Daniel Justice pone a comer de su largo rabo al guaperas de Pheremosa y se folla su apretado culito sin condón | Cocky Boys
La mayoría de tios solían ligar sacando sus mejores artes a relucir de fiesta por la noche, pero el lugar donde a Daniel Justice se le daba mejor el arte de la seducción era el gym, concretamente los vestuarios y las duchas. No era su cara atractiva ni su cuerpo musculado, ni siquiera ese respetable culazo que todos palmeaban cuando jugaban al fútbol. Eran la forma y el tamaño de su pene los que levantaban pasiones.
Era el que más larga la tenía de todos los que habían pasado hasta el momento por los vestuarios. Le llegaba hasta la mitad de las pantorrillas y su caidita no dejaba a nadie indiferente, le colgaba más de tres veces la longitud a la que le colgaban los huevos que tenía por detrás. Si entrabas en las duchas cuando él estaba, la mirada se te iba sola y los que la tenían como un cacahuete agarrapiñada sobre los cojones, se preguntaban por qué la naturaleza era tan injusta.
A sabiendas de que todos los chicos se la miraban, Daniel había aprendido a cuidarla y ya hasta los pelos de su pubis resultaban hermosos, con una buena espesura negra justo en la base y una ligera melenita rapada adosada contra la base inicial de la polla que resultaba la mar de atractiva, perfecta como marca a batir para los más tragones.
En sus redes solían caer jovencitos como Pheremosa, rebeldes y de cuerpos atléticos tatuados, chicos que alardeaban en los patios de instituto de la cantidad de veces que se follaban almejas pero que en realidad estaban deseando hacerlo con un hombre. Phere era de esos. Pudo verlo en su mirada curiosa, en la espectación de su rostro cuando le desnudó de cintura para abajo en la cama de su habitación y estaba a punto de plantarle la lengua para repasarle toda la polla que por supuesto ya tenía toda tiesa. Solo esperaba que, como otros, este no se le corriera al sentir el roce.
Mamarles el rabo y dejarles cachondos perdidos era solo el aperitivo antes de la comida principal. Si ellos se dejaban llevar de la manita a casa, era porque querían mirarle la tranca y comérsela. Pues había llegado el momento. Se puso de pie. Daniel llevaba puestos unos pantalones de equipación de fútbol pero sin nada debajo, lo que hacía que su polla dura formara una tienda de campaña que alzaba la tela de los pantaloncitos en el frontal a una buena distancia, toda la que podía dibujar su kilométrica pollaza.
En cuanto se los bajaba ellos se quedaban locos. Podían habérsela visto colgando en las duchas, pero nadie les había preparado para verla a plena potencia, todavía más larga y dura. Phere se la comió con calma, con muchos centímetros por delante que por desgracia sus labios jamás podrían atrapar. Cómo gemía cuando se la metió por detrás, mirando hacia la ventana, con toda la ciudad a sus pies.
El culito de Phere estaba apretadísimo y Dani entraba demasiado justo. Se las tuvo que ingniar patentando un sistema de riego, soltando gapos que colgaban de su boca hasta la polla. Gracias a eso y a que el chaval cada vez estaba más por la labor abriendo el ojete para él, pudo follárselo con comodidad y a pelo. En la camita, cabalgando de espaldas a Dani, el chico lo dio todo. Estaba empitonado y meneaba el culete como un pro tragando rabo.
Daniel le metió unos buenos pollazos enculándole desde abajo y acabó de rodillas en la cama, sudando, con todos los músculos marcados por el esfuerzo, follándose a Phere con rabia y saña. No iba a parar y Phere se dio cuenta de ese detalle, así que se agarró la polla, se la pajeó y, mirando a los ojos a Dani con cara de súplica, juró que se corría encima. Y se corrió, pero no estuvo solo, porque justo en ese momento Daniel la sacó de su culo y se la peló para que pudieran hacerlo juntos.
VER A DANIEL JUSTICE Y PHEREMOSA EN COCKYBOYS.COM
VER A DANIEL JUSTICE Y PHEREMOSA EN COCKYBOYS.COM







