Malik Delgaty se folla el culazo de Arno Antino sin condón con su enorme rabo y se corre en su cara | Falcon Studios
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El trabajo de campo era duro, muy duro, tan duro como se le estaba poniendo el rabo a Arno Antino viendo a su compi de curro Malik Delgaty partiendo leña. El cabrón estaba buenísimo y a medida que manejaba el hacha y se cansaba, el sudor comenzaba a recorrer todo su cuerpo, se levantaba la camiseta y dejaba a la vista unos sensacionales abdominales bien marcados y unos pectorales que daba gusto, fuertes, musculosos, planos pero prominentes y bien cuadrados.
Arno, curtido ya en mil batallas, meneaba la pajita de brizna de hierba en la boca sin poder quitarle ojo, echándose una mano al paquete para acomodarlo según le iba creciendo por ahí abajo. Joder, si hasta cuando se bajaba de nuevo la camiseta blanca se le marcaban los pezones por encima. Demasiado temprana la edad de Malik como para meterse en ese curro donde no había ni una sola chavala en kilómetros a la redonda, donde todo eran rabos, duro para un chico como ese que necesitaba desfogar cada día varias veces, que llevaba apenas veinticuatro horas sin cascársela y ya estaba encendido.
Llegó un momento en que Arno creyó que se iba a quedar en pelotas partiendo leña, porque parecía que le ropa le molestara. Hubiera deseado que llegara ese momento, pero se produjo otro muchísimo mejor y es que Malik se dirigió a él para hacerle una propuesta que no pudo rechazar. «Oye tio, tienes unos ojos bonitos, se parecen a los de mi novia, estoy todo cachondo, ¿eres de esos a los que les gusta comer pollas? ¿Me la chupas?«. Así, sin contemplaciones. «La tengo bien grande«, añadió sosteniendo en su mano un palo de madera de unas buenas dimensiones.
Por supuesto Arno se hizo el interesante, pero de poco le sirvió, porque Malik se plantó delante de él todo el tiarrón chulazo que era, se bajó los pantalones hasta los tobillos y dejó su larga y enorme polla toda tiesa mirando hacia su compañero. Cómo iba a resistirse Arno ante ese rabo de enormes proporciones y tan jodidamente hermoso.
Se la mamó al zagal provocando que se le ruborizaran las mejillas, tal era la carga que llevaba encima. Malik puso de su parte follándole la boquita, endiñando bien hacia adentro, dándole palmadas en los mofletes asegurándose de que lo hacía, atosigándole la campanilla hasta provocarle arcadas. Arno se tomó un respiro para mirar a ese tio desde la distancia, su atractiva cara ahora encendida, la camiseta blanca ajustada a la musculatura de su cuerpo, unos biceps tremendos, piernas fuertes y un pollón flipante de los que uno no puede parar de mirar y de mamar a todas horas.
Se preguntó si ahora querría follárselo, porque de ser así le iba a regalar el culo bien regalado, pero Malik quería más boca, agarró a Arno de los pelos y atrajo la cabeza hacia su entrepierna para que se la siguiera comiendo tan bien como lo había estado haciendo hasta ahora. La polla cada vez más dura, más larga, más gruesa, Malik cada vez más caliente, quitándose ya toda la ropa, apenas con las botas puestas, sentándose en el asiento balancín del patio, dejándose cuidar.
Frente a él Arno ya estaba de rodillas, entre sus piernas, inclinado, chupándosela con garbo. Mientras se la comía le miró a los ojos. ¿No había dicho que esos ojos le recordaban a los de su novia? O eso le pareció recordar. Pero había una gran diferencia, porque su chavala jamás podría llegar a comérsela como él y seguro que eso Malik ya lo estaba notando. Porque los tios siempre somos más cerdos, más salvajes, de un modo que una tia no puede llegar a igualar. Por muy cerda que sea en la cama, un hombre siempre es el doble más.
Hora de follar, gamberrete. De tanto chupar polla, a Arno se le empezó a abrir el ojete. Se puso de rodillas en el banco mirando hacia el respaldo y vio llegar por detrás a Malik rabo en mano, que se la metió a pelo encajándola dentro de su ano a la perfección para luego empezar a follárselo directamente. Se le daba de puta madre empotrar, parecía que hubiera nacido para ello.
La forma en la que mecía su culazo blanquito y redondo de futbolista, sus caderas. Que estaba tremendamente dotado era innegable. Cualquier mirón que se preciara, ya fuera el patrón o currela que anduvieran por allí, hasta en la distancia habrían podido apreciar lo grande y larga que la tenía, entrando y saliendo de ese culo hecho a su medida.
Juguetón también era un rato y seguro que su novia estaba bien contenta con él. Le palmeaba el culo al follarlo, empujaba el asiento balancín de tal forma que al ir hacia adelante salía de su culo, pero cuando volvía ya la tenía toda dura y enfilada para clavársela, le apresaba un brazo por detrás de la espalda con un «te detengo por apropiación indebida«. Menudo artista.
Se sentó en el banco. Arno pensó en cabalgar sobre él cara a cara, porque eso sería tremendo, poder ver su cara, su cuerpo desnudo, descubrir cómo se comportaría al tener la cola de un tio saltando sobre su estómago, pero por miedo a que eso fuera demasiado para él y le dejara en la estacada, prefirió darle la espalda y pajeársela bien con el culo, porque un culo era un culo y aunque estaba claro que era el de un maromo, al menos si así quería, Malik podría pensar que era el de su chica.
Pero con un chico tan potente y que aguantaba tantos asaltos, ese momento tendría que llegar. Y llegó. Después de comerle de nuevo la polla a la sombra del puesto de mando, Malik le pidió culo. Arno se lo entregó, solo que esta vez poniendo una colcha en la hierba, tumbándose encima y abriéndose de piernas para él. Malik hincó una rodilla en el suelo y avanzó la otra pierna hasta dejarla cerca del pecho de Arno. Una postura inusual cunado lo común hubiera sido ponerse de rodillas, pero Malik era así de imaginativo y eso le valió para clavar la polla y hacer que Arno la sintiera diferente dentro de su ano, dándole gustito en nuevos lugares de su hueco.
Con su permiso o sin él, Arno se iba a pajear. Era demasiado, ese chulazo encima de él presionando, la preciosa forma de su culazo, cómo le colgaban las pelotas entre los muslos, acariciándole las naglas con ellas, calentitas y llenas de leche. Malik ahora sí clavó las dos rodillas en el suelo, le encajó perfectamente la polla toda grande y dura y Arno no se pudo contener más. Se corrió encima.
Había tres cosas que apasionaban a los chicos jovencitos y activos como ese, las pollas grandes que se dedicaban a comparar para luego pintar en las paredes de los vestuarios, los culos redonditos y pomposos y una buena corrida en la cara. Arno le entregó lo que le faltaba para completar el trío, se puso de rodillas y alzó la vista hacia ese pollón que Malik se estaba pajeando alegremente, mirándolo con admiración y veneración.
Malik cerró los ojos, soltó un gemido prolongado y Arno supo que había llegado el momento de abrir la boca y sacar la lengua. El muchacho no tardó en explotar de júbilo, soltando una buena descarga de semen sobre la cara de Arno, dejándole una primera y abundante propina sobre la lengua, los mofletes y entre la ceja y el ojo derecho. El resto de la leche, más grumosa, cayó sobre el labio superior, el bigote, la nariz. Le dejó la cara bien sucia.
Al menearla, otro montón de lefa salió diaparada hacia atrás, bordeando las caderas de Malik. Todavía tenía leche dentro. Malik se la estrujó, volvió a sacudírsela hacia adelante y otro chorrazo salió disparado hacia la cara de Arno, que relamió con la lengua la raja del cipote y le besó el capullo como si fuera un caramelo. Seguramente no tuviera que esperar mucho para que Malik le volviera a dejar la cara sucia. Mientras mantuviera a su chica alejada de aquel lugar, ese chulazo sería todo suyo y estaría disponible para él y sus guarradas para cuando lo necesitara.
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