Roxas Caelum mete su largo y enorme pollón negro en el culazo blanco del irresistible Matthew Ellis | Falcon Studios & ASG Max
Hot AF!
Por un momento fue como si en aquella casa no hubiera nadie más que ellos dos, Roxas Caelum y Matthew Ellis mirándose, gustándose y besándose. No había más chavales alrededor con un vaso en la mano, no había ruido ni música, aquello no era una fiesta. Pero lo era, y en cuanto se les empezó a poner dura y no pudieron ocultar lo que sentían debajo de las bermudas, se cogieron de la manita dispuestos a darse una oportunidad en la intimidad de la habitación más cercana que encontraron.
La cama era grande. Matthew se giró y vio a ese chulazo negro a su lado, que le sacaba media cabeza de altura, fuerte y musculoso bajo esa camiseta de tirantes blanca que remarcaba el color de su cuerpo. Imaginó que un tiarrón así necesitaría una gran cama para hacer las cosas como debía. Con esa cara y ese cuerpo, fue fácil rendirse a sus encantos. Roxas no perdía el tiempo, no, el tio fue a por todas y empezó a meter mano a Matthew por detrás de los pantaloncitos, achuchando sus nalgas con esas manazas grandes y fuertes.
Lo atrajo hacia él, haciendo que Matthew notara el bulto de su polla frotándose contra el suyo. Roxas se deshizo de su camiseta y Matthew tembló de gusto al ver aquello. Impresionante. No tendría problemas en abrirse de piernas para él y regalárselo todo. Estaba deseando ver qué tal por delante. Con nervios e impaciencia le fue bajando las bermudas. La hostia puta, podía ver el pedazo de pollón pero no tenía fin. Tuvo que bajárselo hasta casi las rodillas para que saliera.
En su vida había visto una tan larga y grande. Era como dos o casi tres veces la suya. La agarró por abajo y se la empezó a masturbar. Menuda porra. El ojete le latía y el calor comenzaba a apoderarse de su cuerpo. Se quitó la camiseta, se quedaron desnudos y se fueron a la cama, donde Roxas se tumbó a la bartola y Matthew se quedó a cuatro, metiéndose ese pollón en la boca.
Tras una primera calada, se la sacó, la pajeó y la miró de cerca. Impresionante. El contraste de la polla larga, gorda y negra contra su cara blanca y guapa era evidente. Un tamaño así asustaba a la par que daba gusto. Fue con tiento, chupando y con buena mano, pero Roxas quería saber hasta dónde podía llegar su nueva pareja de cama. Le plantó la mano por detrás del cogote, empujó y Matthew aceptó el reto empleando sólo la boca para tragar rabo. Y vaya si se lo tragó, casi enterito.
Joder, qué ganas le entraron de ese macho musculoso, negro y bien dotado. Se fue a por él dando unos pasitos hacia adelante con las rodillas, besándole, hasta dejar su culo en buenas manos, sintiendo cómo la pirula gigantesca se le colaba por la raja. No tan rápido. Roxas quería ver ese culazo. Matthew se dio media vuelta y se lo puso en bandeja en toda la jeta. Toma culo, grande, redondo, blanquito, suave y tierno como el de un chico virgen.
Ojos en blanco, gusto extremo. Vaya que si se notaba la diferencia cuando quien acicalaba tu ojete era un tio de color con buenos labios y buena lengua. Hicieron un improvisado sesenta y nueve en el que Matthew se dedicó a comer polla y Roxas a admirar y dejar preparado el agujero de ese culazo. Los dos estaban bien dotados de lo suyo.
Roxas no dudó en que Matthew estaba preparadísimo para recibir su verga, de todas formas se aseguró de ello dando bien de saliva a ese hueco, frotando su pollón contra la raja del culo, calentándolo, haciendo que la deseara tener dentro. Matthew ya estaba más cachondo que una perra en celo, revolviéndose contra el colchón, deseando que se la metiera.
Por si quedaba alguna duda de las ganas que le tenía, se llevó las manos al culo y expandió hacia afuera sus nalgas para que lo enfilara de una puta vez. Roxas soltó un último gapo desde arriba directo al ojete y se fue trabajando el agujero a pico y pala, primero metiendo el cipote, sacándolo, volviéndolo a meter, así una y otra vez hasta que se la metió entera en barra y sacó un sonoro gemido de placer a Matthew.
Le dio por culo y a pelo. Ese culazo era flipante y la pareja que hacía con su pollaca negra aún más. Los tios solían decirle que parara en ese momento, pero Matthew al contrario, a pesar de sus gemidos de locura, pedía más. Roxas se lo dio. Se puso en postura de flexiones sobre él impidiéndolo escapar y siguió dándole caña, penetrándolo, taladrándolo desde arriba.
Le hizo sudar un poco el cabrón. Estaba delicioso ahí bien plantado bocabajo, recibiendo rabo, su cuerpo musculoso y blanquito de bruces contra las sábanas. Roxas acabó exhausto, tumbado sobre la cama, pero Matthew no le dejó tiempo para recuperarse. Enseguida se sentó sobre sus piernas mirándole de frente y se cabalgó su flipante pollaza.
Su rabo y sus cojones blanquitos sobre ese torso atlético. Empleó posición en cuclillas y saltó para tragar polla. Roxas cogió fuerzas y le dio también una buena enculada desde abajo. Matthew dejó caer su cuerpo, completamente enamorado, acariciando la barbita en la cara de Roxas, besándolo. Se abrió de piernas para él y disfrutó de las vistas.
Un tio negro guapo, fuerte, cachas, de cuerpo atlético. Se fijó en el reflejo de la luz sobre sus hombros redondeados, sus biceps, los pezones en sus anchos pectorales. Nadie le había perforado el ojete del culo como lo estaba haciendo él. Gracias a la longitud de su polla, estaba llegando a lugares inexplorados. Roxas no paró ni un segundo de meterla.
No estaba seguro de si la había sacado a tiempo, porque nada más separarla del ojete, antes incluso de sostenerla en su mano, ya había soltado un chorrazo. El resto de los lefazos los dejó caer sobre el cuerpo de Matthew. Volvió a metérsela por el culo para que Matthew se corriera. Tras desahogarse, Roxas se inclinó para besar a Matthew, que alargó un brazo y paseó su mano por las nalgas musculosas del culazo negro de Roxas. El tio todavia estaba dentro de él, con la polla dura. Abandonaron la cama en dirección a la ducha, una cama con las sábanas arrugadas y olor a follada entre tios.









