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Mason Lear inicia a Maxx Monroe en el mundo del sexo masturbándole, desvirgándole sin condón y llenándole el culo de leche | Gaycest

Daddy's pride and joy: Safe at home

Todos los intentos de su padre por convertirse en su mejor amigo habían fracasado antes. Hasta ese día, en que Maxx Monroe sintió la tristeza de la rotura con su primer amor. Entonces fue cuando Mason Lear estuvo ahí para apoyarle, para dejarle llorar sobre su hombro y para decirle que nadie le iba a querer tanto como le quería él.

Estaban juntos en el sofá. Su padre alargó un brazo para que se acercara. Reticente, típico de su edad, Maxx se acercó y rompió a llorar al sentirse comprendido y protegido. Mason le dio un beso en la mejilla, Maxx giró la cara. Nunca se había fijado realmente en su padre. Era jodidamente apuesto y esa barbita le sentaba genial. Pensar en él de esa manera le aceleró el pulso y un escalofrío de placer le recorrió el cuerpo cuando su padre acercó su boca a la suya, sus narices se rozaron, húmedas, y se besaron.

Continuó besándole el cuello, poniendo una mano sobre su cuerpo. Algo se debatía dentro de él. Por una parte quería decirle que parara, pero por otra le gustaba tanto lo que estaba sintiendo que no podía hacerlo. Giró la cabeza una vez más, buscando su boca a posta. El primer beso con su padre le había gustado y necesitaba otro más. Mason le miró, frente con frente, mientras le metía una mano entre las piernas. Le preguntó en voz baja y quebrada, como si le faltara el aliento, si quería parar o si quería que continuara adelante.

Dios, lo preguntó de una forma que no podía decirle que no. ¿Acaso su madre habría sentido la misma emoción el día en el que él se declaró? Supuso que sí. Maxx echó la cabeza hacia atrás y se dejó hacer por toda respuesta, así que Mason siguió adelante. Le amasó el paquete por encima de los vaqueros y se encargó de todo. Le desabrochó el botón, le bajó la cremallera de la bragueta, sobó su polla por encima de la tela de los calzones y se recreó bien con ella antes de levantarle el lateral por donde se la sacaba para mear.

El primer contacto de su mano caliente con su rabo erecto fue sublime. Su padre le sacó la polla por el lateral y se la empezó a acariciar con la yema de los dedos. Luego se la enderezó y se la comenzó a masturbar de arriba a abajo, lentamente. Maxx giró la cara y le miró. Estaba concentrado. Por la forma en la que se la cogía y la miraba, estaba seguro de que le molaba la forma y el tamaño largo y grande de su pene bien venoso. Se preguntó si habría salido a él en ese aspecto y si tendría que enfrentarse a tener que ver por primera vez la polla tiesa a su padre y quién sabía si algo más.

Tenía curiosidad. Intentaron evadir sus miradas. Nunca se cruzaban, no al menos de momento. Pensó que quizá su padre sólo pretendía quitarle las penas ayudándole a hacerse una paja. Al fin y al cabo era un hombre como él y sabía de esas cosas. No, no era una simple paja entre amigos, era algo más, l supo cuando su padre siguió masturbandole y empezó a besarle a la vez, cuando le bajó los calzones hasta los tobillos y empezó a rebozarse el pene contra la barba, por todos los morros, cuando abrió la boca tímidamente, sacó la lengua y se la empezó a chupar.

Maxx no pudo evitar mirar. Tenía que saberle rica, haber soltado alguna gota de precum, porque su padre enseguida guardó la lengua y saboreó su leche. Sacó de nuevo la lengua a pasear, se la volvió a chupar, le besó el cipote y se la metió dentro de la boca. Mason fue gateando poco a poco de rodillas para ponerse entre las piernas de su hijo y amoldar su forma de mamar a su tremenda pija larga y dura.

Maxx no podía creerlo aún. La cabeza de su padre entre sus piernas, comiéndole todo el pijote. La mano de Mason no se estaba quieta, acarició a su hijo los muslos ya bastante peludetes, la metió entre sus piernas y le rozó los cojones. A Maxx se le subieron para arriba de placer. Mandaba huevos que la primera vez que cruzaron las miradas tanto tiempo entre padre e hijo fuera así, con él mirando hacia abajo y su padre hacia arriba con su polla dentro de la boca.

Entonces ocurrió algo extraño. Por primera vez, al mirarle a los ojos, se olvidó de que era su padre y vio en él a un colega. Se desnudaron. Su padre lo hizo de cintura para abajo y Maxx sintió que se la tenía que devolver de alguna forma. Por primera vez le vio el pene completamente duro. Tenía las mismas piernas fuertes que él pero más peludas, sus cojones le colgaban más, hasta taparle la raja del culo y su rabo era casi tan largo como el suyo, un poco más curvado hacia arriba.

Maxx se metió entre sus piernas y lo contempló todo con ojos de curiosidad. Al rozar con su mano el pene, su padre casi se corre encima. La polla empezó a tener vida propia, separándose y volviendo a caer sobre el vientre. Su padre le sonrió. Esa caricia inicial le había gustado, sin duda. Mason aprovechó que su hijo estaba adorándole el trabuco para desabrocharse la camisa. Tenía el pechote bien peludo y varonil.

A Maxx se le hizo extraño chupar ese pene duro, pues no paraba de venirle a la cabeza que después de todo él había salido de ahí, como una semillita fértil. La idea le puso también muy cachondo y entonces se la metió dentro de la boca. Le encantó escuchar los gemidos de su padre mientras se la mamaba, cóm se retorcía de gusto en el sofá, cómo le brincaba la polla y se le endurecía por momentos mientras se la estaba comiendo.

Cuando le soltó la frase «quieres que te haga lo que a mamá«, se quedó to loco. Claro que sí quería. Se arrodilló en el sofá mirando hacia el respaldo, separó las piernas entre las que le colgaba un buen badajo y las pelotas y entonces su padre sumergió los morros en la raja y comenzó a acariciarle el ojete con la lengua y los pelos de la barba y el bigote. A Maxx nunca le había comido el ojal, así que por primera vez sintió esa oleada de rubor y autosatosfacción personal inabarcable.

Su padre se puso en pie, subió la pierna izquierda al sofá junto a la suya y enderezó su pene para apuntar hacia el agujero de su culo virgen. El corazón le empezó a latir a Maxx a mil por hora al ver que su padre iba a hacer lo mismo que hizo con su madre la primera vez que encamaron, desvirgarla. Sin condón, la notó durísima y apretada contra las paredes de su ano, como una fuerza externa invadiendo su intimidad por completo. Maxx lo gozó como un perro. Así que eso era lo que se sentía cuando se llevaban tu virginidad para siempre.

Apenas le había metido la mitad de la polla. Su padre empujó fuerte con las caderas y le metió el resto. Empezó a notar cómo la polla empezaba a entrar y salir del interior de su culo más veces, más rápido. Se lo estaba follando igual que se follaba a su madre cada noche y ella gemía de gusto y él se tapaba con la almohada para no escucharles.

Así se la camelaba cada noche, metiéndole el rabo por el coño igual que ahora se lo estaba metiendo por su apretadísimo y desvirgado culo, haciendo rebotar sus lustrosas pelotas colgantes sobre su trasero. Qué gusto insano. Sentía el calor de sus manos sobre las nalgas, el impacto de sus caderas contra ellas cada vez que se la enfundaba.

Luego se sentó en el sofá a su lado y pretendió que Maxx se sentara sobre sus piernas clavándosela entera. Podía haberlo hecho dándole la espalda, como lo habían hecho hasta ahora, pero ahora que ya podía sentirlo más colega que padre, se armó de valor y se sentó encima mirándole frente a frente, alargó un brazo hacia atrás, le cogió el pene conduciéndolo hacia el orificio y se sentó encima inundándose el ano de polla.

Miró a su padre. Estaba vicioso y encantado con que su hijo se le entregara de esa forma tan lividinosa. Le colocó las manos en el culete para empujarlo hacia arriba y no paraban de mirarse, no paraba de gemir y le encantaba tener el rabo largo de su hijo rebozándose contra los pelazos negros de su torso peludo. Estaba a punto de correrse. Avisó a su hijo para que se levantara a tiempo ahora que aún podía aguantar unos segundos, pero entonces Maxx se plantó, se sentó sin dejarle escapar.Si ya le había desvirgado, tenía que vivir la aventura al completo.

Mason le miró a la cara, incrédulo. El puto morbazo, la idea de preñar a su hijo por dentro llenándole el culo de semen, le resultó excitante. Un par de culeaditas y la mente calenturienta del todo le sirvieron para empezar a desalojar los cojones dentro de su chico. La lefa fluyó por su polla ensanchándose como una manguera, sus cojones subían y bajaban. Le estaba inyectando dentro tod su esperma.

Fue tremendo. Nunca se había corrido así ni tan intensamente dentro de alguien. Sentía como si no pudiera parar de preñar. Cuando su hijo se levantó un poco decidido a expulsar ese pene de su interior, la polla de Mason todavía seguía descargando. A Maxx le resbaló un chorrete de lefa por la raja del culo. Le había dejado un buen poso, pero lo mejor estaba dentro. Mason miró hacia arriba, se impregnó las napias del olor de su cuerpo sudado, de los pelos que le nacían de los sobados, todo un machote, ya hecho todo un hombrecito. Ahora que había empezado con buen pie en ese camino de convertirse en amigos, podrían pasarlo bien más a menudo.

Nota: Las imágenes, el vídeo y el texto reflejan una obra de ficción. Los actores no tienen ninguna relación de parentesco real.

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