Ace Banner y Apolo Adrii se intercambian a sus chavales Dex Devall y Hugo Dupre para follárselos sin condones | Gaycest X Carnalplus

Son swap vol. 2 heat wave

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Había algo que Ace Banner no terminaba de explicarse, el cómo era posible que se le pusiera igual de dura que el primer día cuando veía el cuerpecito semidesnudo de un joven. Apolo Adrii y su chaval Hugo Dupre habían ido a pasar unos días al apartamento donde Ace convivía con su hijo Dex Devall. Cuando Apolo no estaba delante, su hijo no paraba de buscarle, de calentarle.

Una mañana que Ace estaba especialmente caliente, Hugo se quitó la camiseta delante de él como si tal cosa. A Ace le pareció tan mono y se le puso tiesa tan rápido al ver su torso marcando abdominales que decidió dar un paso adelante dándole un buen morreo correspondido y aprovechando la cercanía para sobarle ese abdómen musculadito. El chaval se dejaba hacer y eso le encantaba, así que abusó de su confianza posándole la mano en el culo. Joder, lo que le gustaba ese culo cuando le veía pasear por la casa. Coló la mano por debajo de sus pantalones cortos y se lo sobó con ganas.

Fueron interrumpidos por Dex, que acababa de levantarse, aunque más que una interrupción fue una continuación, de hecho Hugo se sorprendió al ver que Ace lo mantenía abrazado a pesar de que Dex les había pillado en plena faena. Sabía que padre e hijo se llevaban bien, pero no que se llevaran tan «bien«. Cuando Dex se quitó la ropa y se quedó en calzones lanzándose junto a ellos en el sofá, ocupando el otro lugar libre a la izquierda de padre, le quedó claro.

Se dieron un beso a tres, con lenguas, zorreando libremente. Hugo empalmó. Se le daba bien calentar a los tios, pero no pensó llegar a esa situación en la que estaba a punto de hacérselo con un padre y un hijo. A Dex tampoco se le daba nada mal lo de calentar con esa carita tan jodidamente guapa que tenía, esos ojazos, tan mono que entraban ganas de reventarle a pollazos día y noche sin parar, con ese culito respingón y precioso y esas piernas bien peluditas para su edad.

Le decía cosas a Hugo como «¿Te lo estás haciendo con mi padre? ¿Te gusta?» o «¿Alguna vez has visto la polla de un padre?«. Respecto a esto último, Hugo sí se la había visto al suyo, pero en la ducha y colgando, pero no como ahora la tenía el señor Banner, ahí marcada y luchando por salir, forzando el frontal de los calzones blancos. Entre Dex y él se los bajaron y pudieron ver la polla a padre, larga, gruesa, tal y como Hugo imaginaba que la tendría un tio que le sacaba el doble de su edad.

Había algo de pecado a la vez que excitante en el hecho de ver a Dex tocando el rabo de su progenitor, enderezándoselo y chupándoselo. Hugo se puso bien cachondo. Algo le decía que eso no estaba bien, nada bien, pero ver a Dex arropando el pene de su padre entre los labios, subiéndolos y bajándolos por toda la barra, la forma en la que ponía los ojos en blanco cuando se la colaba tan a fondo que le llegaba hasta la garganta y cómo la sacaba por su boca llena de babas besando el cipote, le despertó tanto la curiosidad que tomó el relevo de Dex para chuparla.

El señor Banner no se andaba con chiquitas. En cuanto vio que Hugo se la metía en la boca, le agarró del cuello y lo apretó contra su entrepierna, obligándole a tragarse la polla hasta los huevos. Ace soltó un gemido de satisfación, cogió la cabeza de Hugo entre sus manos levantándole, haciendo que le mirara fijamente. «Lo has hecho muy bien, ¿vale?«, le dijo asintiendo con la cabeza. Le besó, ahora con el sabor a su rabo y a continuación dejó que esos dos jovencitos le comieran el rabo a dos bocas, un rabo cada vez más duro, grande y venoso a causa de lo evidente.

Menos mal que el señor Adrii no era celoso y le encantaba el sexo en todas sus vertientes, si no se hubiera asustado viendo a padre e hijo en esa acción y a su propio hijo dejándose llevar por ese camino de perversión. Les pilló justo en ese momento, con los dos chavales comiéndole el rabo. El hijo de Apolo estaba a cuatro en el sofá, se acercó y lo primero que le dijo a Ace fue que una de las partes del cuerpo de su hijo que m´s le gustaba era el culito, que venía de familia.

Sí, a Ace también le gustaba. Apolo le dio lo que quería, la posibilidad de ver desnudo ese culo en todo su esplendor. Bajó los pantalones a su hijo y descubrió su poderoso trasero, un culazo grande, blanquito, de nalgas redondeadas, con la raja bien abierta y el ojete a plena vista. Apolo apartó las nalgas de su chaval con las manos, escupió encima y el ojete de Hugo empezó a latir y a tragar esa saliva.

La visión de un culo así de bonito se la ponía tocha a cualquiera y Apolo no era distinto en eso a los demás. Se puso de pie en el sofá justo en el momento en el que Hugo había decidido ir a por la tranca de Dex, se bajó los pantalones ante la antenta mirada de Ace, que ya le estaba esperando con la mano preparada para cogérseña en cuanto el rabo largo y bien guapo salió despedido cilimbreando al viento tras deshacerse del yugo de los pantalones.

Cada casa era un mundo y en la de los Banner había reglas especiales. Ace había sido joven no hace mucho y todas las mañanas había tirado de paja antes de ir al insti como el resto de chicos de su edad. Se dijo a sí mismo que cuando su chaval creciera, no le iba a dejar hacerlo solo, por eso cada mañana asaltaba su habitación, se metía con él en la cama, se la masturbaba y se la chupaba hasta que se corría. Porque sí, porque siempre era mejor hacerlo en compañía.

Se tomaron un momento fraternal, cada padre con su hijo. Ace se la chupó a Dex. Justo al lado, Hugo seguía a cuatro patas. El chico estaba recibiendo la polla de su padre por detrás, desnuda y a pelo. Cómo gemía el cabroncete, atravesado por un buen pollón. A Ace se le hinchó de veras, a punto de expulsar toda la leche, pero respiró hondo, porque en cuanto su papi le dejara el hueco libre, le iba a dar una buena tunda. De momento Ace fue a por el culito de su hijo Dex, tan acogedor, redondito y peludo que era lo único en esta vida, aparte de su mirada, que podía ablandarle.

Acarició la raja con su pene y se la metió, haciendo que los pelos de ese trasero se confundieran con los de su barriga y los de la base de su polla. Dex era un chico espabilado y Ace ya le había entrenado para saber lo que tenía que hacer cuando otro padre y su hijo venían de visita. En cuanto Ace se la sacó, Dex se fue hacia Apolo, se tumbó en el sofá y se le abrió de piernas.

Cómo decir que no a un chavalito así de guapo con las piernas y el culito peludo abierto ante ti para que le metas el rabo. Apolo le cogió de los muslos, le atrajo hacia él y le metió toda la polla sin condón gozándoselo. Al lado de ellos, el señor Banner hacía lo propio con Hugo después de comerle la polla, descubriendo que los Adrii estaban muy bien dotados.

Por fin Ace pudo ver su polla dentro de ese culo del demonio. Tenía a Hugo cabalgándole de espaldas, la postura perfecta para sufrir manteniendo a raya la leche en las pelotas, viendo cómo ese culazo que siempre había deseado subía y bajaba frente a él jodiéndole la polla, llevándola por un camino malvado y tortuoso sin salida. De vez en cuando miraba hacia un lado. Le gustaba ver la forma en la que Apolo se follaba a su hijo, inclinándose sobre él, haciendo fuerza con las caderas y el culo, metiéndosela a pelo, los dos frente con frente echándose el aliento encima, diciéndose guarradas, mirándose a los ojos, intimando más de la cuenta.

Mientras tanto, Ace se gozaba al chaval de Apolo, que ahora estaba tumbado bocarriba en el sofá, machacándosela mientras él se lo follaba, con todo ese torso musculadito y atlético delante de él. Pero no fue el hijo el primero en ventilarse el rabo, sino el padre. Los gemidos de Apolo, con voz varonil y excitante, se volvieron más seguidos y profundos. Estaba mirando a Dex, su carita, sus ojazos, su culito y piernas peludos. Todo eso le dio alas para sacarse la leche, que se le quedó encima del puño, resbalando hacia la muñeca.

La cosa no quedó ahí, todavía se estaba corriendo cuando rebozó la leche por su rabo dejándolo lleno de nada, se puso de rodillas ante Dex y se la metió por el ojete toda cargada de leche. Una delicia para la vista ver cómo se hundía la polla grande y dura dentro de ese culo peludito. El señor Banner no lo había visto. Aunque sabía el tipo de guarradas que Apolo solía hacer cuando follaba, pues en ese aspecto se conocían muy bien, estaba demasiado ocupado follándose a su hijo.

Hugo estaba ya en las últimas, gimiendo y zarandeándose el rabo. Se le arrugaron los huevos y empezó a soltar la lefa. Ace se alegró al ver esa corrida. No esperaba menos de un chico joven, que lanzara unos buenos trallazos capaces de viajar más allá de su hombro manchándole todo el sofá de esperma. Ace se puso especialmente cachondo, empezó a recoger la leche llevándosela a la boca para probarla, incluso cogió la mano manchada de Hugo para lamérsela, rebañándole los dedos.

Nota: Las imágenes, el vídeo y el texto reflejan una obra de ficción. Los actores no tienen ninguna relación de parentesco real.

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