Malik Delgaty dedica a Luca Knight una de sus mejores folladas a pelo después de dejar que le coma el pollón | MEN
The Cottage
Había algo tremendamente morboso e irresistible en el hecho de espiar a otros hombres desnudos. Luca Knight no podía describir esa sensación que le recorría el cuerpo cuando lo hacía, lo único que sabía es que era poderosa y no podía resistirse a ella. Le gustaba hacer senderismo, recorrer los caminos en plena naturaleza, a solas, encontrarse consigo mismo, observar los paisajes que le rodeaban. Todos eran preciosos, pero si había algo que le gustaba más que un buen paisaje, era ver a un tio potente, atractivo y cachas semi desnudo.
En las duchas de los vestuarios siempre tenía que estar mirando de reojo para respetar la intimidad de los otros, pero ahí, entre los arbustos, podía sentir la libertad de mirar como le diera la real gana, nutriéndose la vista con ese tio que acababa de salir medio en bolas de su lujoso chalet en mitad del campo. Malik Delgaty tenía todo lo que le gustaba. Era alto, estaba musculado, no podía dejar de mirarle a esa cara de empotrador que tenía y, aunque todavía le tenía algo lejos, juraría que estaba contento por ahí abajo, porque algo levantaba la parte frontal de la toalla que llevaba anudada a la cintura.
La mente de Luca imaginó muchas cosas. Que ese tio estaba solo en su propia villa, que acababa de tocarse en la ducha y había salido empalmado. Se imaginó allí chupándosela, amamatándosela hasta dejarle descargar sobre su cara. A Luca se le puso dura y su viaje se desvió para bien, porque cuando ese tio volvió a entrar en la villa, Luca le siguió para espiar por las ventanas. Si realmente había salido empalmado de la ducha o la piscina que tuviera allí, no iba a tardar mucho en tocarse.
Efectivamente. El siguiente paso de Malik fue la sauna. Aquel tio tenía de todo, estaba montado en el dólar el muy cabrón. Luca colocó ambas manos al lado de la cara pegándola al cristal para que la luz no le impidiera ver el momento en el que Malik se quitó la toalla. La cara de Luca reflejó el asombro al ver la pedazo de cola que se gastaba ese chulazo. Qué puto larga, tanto que con la punta del rabo rozaba los listones de madera del asiento. Y además super gorda.
De la sauna se dirigió a la piscina. Iba completamente en pelotas y la imagen era para grabarla en la retina para siempre. Un tio cachas y bien formado andando desnudo, con la polla colgando toda morcillona dando bandazos entre sus piernas y ese precioso culazo de macho contoneándose a casa paso. Cuando se metió en la piscina, Luca creyó que el mundo se paraba, que todo iba a cámara lenta. Ese cuerpazo de vicio bañado por el sol, marcando cada músculo.
Luca pisó una rama y ya podía agradecerle a la rama haber estado allí, porque eso hizo que Malik se acercara a ver quién más había en la villa además de él y descubrió que todo este rato ese mochilero pajillero le había estado espiando. El muy perro se arrodilló y juntó las manos implorándole que le dejara comerle la polla. Malik siempre estaba dispuesto a eso, así que le dio toda su barra para que la chupara.
Y sí, Luca tuvo para comer todo lo que quiso y más, porque de repente esa cola larga y gorda se convirtió en un fornido pollón cilíndrico y voluminoso, enorme, larguísimo, perfecto para ponerse las botas y atragantarse si uno quería hacerlo. Qué raro se le hizo a Luca metérsela en la boc ay comprobar que era incluso más gruesa de lo que parecía a simble vista. Le obligó a abrir la boca más de lo que había tenido que hacer nunca ante ningún otro hombre y ya el cipote le era suficiente para llenarle toda la cavidad bucal. Era flipante.
Dios, qué pedazo de falo, qué cosa tan bonita. Luca la apartó mirándola de cerca un momento, apreciando lo larga que era y lo dura que estaba, su forma cilíndrica y perfecta, su tamaño, el cipote ahora coloreado gracias a su buan hacer. Lo estaba haciendo bien porque Malik posó una mano en su cabeza y le obligó a chupar, mecía las caderas y le follaba la boquita también.
Todos los hombres se lo hacían, se cogían la polla, la levantaban y no decían nada porque era obvio lo que querían decir con eso, que les comieran los huevos. Luca se lo hizo con gusto, notando el roce de la polla caliente en la nariz. Le encantaba ese puto acto de sumisión en que otro tio le obligaba a comerle las pelotas. Que Malik se inclinara para palmearle el culete fue señal inequívoca de que Luca no iba a probar solamente la polla por la boca, sino por otro agujero y lo mejor es que no iba a tardar en tenerla bien adentro.
En vistas de lo que estaba a punto de suceder, Luca apremió la mamada abriendo la boca a tope y atragantándose a cada bocado dejando la saliva sobre ese descomunal pollón, porque quería que si Malik tenía que follárselo, lo hiciera a pelo, con sus babas como único lubricante.
Con una fuerza sobre humana, Malik cogió a Luca y se lo echó al hombro para llevárselo a la sauna. Allí le sentó en el banco, le desnudó y le quitó la mochila de los hombros. Allí dentro Malik se comportó de un modo más salvaje, somo si el hecho de estar en casa le diera más poder y autoridad. Hizo que Luca le comiera de nuevo la polla, pero esta vez le azotaba con ella en la jeta, le obligaba a tragar más de lo que podía, le pasaba una pierna por el hombro para atraerlo hacia él y que sus labios cada vez estuvieran más cerca de sus bolas.
El tio ya estaba sudando y estaba buenísimo. Le notó excitado a un nivel máximo, nervioso, deseando taladrar. Agarró a Luca, le puso mirando hacia la ventana de la sauna. Sí, ahora Luca estaba dentro, no fuera. Le levantó una pierna para dejarle el culo abierto. Luca escuchó cómo Malik se escupía en la mano, cómo se lubricaba el pene y enseguida sintió toda esa polla sin condón rellenándole el ojete y dejándole cara del ser más feliz del mundo.
Demasiado gruesa para entrar entera de una vez, pero Malik tenía sus mecanismos para abrir a otro tio, resistir y persistir, menear las caderas hacia adelante y atrás, culear, decir guarradas, lo que se le pasara por la mente, poner al otro cachondo hasta que al final, aunque todavía tremendamente justa, terminaba entrando y follando. Luca miró de reojo. Lo que vio le gustó demasiado. Ese tio le sacaba una cabeza de altura, estaba tremendo, musculado a tope, como para no abrirse ante un maromo así de bueno.
Cada vez le daba con más brío. A Malik le bailoteaban las pelotas entre las piernas a cada pollazo, llenitas de leche. Qué pedazo de culo de futbolista tenía y qué buen uso le daba, empotrando con fuerza, levantando él también una pierna posando el pie en la ventana y usándola como apoyo para dar con más dureza si cabe. Su culo dándolo todo, entre sus muslos fuertes la polla dura entrando por el agujero y sus grandes cojones meciéndose entre ellos. Unas vistas que daban para paja garantizada.
De nuevo Malik se cargó al hombro a Luca y se lo llevó al salón, un espacio amplio, minimalista y bien iluminado con un sillón alargado de cuatro asientos en mitad del cual Malik sentó su culo de macho, enderó la polla y dejó que Luca se sentara encima ensartándosela hasta donde buenamente pudo, porque era gigante. Malik, necesitado de un agujero que penetrar a fondo para sentir el apretón en todas las zonas de su miembro, le culeó desde abajo a toa hostia en un un intento por conseguirlo.
Ese tio tenía tanta fuerza que le usaba como si fuera un muñeco. Cada vez que le cambiaba de postura le cogía como si no pesara y no le costara hacerlo. Menuda fuerza y musculatura. Esta vez cogió a Luca y le giró como si fuera una animadora del equipo de rugby, le colocó con la espalda pegada al asiento y la cabeza colgando hacia abajo por el borde, le metió la polla por la boca y se la folló.
A Luca le encantaba esa postura, poder ver el mástil que se estaba comiendo, a tiro de vista esas enormes pelotas bien cargadas de dinamita y por supuesto ese tremendo culazo. Así daba gusto que un tio te la colara por la garganta. Malik no dejó que Luca se moviera del sitio, se subió al sofá y en la misma postura le taladró el ojete. Luca solo tenía que levantar la vista para ver ese hermoso pandero meneándose y entre medias sus grandes pelotas y el pollón metiéndose dentro de él. Tenía a tiro de vista la peli para adultos que más le molaba.
Madre mía, qué culo tan bonito, con esas nalgas redondeadas, musculoso, sudado, bañado por la luz del sol que se colaba por la ventana. Malik tenía que estar gozándose esa postura, seguro que le gustaba enseñar, agradar a otros tios con las bondades de las que le había dotado la naturaleza, porque estaba cachondo, en volandas, apenas apoyado con las manos en el respaldo del sofá, con las piernas apoyadas sobre los muslos de Luca.
Por primera vez Malik se lo folló al misionero, poniéndose encima, cara a cara. En ese enfrentamiento Luca no salió bien parado. Estaba abierto de piernas, admirando a ese especímen de macho dándolo todo, tan cerca, tan atractivo y cachas, tan bien dotado. No aguantó mucho más. Se cogió la pija y, sintiendo un gusto enorme que le recorría todo el cuerpo embobándole y dejádole vendido, dejó escapar toda la leche manando de su rabo, blanca, espesa y calentita.
Cómo le gustaba quedarse así de ciego de gusto. Malik salió de su interior y empezó a meneársela. Luca no quería que la leche de esas pelotas se desperdiciara bajo ninguna circunstancia, así que se revolvió en el asiento y se colocó mirando hacia la polla. Tras unos gemidos de Malik, cerró los ojos por si acaso le disparaba fuerte y sintió el semen de ese cabrón empapándole las napias, el entrecejo, resbalando hacia sus labios, todo espesito.
Una vez se hubo asegurado que los ojos quedaron libres de esa demostración de amor, los abrió y vio esa preciosa polla enorme con la raja del cipote perlada de una sustancia blanquecina y transparente. Abrió la boca y se la zampó una última vez, regocijándose en ese gustito salado y amargo sobre su lengua. Taba rica, siguió chupando, succionando para sacarle todo el jugo.
No quería irse de allí. Quería chupar ese rabo hasta dejarlo como estaba cuando lo vio por primera vez a través de la ventana de la sauna, esperar el tiempo reglamentario y volver a follar, tarde, noche, día, a todas horas. Pero Malik le agarró por el cuello y le dijo que se fuera de su puta casa. Y ahí iba Luca, con su mochila al hombro, admirando de nuevo los paisajes, esta vez con una sonrisa en la cara. Y sobre la cara, los grumos de las pelotas de ese macho, recordándole, saboreándole, sin dejar de pensar en su cara, en su cuerpazo, en el tamaño de su tremenda pija.







