Marcelo Caiazzo blande a pelo el apetitoso culazo de Ricky Hard con su enorme y morena pollaza brasileña | MEN
The Bachelor Weekend Part 1
La fiesta de solteros que había organizado Sir Peter en un lugar paradisíaco, estaba destinada a convertirse en una de las más épicas. Vacaciones pagadas, cero preocupaciones, con todo el tiempo del mundo por delante y ningún tipo de compromiso. Tios jóvenes y veteranos todos con la intención de pasar la mejor de sus estancias y, por qué no, si se terciaba, echar una canita al aire.
Cuando uno iba cumpliendo años como Marcelo Caiazzo luciendo canas y había tenido ya varios desencuentros amorosos, era normal que el corazón permaneciera cerrado a cal y canto. El corazón sí, que no la polla. A esa le daba buen uso todos los días. Si un chico guapo y atractivo como Ricky Hard, con una linda boquita, cuerpazo y buen culito, le tiraba la caña, él siempre iba a estar ahí para recogerla.
Joder, pensó, a mi edad y aquí estoy, al lado de la piscina, dándome el lote con un chaval que bien podría ser mi hijo, pero qué bueno que está. Si a Marcelo le iban los jovencitos y a Ricky los mayorcitos, ahí no había ningún problema. Se besaron, se miraron, Ricky le desabrochó la cama a Marcelo y Marcelo deseó que lo que el chaval viera detrás de ella le gustara. Un torso bronceado a tope, bien cachas y con unos pectorales prominentes.
Tras la camiseta, las manos de Ricky bajaron a los pantalones. Se agachó a la vez que iba tirando de ellos hacia abajo. Marcelo no llevaba calzones, saltaba a la vista, porque al bajárselos un poco por la cintura, Ricky pudo ver la profunda pelambrera que protegía sus partes nobles, siguió bajando y alucinó con el pedazo de pollón largo, enorme y descomunal que se quedó todo tieso y cilimbreando delante de sus narices.
Qué calor le había entrado de repente al ver esa cola. Se quitó la camiseta, le cogió la polla y condujo el cipote hacia su lengua para saborearlo. Le besó por debajo del frenillo mirando a Marcelo a los ojos y, atrapando sus pelotas con una mano, empezó a mamársela con ganas. La polla siguió creciendo a lo largo y también a lo ancho, gigantesca, apetitosa, haciendo que Ricky la deseara cada vez más.
Paró un momento para observarla desde la distancia y se dio cuenta del tremendo tamaño de lo que tenía delante. La esnifó paseándola por las napias, hizo rozar el capullo contra su bigote y le pegó unas caladas más antes de levantarse y unirse a Marcelo en la fiesta del despelote. Esta vez fue Marcelo quien desnudó al chico, paseando las manos por su cuerpo musculoso y atlético, descubriendo lo larga y gordita que la tenía ahí colgando, naciendo de unos buenos pelazos negros que le quedaban la mar de guapos.
Se la hubiera chupado a fondo de no ser porque al darle la vuelta se encaprichó de su precioso culito redondo y super follable. Al verlo ahí en la tumbona, a cuatro, con las piernas separadas, la raja abierta de par en par, los huevos y el rabo colgando entre ellas, no pudo resistirse a dejarse caer en la tentación, se agachó y le devoró el culete raspándolo con su barba cana.
Paseó su cola larga y grande por las nalgas, apreciando la diferencia entre la tonalidad bronceada del rabo y ese culito blanco respingón. Le azotó con la verga y se la metió sin condón hasta el fondo, hasta que sus caderas rozaron el culete. Se quedó parado un momento dentro de él, intentando acostumbrarse un poco al apretón de ese ano, sucumbiendo al placer de esas dos bombonas entre las que se había metido, sin saber muy bien ahora cómo iba a retroceder sin que sus huevos clamaran venganza.
Respiró hondo, se armó de valor y se lo fue follando poquito a poco, dándole por culo y a pelo, dejándole la marca de las manos en el lateral de las nalgas de lo mucho que le deseaba. Le abrió de piernas en la tumbona y se lo ventiló allí mismo, hundiendo su tremenda verga en interior de ese ojete, sacándola, dejando a Ricky con una mueca de felicidad dibujada en el rostro y los ojos en blanco.
Consciente del poder de su culo, Ricky hizo valer su mejor baza para llevar a Marcelo al límite. Aprovechó que Marcelo se acababa de tumbar en la hamaca para darle la espalda y sentarse encima de él, haciendo una sentadilla con el culo y tragándose toda su polla. Él a su vez se dejó la suya suelta al viento mientras saltaba y le pajeaba la polla con todo el trasero. Toma ahí, el pollón de Ricky todo morcillón danzando arriba y abajo, de lado a lado, sin control, bien jugoso y gordito, chocando contra sus bolas y vuelta a empezar.
Volvió a abrirse de piernas para Marcelo y se dejó follar. Se agarró bien la polla con la capucha puesta, se la meneó a toda hostia y se sacó la leche. Marcelo, excitado al ver los ojazos de Ricky, su musculoso cuerpazo rendido ante él, aguantó apenas unas embestidas más dentro de él sacando el rabo justo a tiempo para glasearle todos los bajos. El culo, la base de las pelotas, todo vestido de blanco. Y para celebrarlo, se tomó el lujo de volver a hundir la polla corrida dentro del agujero. Al verle ahí con las piernas abiertas, con toda su leche encima, se lo volvió a follar, sacó el rabo y lo seguía teniendo tan jodidamente duro que salió todo tieso y disparado salpicando leche. Puede que aquello no fuera amor, pero sí el principio de una bonita amistad, una con derecho a roce.
VER THE BACHELOR WEEKEND EN MEN.COM
VER THE BACHELOR WEEKEND EN MEN.COM







