Heath Halo se folla a pelo y preña el culazo de Joe Vanni en la parte de atrás de la camioneta | Falcon Studios
Happy Campers
¿Preparado para la aventura? Joe Vanni miró esos ojos claros de Heath Halo, su guapísima y atractiva cara, su cuerpo musculado bajo esa camiseta de tirantes y supo que con él se iría hasta el fin del mundo si se lo pidiera. Solo un tio así de fuerte podría agarrar el volante de ese buga sorteando como lo hacía manantiales y baches en el camino de la naturaleza.
Le pidió parar para echar una meada. Joder, si no has meado nunca en plena naturaleza, debes hacerlo. Sacársela y tener todo un valle con las montañas al fondo a tu merced, sintiéndote el rey del mundo. Dar la espalda a Heath mientras orinaba no tenía sentido. A ver, se habían visto las colas, se las habían comido mutuamente, habían follado, pero venía en su naturaleza humana como hombre. Bajas del coche, das la espalda a tus colegas y te la sacas para mear. Así funcionaban las cosas. Se bajó los pantalones por debajo del culete y se levantó la camisa.
Quería ofrecer las mejores vistas a Heath, que sabía que estaba mirando. Así se lo reconoció al volver al coche, diciéndole lo mucho que le gustaba verle ese culete y lo dura que se le ponía cada vez que lo hacía. A Joe escuchar esas palabras le llenaban de orgullo. Le encantaba ponérsela dura a los tios hasta el punto de querer reventarle a pollazos.
En el asiento del copiloto, alargó una mano cruzándola por delante de él hacia el asiento de Heath y le plantó la mano en todo el paquete notando su dureza. Se mordió el labio inferior al tocarla por encima de los pantalones y la parte delantera del buga se convirtió en un nido de amor con la temperatura a tope. Joe no podía dejar de mirar la cara de Heath. Era jodidamente guapo. Dirigió la mirada a sus ojos, luego a su boca, que en ese momento estaba exhalando un prolongado gemido de placer. Se retorcía de gusto mientras Joe le tocaba sus partes.
Las caras de los dos se destensaron, se relajaron, se fueron acercando como imanes y, justo cuando sus labios se rozaron, cerraron los ojos para sentir un estallido de placer inmenso recorriendo sus cuerpos. Heath era más cerdaco que él, más decidido. Le molaban sus besos precisamente por eso. La forma en la que sacaba la lengua y le relamía los labios para luego colarse poco a poco dentro de su boca.
Joe todavía tenía la mano encima de su paquete. Sintió cómo su pene duro ahí debajo pegaba un brinco desplazando el frontal de los pantalones hacia arriba. No llevaba calzones, como siempre. Tenerla tan dura era un problemón que sólo se solucionaba de una forma, bajándose los pantalones. Heath levantó un poco el culete para hacerlo.
Tenía la polla tiesa y bien dura apuntando hacia su torso. Joe la agarró con la zurda, se inclinó, le besó y le succionó los huevos como aperitivo y acto seguido, mirando a Heath a los ojos, como si le pidiera permiso, se metió su pene en la boca. Tener ese rabo entre los labios le calmaba. Bastaron un par de caladas para que se le pusiera todo lo dura que la podía tener, aunque Joe sabía que luego daba más de sí. Le gustaba mamársela suave, sentir cómo crecía dentro de su boca, sacarla de ella y verla con todas sus babas encima, dura, grande, ardiente, con el cipote en pleno apogeo.
Verla toda dura delante de su cara, tan grande, le encantaba. Apretó bien los labios contra el tronco y se la repasó con ellos de arriba a abajo. Había algo en ese acto tan íntimo que le ponía bien perro. La mano cálida de Heath sobre su nuca, la polla erecta deseando recibir mimos, los gemidos apagados que soltaba ese tiarrón fornido cuando tragaba más de la cuenta, como si de un momento a otro se fuera a correr dentro de su boca.
Salieron del coche. Heath lo rodeó por detrás para acercarse al otro lado de la puerta. Joe miró a ese tio de arriba a abajo, con los pantalones bajados por los muslos, la polla dura meciéndose de lado a lado, toda tiesa y bien apuntalada, naciendo de una buena pelambrera, pelazos negros que le parecieron tan masculinos, varoniles y sexis. Se besaron. Heath dio un paso hacia atrás apoyándose sobre la parte lateral del buga, se levantó, la camiseta mostrando su espectaular abdómen, irresistible, y Joe cayó rendido a sus pies agachándose y volviendo a practicarle una mamada.
Joder, ahí de pie con todo el rabo tieso, bañado por la luz del sol, le pareció que la tenía incluso más grande que antes. Le besó el cipote con cariño. Echó su aliento encima del tronco bordeándolo, mirándolo de cerca, le besó los huevos. Sabía que Heath se moría por sentir de nuevo esos labios rodeando su pene, pero quería mantener ese punto de morbo que luego le crearía una buena reacción en los huevos cuando se la chupara.
En esta segunda ronda no le trató la polla con cariño. Con un movimiento rítmico, sin mirarle a los ojos, cabeceó y tragó, miró hacia adelante, las caderas, la polla y los pelazos negros que tenía a la vista eran ahora su mundo y se debía a ellos. La dejó entrar por su garganta. Los ojos se le pusieron en blanco, se quedó unos segundos sin respiración. Heath se asustó y le plantó una mano en la frente, intentado separarle de lo que fuera que estuviera intentando hacer, pero el cabrón no se despegaba de ahí, quería tener la polla dentro de su garganta.
Se la sacó. Heath tenía los mofletes ruborizados. Le había gustado esa sensación tan apretada. Miró a Joe, que estaba tomando aliento. Tenía la boca entreabierta y la mirada perdida. Se inclinó, le besó y le lamió los labios metiéndole un morreo con lengua, quería que volviera a hacerlo. Joe estaba ahí de rodillas, delante de él, con las manos apoyadas en el suelo, completamente desnudo. Le estaba viendo el culete con la raja preciosa, las nalgas a cada lado, turgentes, esperándole. De repente sintió que las bolas se le llenaban de semen hasta rebosar y entonces supo que lo que Joe estaba chupando ya no era solo su polla, sino que se estaba relamiendo con su precum.
Lanzó a Joe de espaldas contra la hierba alta que les rodeaba. Joe cayó bocarriba y se apoyó en los codos. Heath colocó la cabeza a la altura de su entrepierna y empezó a chupársela. Le encantaba ver a ese tio musculoso y potente comiendo rabo, mirándole a los ojos, ver esa cara tan guapa, esos musculazos, lo bien que lo hacía, jugueteando con el pellejo de la cola de Joe, mordisqueando la piel para envolverle el cipote estirándola hacia arriba como si fuera chicle.
De pie y mirando hacia el buga, Heath se puso detrás de él. Le giró la cara para besarle a la vez que le abría el ojete deslizando la polla dura entre sus muslos. Qué bien se le daba eso. Entonces Heath dejó de besarle, pero permaneció con la cara pegada a la suya. Vio su mirada, el deseo en su rostro. Estaba concentrado agarrándose el rabo y buscando el agujero de entrada. Lo encontró y le penetró sin condón gimiendo de gusto.
Joe miró hacia atrás. Se encontró con su mirada, con sus ojazos tan cerca de él. Pudo sentir su aliento encima. Se había pasado la camiseta por detrás del cuello, dejando a la vista su tremendo y musculado torso, con unos pectorales de infarto. Estaba potente, estaba cañón. Usaba la fuerza de sus piernas, de sus caderas y de su culo para devolverle una y otra vez a un mundo de fantasía, de sueños húmedos.
Que era suyo Joe bien lo sabía, pero por si no le había quedado suficientemete claro, Heath le envolvió rodeándole con los brazos, estirándolos a cada lado de su cuerpo y aferrándose a la parte de atrás del buga. Ver esos brazos fuertes a cada lado, atrapado, le hizo sentir vulnerable, dominado. Con gran habilidad y una energía propia de un empotrador dominante, Heath salió del interior de Joe y se repatingó en la parte de atrás de la camioneta, haciendo un gesto a Joe, que ya sabía lo que tenía que hacer cuando Heath se ponía en ese plan.
Se subió de pie a la parte de atrás, plantó los pies a cada lado de la parte externa de los muslos de Heath, le dio la espalda, hizo una sentadilla cogiéndole el rabo todo lo largo y duro que lo tenía, dirigiéndolo hacia la entrada de su ano y se lo tragó enterito sentándose encima. Fue subiendo y bajando el culo, pajeándola. A Joe se le puso tan dura al hacerlo que tenía ya la raja del cipote reluciente, perlada de precum.
Le encantaba bombear esa pollaza, hacerle sufrir, ponerle contra las cuerdas. La mayoría de las veces que le hacía eso terminaba preñándole sin poder aguantarse las ganas, pero esta vez, en plena naturaleza, pareció tener más agallas porque le duró el asalto completo. Ocupó el lugar de Heath abriéndose de piernas para él en la parte de atrás. Heath se las separó aún más con las manos y le penetró.
Los ojos de Joe no paraban de repasar de arriba a abajo al tio que tenía delante. Su guapísima cara, el rubos en sus mejillas, sus pectorales, sus abdominales, sus brazos, sus manos, su polla. Una alegría para la vista en toda regla. Heath siempre se guardaba en la recámara una más y cuando parecía que iban a acabar en la cama en una postura, siempre se las ingeniaba para retorcerle la mente y brindarle la guinda final que le sorprendiera.
La de esta vez fue volver a echarse en la parte de atrás del buga. Joe le cabalgó de frente. Se fijó en que Heath elevaba el culo mientras Joe se los pajeaba con el pandero. Tenía la polla durísima, estaba cachondo a tope. Joe no recordaba haberlo visto así jamás, en plan tope cerdo. No paraba de mirarle el rabo, de inclinarse hacia él con la boca abierta y la lengua por fuera esperando el momento en que él se corriera. Joe no pudo aguantar más, se puso de pie, aflojó las rodillas y empezó a soltar toda la lefa que cayó a lingotazos sobre la lengua, la boca y la barba de ese cabrón dejándosela llena de pegotes de su semen.
Era todo tan cerdo que le volvió loco de amor por Heath. No podría olvidarle mirándole a los ojos mientras le rellenaba la boca de leche y se la tragaba, mientras le chupaba el rabo recién corrido todavía soltando carga. Joe volvió a tomar asiento sobre sus piernas, clavándose una última vez su formidable pene. Ahora saltaba pero a la vez veía la cara de Heath con su lefa encima, algo que solo podía ocurrir entre hombres.
A veces Heath solía sacársela para correrse, pero esta vez Joe estaba tan contagiado por la cerdada que acababa de hacer Heath que se dejó llevar. No le dejó salir. Heath le miró a los ojos y lo supo, que no le iba a dejar, así que abrió los ojos al sentir el placer de su leche inundándole el culo, su pene expandiéndose y bombeando lefa, ciñéndose aún más al interior de ese ano mientras lo hacía.
Joe levantó el culete y cagó leche a tope a goterones que cayeron sobre el rabo de Heath y sobre la parte de atrád del buga. Se sentó sobre la polla, obligándole a metérsela una vez más. Heath terminó con la polla, las pelotas y los pelazos llenos de lefa. Joe se inclinó para besarle. Sonrió al ver su propio semen chorrerando por esa barba de macho. Era una sensación tan cerda que embriagaba.
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