El granjero semental Malik Delgaty empotra a pelo al rubito Jake Lux contra el tractor y sobre las balas de heno del granero | MEN
Harvesting Ass
A Malik Delgaty nunca le habían gustado los niños ricos de papá como Jake Lux, que se pavoneaban por ahí vestidos de traje y corbata, con un maletín en la mano del que nunca salía nada bueno, siempre papeles y más papeles, contratos y deudas que al final dejaban a los pobres granjeros y currantes como el último eslabón de una cadena donde siempre salían ganando los mismos, los cuatro corbatas que se podían permitir chalets de lujo y putitas.
En el fondo a Jake tampoco le gustaba el trabajo que hacía y si había accedido a ello era simplemente porque le gustaba regalarse la vista con los cuerpazos de esos tiarrones de campo. Le parecían todos tan cachas, tan empotradores, tan cabrones, tan buenorros, que a pesar de verles vestidos, su mente les desnudaba en un plis plas sin tener que darle mucho a la imaginación, puesto que esas camisas ceñidas y esos vaqueros le permitían imaginarse los culazos, las pollas y los musculazos que tendrían, lo que hacía que el ojete del culo se le abriera y la cola se le pusiera bien durita.
La rabia con la que Malik cogió el contrato y lo rompió delante de sus narices, ver a un tio tan cachas y atractivo sacando genio, la forma en la que le cogió de la pechera del traje y lo estampó contra el tractor en el que tan duro estaba trabajando, le puso bien cachondo. Lejos de recriminarle nada, pues le comprendía perfectamente, decidió regalar a ese tio lo que muchos andaban buscando por esas tierras menguadas de hembras, un agujero donde meterla… o dos.
Le bastó menear el culete restregándolo por su cebolleta para que al tio se le pusiera bien dura. Sí, Jake se mordió el labio inferior y disfrutó de ese momento en que sintió un buen bulto crecer detrás de él mientras su pandero no dejaba de restregarse por encima del voluminoso paquete, cada vez más grande y marcado. Malik le desgarró la camisa. Menuda fiera. A continuación le cogió por el cuello, le hizo agacharse y se bajó delante de él los vaqueros.
No llevaba calzones. Lo que Jake vio salir de ahí le dejó ojiplático y con la boca abierta como no recordaba en su vida. Ni en su mejor regalo de Navidad. La polla más bonita, larga, grande, gruesa y cilíndrica que había visto nunca. Su intención era chuparla con cariño, disfrutando de cada centímetro, pero entonces Malik le plantó una mano grande en el cogote, atrajo la cabeza hacia su entrepierna con fuera cogiéndola como si fuera un balón de baloncesto y le hizo tragar a fondo. Tan a fondo que en la primera mamada Jake le besó toda la base y posteriormente recordaría cómo las dos bolas se le posaban en sendos carrillos.
Con movimientos nada cuidadosos y bastante amplios, Malik empezó a follarle la boquita, sacando y metiendo la polla entera, destrozándole la garganta sin que le importara un rábano. Jake se sentía tan utilizado que cada vez estaba más caliente. Eso era lo que andaba buscando desde el principio cuando aceptó la oferta, ser la putita de los tios de ese condado. No pretendía que le quisieran ni que otro hombre le amara, solo quería que usaran su cuerpo para satisfacerse tras unas duras jornadas de trabajo.
No contaba con quie los más jóvenes tendrían tanta energía. Malik le estaba sorprendiendo por su entrega. Seguramente todavía no sabía tratar a una dama en la cama como para guardar los arrestos ante otro tio. Miró hacia arriba y se entregó por completo a la mamada. Le gustaba todo de Malik, su cara, sus gestos, sus brazos fuertes, lo ceñida que le quedaba la camiseta a la musculatura, cuado se la levantaba y dejaba a la vista un torso para rendirse a sus pies, cachas, marcando pectorales y abdominales, buen rabo y unas impresionantes pelotas cargaditas de leche que no paraban de estamparse contra su barbilla.
Ni siquiera cuando llegó el capataz para llevarle una herramienta, fue capaz de dejar de chupársela. Malik tuvo que esconderle detrás del tractor. Una vez se hubo largado el capataz, Malik cogió con rabia a Jake, le puso mirando hacia una pila de hemo y esta vez le desgarró los pantalones por el culo. Un culo blanquito, suave, tierno, con buenas redondeces, justo lo que necesitaba para aliviar el ardor de su enorme polla.
Se puso detrás de él y se la metió sin condón. Al principio entró bastante apretada, de hecho Jake la rechazó por grande, pero Malik no retrocedió ni un solo centímetro, obligando a Jake a tragar por el culo igual de bien que lo había hecho por la boca. No le quedó otra. Su ojete terminó por relajarse, expandirse y dejarlo entrar. Jake miró hacia atrás, no podía creer que el tio más guapo, atractivo y cachas del lugar se lo estuviera follando a pelo en el granero, su sueño más húmedo hecho realidad.
Lo bien que se le daba cubrir para su edad no era ni medio normal. Sus piernas fuertes, sus muslacos arropando el trasero, su culazo potente de futbolista, todo al servicio del follaje. Entre sus muslos las pelotas colgando y la pija bien larga y dura arrastrándose por el interior del agujero del niñato cabroncete del maletín. Le hubiera gustado estar detrás para ver la imagen de ese culo empotrando y dándolo todo, pero por contra lo estaba disfrutando por delante.
Abierto de piernas sobre la bala de heno, contra la puerta del tractor, el plas plas de las caderas de Malik chocando contra sus nalgas, su polla cada vez más sudada y caliente, tanto como sus manos, con las que no paraba de agarrar a Jake por las muñecas sometiéndolo a sus deseos.
Le cabalgó estando Malik sentado sobre el neumático delantero y en esa postura fue en la que Jake dijo no aguanto más. Se hizo una paja montándolo de lado, dejando que Malik viera cómo se dejaba la leche en uno de sus muslos. Cuando Malik se levantó, Jake tuvo claro qué hacer. Sabía dónde les gustaba correrse a esos muchachotes dejando su marca.
Se puso de rodillas y en un par de zancadas Malik llegó hasta él rabo en mano, completamente desnudo y con la polla erecta a punto de reventar. Dos gemidos, ojos en blanco, del cipotón de su gran rabo empezó a manar leche, se le doblaron las rodillas del puto gusto y la depositó justo en la boquita del niñato mamón, que la dejó abierta para que la lefa escapara de ella y saliera rebosando por el labio inferior, colgando por su barbilla.
Le chupó el esperma del cipote relamiéndose los labios, saboreándolo. Cerró la boca y al ver a ese pedazo de tiarrón ni se lo pensó dos veces. Tragó comiéndose su semen, porque un tio así se merecía que le comieran todo, por lo bueno que estaba. Malik todavía tenía reservada una última sorpresita para el chaval, porque si se creía que estaba negociando con el jefe, ya era hora de que se enterara de que Malik era un simple empleado. A Jake todavía le quedaba mucho por aprender en el negocio, y muchos rabos por probar.







