Imagínate que pudieras viajar al futuro y que lo primero que pudieras hacer fuera follar con un tio de los años tres mil. Más altos, más fuertes, con la polla más grande. Pues eso no es lo que le ocurrió a Alex Ink cuando se puso un misterioso casco que le llegó en el reparto de la mañana. Su cuerpo se desintegró en infinitas partículas y se trasladó directamente a un año de la decada de 1820, interrumpiendo el almuerzo de Paddy O’Brian y de su adinerada señora esposa.
Y claro, que apareciera de la nada un chico tan alto, guapo, con esos ojazos, otras ropas desconocidas para ellos, piercings y el cuerpo tatuado, les causó curiosidad, sobre todo al señor de las tierras, que se quedó hasta la caída del sol charlando con ese chico acerca del futuro hasta que llegaron a un tema bastante más delicado e íntimo. ¿En el futuro los hombres la chupan y la meten igual?
Alex enseguida le tocó el paquete y a Paddy enseguida se le puso dura. Empezaba a comprender que en el futuro las cosas seguirían igual, si acaso que los chicos eran más decididos y que ya no tendrían que esconderse a salvo de miradas pecaminosas. Paddy había soñado con todo tipo de fantasías bien lujuriosas, algunas inauditas y escandalosas, pero jamás con una como esa, la idea de poder follar con un hombre del futuro. Alex estaba en las mismas. Estaba a punto de descubrir cómo se la gastaban los tios en el pasado.
Lo que descubrió le dejó con una sonrisa de oreja a oreja y bien contento. Si todos los tios la tenían como Paddy, el futuro estaba resuelto. Menudo pollón, largo, bien grueso, venoso y con un cipote despampanante. Se la pajeó antes de llevársela a la boca. Es capullo entró por sus labios como la bola de un helado, llenándole la boca entera por dentro. Aún así, tuvo las agallas de tragar más trozo de rabo.
Alzó la mirada preguntando a Paddy si le gustaba. No pronunció palabra alguna, con un gesto de su cara y sus acciones, conservando la polla aún más dura y quitándose las vestiduras, lo dijo todo. Extrañado por esos pantalones de color azul rasgado, Paddy se quedó mirando lo bien que se ajustaban al culito. Pidió a Alex que se los bajara y cuando tuvo ese culazo delante de él, deseó follárselo.
Como no arrancaba a meterla, Alex alargó un brazo hacia atrás, le asió el pene con la mano y lo introdujo en su raja hasta tener a ese tio dentro de él. Ni hablar de condones. No sabía mucho de esa parte de la historia, pero algo le hacía presuponer que todavía no se habían inventado los chubasqueros. Qué gorda y qué rica. Paddy empezó a darle por culo a pelo, a gozárselo.
El tio estaría en el paraíso, pues seguramente en la intimidad de la alcoba, su señora todavía no habría aprendido a darle el ano como premio. Alex estaba encantado con poder dar su primert culito a un tio así de buenorro y chulazo, se lo merecía. Pararon unos segundos, apenas para que Alex pudiera volver a comerse su rabo y dejarlo lleno de saliva para que la fiesta continuara al aire libre, junto a la fuente.
Cada vez más adentro, cada vez más rápido. Paddy tomó asiento en el borde de la fuente, Alex se sentó sobre sus piernas y lo cabalgó. Otra mamadita y vuelta a follar. Alex también se lo estaba pasando de puta madre y lo demostró pajeándole la polla dura con todo su culo, a toda hostia, dejando su prpio rabo colgando entre sus piernas, danzando arriba y abajo, de un lado a otro. Paddy, curioso, abrazó al chico, lo dejó caer sobre su cuerpo y admiró la cola larga de Alex dando bandazos, una alegría para el cuerpo y para la vista.
La señora esposa les pilló cuando Alex estaba de rodillas en plena mamada. Más que estar enfadada con Paddy por follar con tios en lugar de con ella, pues era bien consciente de que a su marido le tiraban más los rabos, estaba furiosa porque lo hiciera fuera de la mansión, donde cualquier vecino podría verlos. No soportaba las habladurías ni los rumores en las fiestas.
Respetando un poco su matrimonio, Paddy se llevó al chaval del futuro detrás de la casa, donde no estaba el personal de jardinería ni de cocina pues era domingo, día de descanso,, le hizo subirse al borde del pozo, le abrió de piernas y le metió de nuevo todo el rabaco. Paddy estaba tan cómodo dentro de ese culito precioso, que no quería que aquello acabara nunca.
Pero llegó un momento que no pudo aguantar la leche en las pelotas, la sacó, se la meneó rápidamente gimiendo como un energúmeno y la leche salió volando entre las nalgas del chaval y su torso, llenádolo todo a su paso de lefa. Paddy, acostumbrado a correrse y marcharse, se sorprendió al ver la cerdada que cometió Alex, sacando la lengua, relamiéndole toda la corrida, chupándole la polla hasta sacarle la última gota, degustando y tragándose su semen.
Le alegró saber que en el futuro todo sería mucho más cerdo y morboso. Quién sabe, quizá ese encuentro entre ellos dos propició esa nueva forma de jugar tras la corrida en un futuro no muy lejano. Tras relajarse y mantener una última conversación entre hombres, Alex se puso el casco y regresó a otros años veinte ha del futuro con muy buen sabor de boca.









