Marcus McNeill se folla a pelo al guaperas Vito Vitali con su larga y gruesa pollaza | Raging Stallion
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Tanto manosear dildos largos y gruesos con esa textura realista, colocarlos sobre su base y ver ese balanceo embelesador que invita a chupar y luego ese jueguecito de a ver quién consigue tragar más, los labios de Marcus McNeill arropando el cipote de goma y luego ingiriendo como si apenas le costara, hasta casi dejarse los huevos en la barbilla, habían conseguido que a Vito Vitali se le pusiera tan dura que le tiraba hacia abajo del frotal de la tela de los calzones.
Los dos se estaban poniendo bien cachondos entre risas y retos hasta que Vito se quedó serio, lanzó una mirada al paquetón de Marcus, le echó mano y el roce hizo el cariño. Se dieron el lote comiéndose la boca. Marcus comprobó cuán cerdaco era Vito levantando el brazo. Una sonrisa de satisfación se dibujo en su cara cuando sintió el aliento, la lengua y la nariz de ese chulazo ensifando y lamiéndole todo el sobaco.
«¿Y si te dijera que mi tranca es igual de larga y gorda que esos dildos?«, le susurró al oído. A Vito, que le encantó seguir con los retos, se tumbó sobre la mesa de los juguetitos sexuales para comprobar si aquello era cierto. Estaba con la cabeza colgando por el borde de la mesa cuando Marcus, de pie cerca de su cara, tiró de los calzones hacia abajo y dejó salir esa bestia indomable.
No mentía, de hecho la tenía tan puto grande que a Vito se le escapó un «la hostia puta» y esas cosas sólo se dicen cuando te llevas una buena impresión de cojones. Le hizo un gag the fag introduciéndole el pene por la boca y atosigándole la garganta una y otra vez hasta dejarle sin aliento. La cosa empezó suave, si es que se puede llamar suave al hecho de que te metan un pollón por la boca y te la follen.
Para hacerlo más fácil, Marcus le fue regalando gapos desde arriba, se agachaba a veces para besarle relamiéndole bien los labios, entregándole su propia saliva. Cuanto más empapada estuviera, mejor entraría. Marcus estaba entregadísimo viendo el cuerpazo atlético y bronceado de Vito sobre la mesa, escuchando el soniquete que producía su pene al viajar con la cabeza más allá de la campanilla, observando cómo la barbita en la barbilla de Vito se acercaba cada vez más peligrosamente a los pelazos rubios y desordenados de la base de su santa polla.
Hubo un momento en que casi le sacó la leche. El muy cabrón se mantuvo un buen rato succionándole el rabo casi enterito, sacando la lengua para tragar más. Marcus pudo sentir la presión, increíble. Tuvo que echar el culete hacia atrás y retirarse para no correrse de gusto. Al sacarla, la nuez en la garganta de Vito bailó arriba y abajo mientras tomaba aliento.
Como en todo buen gag the fag, las babas empezaron a encharcar los morros y la nariz de Vito. Cuanto más llenas de babas estuvieran, quería decir que mejor había sido la penetración y mayor eras el hambre del que comía. Marcus se subió a la mesa y le dio culo, que de eso tenía también y bien grande, platándose en toda la jeta, con los huevos y el rabo acarciando sus pectorales mientras se inclinaba y daba buena cuenta del rabaco de Vito.
Porque sí, además de estar bueno y ser jodidamente atractivo y guapo, Vito calzaba de puta madre y ese pollón morenote, grueso y encapuchado no pasó desapercibido para un Marcus al que también le empezó a entrar hambre. Pero vayamos por partes. El culo de Marcus. Eso no era un culo como cualquier otro, eso era un señor culazo. Para que Vito estuviera jadeando como un perro con la lengua por fuera lamiendo raja y ojete con esas dos pedazo de nalgas algo peluditas en toda su cara, es que tenía que ser la hostia.
Digamos que un amante de los culos, con ese se podía pegar un buen festín. Era un culo de macho en toda regla, pero a la vez con nalgas redondeadas, musculoso y durito. Y si encima te estaban restregando unos cojones grandes y calientes y una buena polla por el entrepecho que podías observar hacia el fondo, mucho mejor. Marcus se bajó de la mesa, cogió a Vito por los muslos atrayéndole hacia él y le penetró sin condón.
Nada más meter el capullo, Vito gimió de dolor y gusto. Marcus paró y la sacó. No era su intención hacerle daño. Enseguida Vito le dijo tanto asintiendo con la cabeza como verbalmente que siguiera. Fue entonces cuando Marcus le clavó toda la polla entera, sin condón. La cara de Vito le dejó claro lo bien que lo estaba haciendo. Le abrió de piernas y siguió penetrándole.
Mientras lo hacía, la cola de Vito estaba ahí, mocillona, descansando encima de su muslo. Era preciosa, morenitam, encapuchada. Marcus le echó una mano. Le gustaban las colas así de guapas. Vito estaba super apretado y le estaba llevando al límite. Para echar leña al fuego, el mamón abrió la boca y sacó la lengua echando una mirada retante a Marcus. Quería gapo, que le escupieran como a una buena puta. Pues toma gapo.
Si bien no era necesaria una segunda polla en ese asunto que ahora se traían entre los dos, a Marcus le resultó excitante la idea de meterle un dildo por la boca y ver cómo se lo tragaba mientras se lo follaba. Luego se tumbó sobre la mesa enderezando su enorme y macizo pollón. Vio a Vito de pie sobre él haciendo una sentadilla. Marcus retiró la mano cuando Vito se hizo cargo del rabo. Se sentó encima de él ciñéndolo entre las paredes de su ano.
Al principio no saltó. Se quedó quieto con toda esa pirula dentro, acostumbrándose a su gran tamaño. Luego pequeños saltitos. Marcus no aguantó más. Con ese tio tan guapo encima de él, dentro de él, flexionó las rodillas, plantó los pies en la mesa y le enculó desde abajo, haciéndole tragar polla pero esta vez por el ojete. Marcus sintió quen se le inundaban las pelotas de leche cuando tuvo la cara de ese tio frente a la suya, sonriéndole. Jodidamente guapo, pero guapo a rabiar. Caritas así le brindaban tanto alimento como una buena follada.
Le dio por culo y se subió a la mesa para cubrirle por detrás follándoselo a pelo como un perro, bombeando bien con su poderoso culo. La tenía tan gruesa y flipante Marcus y entraba tan ajustada, que cada vez que la sacaba, le sacaba la piel del agujero, como cuando te quitas unos guantes de latex, estiras y se quedan bien ceñidos a tu mano.
Le dio bien duro por detrás hasta que escuchó a Vito desgañitarse con un gemido largo y profundo. El tio se acababa de agarrar la polla, ahora durísima, bien gruesa, despampanante y con el cipote al descubierto y se estaba corriendo encima de la mesa. Estuvo bien guapo cuando se la soltó y cayó con todo su peso encima, el cipote arrastrándose por el semen, bailando y meciéndose porque Marcus todavía se lo estaba trincando, la raja del capullo rebosando leche todavía, alzándose y arrastrando un pegote blanco entre la mesa y el cipote.
No se había recuperado cuando Marcus se la sacó y empezó a machacársela duro. Miró hacia atrás. Vio a Marcus echar la cabeza hacia atrás gimiendo y rindiéndose al placer. Un chorrazo largo salió disparado hacia la parte baja de la espalda de Vito, mojándole a su paso todo el culo. El resto de la lefa abandonándose en la raja de ese culito guapo y menudo. Marcus tiró otra vez hacia dentro metiéndole el resto de su semilla. Vito se giró y le comió la boca agarrándole a la vez el pirulón. Lo sostuvo mojadito y pesado en su mano. Sí, era tan largo y gordo como los dildos, pero definitivamente una de verdad era mucho mejor.
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