Diego Ferreira se folla a pelo el hermoso culete del dotadísimo Kyle Matarazzo | MEN
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Entre sorbo y sorbo de sus copas en la fiesta en la casa, Diego Ferreira y Kyle Matarazzo se habían estado lanzando miraditas de cuando en cuando. A Diego le gustaba ese chico guaperas, sus ojazos, sus labios enmarcados entre una barbita descuidada y un bigotito bien mono. Kyle era un apasionado de los daddies y vio en Diego su mayor fantasía.
Tal fue así que, cuando salieron fuera para conocerse mejor, el cabroncete estaba todo el rato con la boca abierta a medida que descubría el apasionante cuerpazo de su nuevo amigo, comenzando por su torso viril, todo un hombre de pelo en pecho, hasta acabar impresionado con su larga y bonita polla que por supuesto funcionaba como un reloj suizo, poniéndose bien dura ante su presencia.
Como para no tenerla dura. Había muchos motivos para ello según Diego, uno de ellos los ojazos del chaval, otro era que ese chico le hacía sentirse el alma de la fiesta, demostrando lo que le maravillaba cada zona de su cuerpo. Sintiéndose así de querido, era para trempar como un campeón. Ver los labios húmedos de ese chaval posándose sobre su pene por primera vez, el roce de los pelos del bigote sobre su pene, cómo sacaba la lengua para chupársela, haciendo hueco dentro de su boca para cazarle bien la pirula.
El roce hizo el cariño y el acto se volvió más salvaje. Kyle se la chupaba cada vez con más garbo, levantándole la polla, comiéndole los huevos, metiéndole una gran succión de la que era imposible escapar sin soltar por la raja del capullo una buena cantidad de precum que se unía a la saliva del chico para meter bien de lubricante. Diego le plantó una mano detrás de la nuca y le folló la boquita.
Lo mejor es que todavía le quedaba un secreto de Kyle por descubrir, uno muy bien guardado, porque jamás hubiera esperado de un chico más bajo que él y de su complexión, que por debajo de los pantalones le colgara semejante rabo. Joder cómo le colgaba, con el cipote bien grande llevando el mayor peso de la cola. Para que podáis entender mejor el tamaño que vio Diego al bajarle los pantalones, normalmente cuando un tio se sienta desnudo, las pelotas se posan sobre el asiento, suben hacia arriba y te empujan la polla, que al final se queda o colgando sobre los huevos o si eres afortunado de la naturaleza, el rabo se te queda colgando sobre las pelotas y el cipote roza con el asiento.
La de Kyle no era como la del resto de chicos, que va, la de Kyle era tan jodidamente larga que le colgaba por debajo del asiento. Por eso Diego, que era más de dejarse chupar que de mamar, tuvo que reverenciarse ante esa verga y metérsela dentro de la boca. Le hizo una pedazo de mamada al chaval que le dejó loco, metiendo la polla a full hacia su garganta, hasta rozarle con la barba en las pelotas.
En apenas unos segundos, la tenía dura como una perra y toda encharcada de babas. Diego siguió dándole cariño. Era demasiado guapa como para terminar con ella. La sacaba toda mojada de entre sus labios protectores y la miraba apenas un segundo, colgando toda larguísima y dura ante sus ojos, flipante, hermosa, ligeramente curvadita hacia abajo como solía ocurrir con los rabo de los jovencitos a los que les ha crecido demasiado rápido, y se la volvía a merendar.
Y a pesar de que Diego tuvo serias dudas de si ese mozalbete sería merecedor de su culo, al final decidió darle la vuelta para ser él el que le penetrara. Fue todo muy rápido. Le giró, le hizo inclinarse, le quitó la camisa para que no les molestara y se la metió por detrás sin condón. El apretón fue tremendo, pero enseguida el ojete del chaval se dilató lo suficiente como para dejarle pasar, no sin una buena fricción, pero sí con comodidad para que pudiera follárselo.
¿Por qué se acordó de los padres de Kyle mientras le metía una buena tunda? Quién sabe, quizá por ver ese culito primaveral, precioso, disfrutable, tan definido como el resto de su cuerpo, en el que se marcaba cada músculo que daba gusto, biceps, andominales, triceps, todo, necesitando pedirles perdón por mancillarle, por colar su rabo grande una y otra vez dentro de él.
Se tumbó apoyado sobre los codos y acabó haciéndole el amor, comiéndole el cuello, la oreja, cuidando bien de él, haciéndole sentir especial. Menudo caramelito. Le puso a cabalgar de lado con la intención de ver su cuerpazo, su larga polla colgando o en sus manos bien pajeada, tocándose. Le puso de lado y le hizo la cucharita emborrachándole el ojete de rabo.
Sin sacársela y con mucho arte, Diego fue girándose hsta acabar de rodillas frente al chico, que ahora estaba aguantando sus embestidas con las piernas bien abiertas. Y ahí, destacando sobre su abdómen, esa puta lanza maravillosa, la pija dura y larguísima. Una imagen impresionante ante sus ojos que le llevó a comerla la polla otra vez antes de pasar al acto final en tres partes.
Primera parte, a pelo por detrás y de pie, acariciando su culete con las manos. Segunda parte, dejándole cabalgar de frente, viendo cómo su larga polla le rebotaba y retozaba libre sobre su abdómen. Tercera y última parte, abriéndole de piernas una vez más y rematándole. Kyle rabo en mano, machacándosela cada vez más rápido, gimiendo.
Esa breve inflexión en la respiración y en los gemidos que precedía a una buena corrida y ahí estaba la leche, brotando de su polla mientras Diego seguía agujereándole el culo. Solo cuando el chico se lo hubo sacabdo todo, salió de su interior. Kyle se puso de rodillas delante de él y le puso la cara guapa, abrió la boca, sacó la lengua y Diego le empapó la lengua y los morros con su lechita. Todavía se le quedaría un buen rato toda dura, excitado al ver su semen correteando por los pelitos de la barba del chaval.







