El guapísimo Konstantin retoza desnudo en la cama hasta que se le pone bien dura | The Male Muse

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La luz de la mañana que se cuela por la ventana, dibuja el contorno de su cuerpo completamente desnudo sobre la cama. Konstantin está tumbado sobre ella, apoyado sobre los codos, mirándome, preguntándome si me gusta lo que veo aun sin decírmelo con palabras. Me encanta la mirada de sus ojos, penetrante y enamoradiza, la culpable de que yo esté ahí ahora de pie, a punto de aventurarme en una cama que no es la mía, tocando un cuerpo que no es el mío.

Sus cejas, su pelo, la angulosidad de su cara, su cuerpo delgado pero atlético, el pelo natural en la base de su polla, con el rabo encapuchado descansando sobre su pierna y los huevos apretados contra sus muslos. Lo que me apetece comérsela y sentir cómo va creciendo en mi boca mientras le miro a los ojos, no está escrito.

Me entra un calor en el cuerpo que me arde todo. Entro y voy desabrochándome los botones de la camisa. De repente me vuelvo torpe por los putos nervios de tener a ese tio siguiéndome con su mirada a cada paso que doy. Qué coño, no acierto a sacar los botones por la ranura, qué influjo tiene sobre mí para ponerme de esa manera. No logro comprenderlo si no es porque significa que me gusta mucho, demasiado. Sí, me comporto como una quinceañera en el concierto de su ídolo, solo que reprimiendo los gritos.

Ahora estamos en igualdad de condiciones, los dos desnudos. Me acerco a la cama subiéndome a ella de rodillas. Veo cómo me mira el rabo que ya tengo todo tieso y luego me mira a la cara. Nos encontramos y me entra un subidón al ver lo jodidamente guapo que es, con esos ojazos, esa cara, esos labios, esa barbita de varios días recorriendo su mandíbula. Me doy cuenta de que tiene una hendidura en la barbilla que le queda bien mona, fijándome en detalles en los que antes no había reparado cuando le conocí.

Gateo hasta meterme entre sus piernas. No me quita ojo de encima. Se endereza el rabo manoseándolo con la diestra y tengo a turo su cara, su cuerpo, su polla erecta. Se me escapa una sonrisa de vicio al pensar que en menos de un segundo mi lengua estará recorriendo la bolsa de sus pelotas, relamiendo su tronco y me estaré metiendo toda su polla en la boca, mamándola como se merece mientras le miro a los ojos.


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