Robert Berlin seduce con su cuerpo masculino de pelo en pecho en calcetines y ropa interior | The Male Muse

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Fue un gesto. Su mano varonil y venosa soltando el vaso en la barra del bar, su brazo peludo y fuerte y luego esa mirada que me echó, para él sin importancia al principio, como si le extrañara que un chaval de instituto estuviera en un lugar propio de hombres más adultos. Si yo le hubiera retirado la mirada a tiempo, todo habría seguido su curso normal, yo estaría ya en casa después de haberme saltado las clases, pero no, se la sostuve y entonces, cuando Robert Berlin estuvo a punto de retirarla, se dio cuenta de que le estaba mirando más de la cuenta, con otros ojos y nos encontramos durante unos segundos que parecieron eternos.

Se levantó del asiento con un gesto sin importancia, como si se fuera a ir ya del bar, miró a su alrededor y al ver que ninguno de los que allí había se staba fijando en ellos, se acercó a mí, me plantó una mano en el trasero y me susurró al oído. «Sígueme hasta el coche«. Mi cuerpo de extremeció de placer al sentir su aliento en la oreja, al escuchar esas palabras que sonaban a lo que eran, una cita para que ese hombre me cubriera por detrás en la cama de su habitación.

Tragué salida profundamente cuando entré en su piso, cuando me metió en su habitación y cerró la puerta detrás de él, cuando se desnudó frente a mí y se quedó sentado en la esquina de la cama, apenas con unos gayumbos blancos bien apretados que dibujaban la forma de su prominente paquete y unos calcetos largos casi hasta la rodilla, blancos y con las tres bandas de colores azul y rojo en la parte de arriba, super sexy.

Se dio la vuelta hasta ponerse de rodillas en el colchón y abrió ligeramente las piernas. Llevaba unos jock abiertos por detrás, por lo que se le veía todo el culo. Me fijé en su torso con el pechote bien peludo, en sus piernas de lobo, en su culo grandioso. Rob miró hacia atrás, se dio una palmada en la nalga y me invitó a la cama. Volví a tragar saliva. Dejé la mochila en el suelo, junto a la silla en la que estaba sentado. Me levanté, me bajé los pantalones junto con los gayumbos. La tenía bien tiesa y follarme el culo de macho de un tio que me sacaba el doble de años no entraba en mis planes ese día, pero mi rabo tenía ganas de hacerlo y no paré de metérsela hasta que la muy puta se quedó a gusto.


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