meneándolo. No era sólo su culazo, eran también las pelotas y el rabo que pudo ver entre sus piernas colgando.

Salió de su burbuja cuando Clark de repente se dirigió hacia él, le levantó hacia arriba estampándole contra la pared con una fuerza sobrehumana y con una voz profunda y apretando los dientes, como el loco que era, le preguntó si quería comerle la polla. ¿Acaso Theo tenía otra opción? De cualquier forma le iba a contestar con un sí, pero sentir que le obligaban a hacerlo subía el termómetro del morbo que en ese momento llevaba instalado en su cabecita.

Habían probado de todo con ese individuo. Darle con la porra, sedarle durante las horas matutinas en las que se levantaba empalmado. Quizá la solución era darle aquello que necesitaba, una boca que le mamara la polla cada día, un agujero donde meterla para así poder calmar su desmedido apetito sexual. Theo acabó de rodillas, con las manos de ese demente detrás de su cabeza obligándole a jalarla hasta el fondo.

Todo parecía indicar que sí, que a medida que le proporcionaba cuidados a su deslumbrante cipote, que se dejaba penetrar la garganta con esa tranca dura, el tio se iba calmando poco a poco. Al menos ya demostraba un comportamiento usual, es decir, el mismo que habría tenido cualquier hombre cuando le ponían a un tio servicial enfrente del que podía disponer a placer.

Los comportamientos de enajenación mental no se habían diluído del todo. Hizo a Theo inclinar la espalda y le rasgó los pantalones con la misma fuerza de antes, dejó a la vista la raja de su culo y se agachó para comérsela. Theo no podía verlo, pero sí escuchar y sentir sus lametones cargados de muchísimas ganas. Todo hay que decirlo, el tio tenía una lengua juguetona y exquisita, tan hábil que muchos habrían cedido a sus deseos sin pensarlo ni un solo segundo.

La rotura de la parte trasera de los pantalones se iba haciendo más grande a medida que le comía la raja, lo que dejó al descubierto los cojones de Theo, como dos melocotones. La polla también se le salió por fuera y por supuesto Clark se dio cuenta. Se la cogió como un joystick y se la masturbó antes de metérsela dentro de la boca y chupársela. A Theo se le pusieron los ojos en blanco. Ese hombre también sabía comerla de puta madre. ¿Había algo que no hiciera bien? Ahora que se había metido casi en su mente, comprendía por qué necesitaba tanto sexo. Lo hacía tan bien que, encerrado en ese hospital, nadie le estaba dando lo que necesitaba cada día de su vida.

Sintió la respiración agitada que soltaba por sus narices chocando contra sus pelotas mientras el cabrón digería toda su polla. A Theo se le salió algo de precum por el cipote de tanto gusto. Clark también lo percibió. Le pegó un lametón en el capullo y se lo besó, apreciando el saborcito de esa ansiada primera leche. Las sillas de los hospitales no eran nada cómodas y que el enfermero te metiera una inyección tampoco era cómodo, pero seguro que a Theo le iba a gustar esta vez, cuando cogiera asiento sobre las piernas de Clark clavándose a pelo su rabo por el culo.

Los ojos en blanco, su polla reaccionó enseguida poniéndose dura hasta casi reventar. La dejó suelta mientras saltaba sobre la verga de ese loco follador. Empujó bien con el culo. La tenía muy grande y su culo era demasiado estrecho como para calzársela entera de una vez. Puso los piececitos sobre sus muslos y se la clavó lo más adentro que pudo.

¿Quién era el loco ahora? Theo se descubrió a sí mismo seduciendo a ese hombre, arreándole una pedazo paja con el culo mientras Clark permanecía calmado y quieto, gozando del momento. Giró la cabeza hacia atrás, le miró a los ojos y por respuesta obtuvo una sonrisa. ¿Acaso había estado jugando también con sus mentes? Era todo una locura, pero Theo se quitó esos pensamientos de la cabeza y se dedicó a disfrutar dle momento, del ahora.

Le besó, tenía muchas ganas de hacerlo. Le parecía, siempre le había parecido tan guapo y atractivo que se comportó como un quinceañero enamorado. Sus ojazos, su amplia sonrisa, el pelito rapado con esa raya a navaja en un lado de la cabeza. Su pechote peludo y varonil, esas manos fuertes que le estaban cogiendo ahora de las naglas impulsándolo hacia arriba y hacia abajo para que se metiera dentro del culo un buen trozo de su enorme y durísima polla.

Se inclinó sobre la camilla del paciente y le ofreció su pandero para qe le diera por culo, para que desfogara, para que drenara toda esa energía y la canalizara con una buena acción. Empezó dándole duro, clavando su larga polla sin control, pero le sorprendió la calma y control que tuvo a los pocos segundos, haciéndole el amor. Sin duda la mente de ese tiarrón era una caja de sorpresas y a Theo le estaba encantando descubrir sus secretos más ocultos.

Dejaron de hacerlo a las espaldas. Por primera vez Theo se decidió a meterse definitivamente en la mente de ese cabronazo. Para ello se sentó nuevamente sobre sus piernas ensartándose en su estupenda barra de carne, pero esta vez no le dio la espalda. Le encantó ver su sonrisa cuando le rozó la panza con la polla dura y los huevos. Se iban a divertir de lo lindo así.

Le metió un buen pajote con el culo apretado, no paró de fustigarle el torso dándole una paliza con su enorme polla dura y sus pelotas colgando. Y a pesar de todo, cuando Theo miró a los ojos de Clark, apreció que ni siquiera llevando el control de la follada, tenía control alguno, porque Clark le sonreía y entonces se daba cuenta de que ese cabrón tenía el mando.

Ser dominado por otro hombre hacía que Theo superara cualquier barrera. Se metió su polla desnuda hasta el fondo del culo. Toda dentro. Frenó la paja y se quedó degustando ese pollón dentro de su cuerpo, arqueando la espalda hacia atrás, exhalando un gemido de profundo deseo. Clark paseó sus manos calientes por el trasero, se palpó los cojones, la base de la polla. Se dio cuenta de que por fin ese chaval se la había tragado entera por el ojete y se alegró de ello.

Apoyó a Theo sobre los reposabrazos de la silla y se lo folló bocarriba. Vio cómo se hacía una paja y se soltaba toda la leche encima. Incapaz de controlar sus impulsos, le hizo saber lo bien que se había corrido. Un sendero de leche en el costado izquierdo del segurata, desde la polla hasta el pecho. Clark anunció que también se iba a correr.

Le sacó la polla del culo, se la pajeó y empezó a soltar unos profundos y sonoros gemidos que sin duda alertarían a toda la planta. Theo bajó la mirada y vio su polla durísima, más tiesa que nunca, con el capullo rojizo. Una masalva de lechazos empezó a salir por su rabo de forma descontrolada, sin guía, mojando todo su cuerpo, toda la habitación.

Le encantó que le tio expresara su júbilo con tanto detalle mientras no paraba de soltar lefa por la polla. También que se inclinara y le relamiera toda la leche que tenía encima. De nuevo esa cara de vicio y locura en su rostro. El paciente sedado despertó justo en el momento adecuado. Le habían diagnosticado que tenía una disfunción eréctil, pero al ver al otro paciente con la polla dura sobre el segurata desnudo con el torso lleno de esperma, se le arregló el problema en un santiamén. Theo pensó que esa mañana no estuvo ni tan mal, dos pacientes curados en un solo día.

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