Allen King se come el pirulón de Jolian, se deja follar el culito a pelo y presencia su copiosa y potente corrida | Falcon Studios
The Whole Package
¿Qué significaba que un tio se relamiera los labios cuando íbais acercando posturas? Allen King tomó este gesto de Jolian como una declaración de intenciones y se lanzó a probar sus besos. Ese primer contacto les gustó a los dos y enseguida iniciaron el apareamiento, abandonándose a un morreo con lengua, dejándose los morritos bien empapados tras intercambiar tanta saliva.
Que a Allen le iban los tios con buenos rabos no era algo nuevo y de Jolian había escuchado que la tenía tan larga que era una fantasía, así que estaba deseando descubrir si la leyenda era cierta. Sin miramientos, le colocó la mano en todo el paquete y de alguna forma comenzó a intuir que algo de cierto habría en todo aquello que se rumoreaba, porque al abarcarlo con toda la palma de su mano, comprobó que el rabo le daba la vuelta por debajo de los cojones y esa proeza sólo era posible en hombres muy bien dotados.
Metió la mano por debajo de los calzones y ratificó esa leyenda. Joder, si es que de alguna forma ya podía intuirlo en las manos de ese cabrón, fuertes, con dedos gruesos, masculinas. Su rabo no eran sino una extensión a mayor escala. Después de esnifarle el sobaco y deleitarse con su pechote peludo y fuerte, se agachó y se preparó para hacerle la sacada de chorra.
Lo que le gustaba a Allen sacar un rabo de los calzones y verlo rebotar delante de su jeta no era ni medio normal. Tiró fuerte de la goma de los de Jolian y lo que vio le encantó tanto que se le dibujó una sonrisa de júbilo en la cara. La diferencia de Jolian respecto a la mayoría de tios, es que, en lugar de tener el tono de la piel del rabo más moreno que el resto del cuerpo, la suya era blanquita, más clara que su bronceado general.
Esta pequeña diferencia hacía que su polla destacara colgando entre sus piernas con respecto a todo su cuerpo. Vaya que si la tenía larga, de hecho Allen opinó que lo que había llegado hasta sus oídos se había quedado corto. La tenía morcillona, los huevos bien acoplados a la entrepierna la empujaban un poco hacia arriba, tenía capuchón alrededor del glande pero no del todo, una pequeña abertura dejaba a la vista la raja y parte de su cipote rosáceo que, dicho sea de paso, estaban muy bien lubricados de forma natural.
Por eso sonreía también Allen, porque ya podía visualizar en su mente cómo ese tio podría metérsela sin condón. La enderezó hacia su boca y probó esa delicia. Todavía estaba blanditas, pero era más gorda de lo que parecía a simple vista. Pocos tios habían rellenado la boca con su rabo tan bien como Jolian. Allen estaba impresionado a medida que la chupaba, como si esa minga no tuviera fin y encima, según iba mamando seguía creciendo.
Mirar hacia arriba solo alimentó sus ansias por comérsela. Jolian estaba tremendo, marcando abdominales en ese torso musculoso. Le succionó los huevos uno a uno mirándole a los ojos, empezando a sentir esa conexión que le tenía decidido a entregarse. Y así lo hizo, donó su culete para una buena causa poniéndose de rodillas en la silla, mirando hacia el respaldo. Jolian metió los morros en la raja, sacó la lengua y le hizo un buen trabajo.
Cuánto se parecían los ojos, el del culo y los de la cara. Aunque el de ahí atrás no tuviera pestañas, los pelitos que había alrededor ejercían esa labor, haciendo que el ojete se cerrara en banda en cuanto notaban un ser extraño en las inmediaciones. Con lo que ellos no contaban era con que Jolian era más listo que ellos. Se ganó su confianza y lo que empezó con pequeñas cosquilla aleteando con la lengua alrededor de su agujero, acabó con la lengua dentro, folládole el culito.
La lengua conseguía milagros, pero una buena polla acariciando la entrada cumplía sueños inimaginables. Lo cachondo que se puso Allen cuando Jolian empezó a azotarle con su nardo, a pasearlo entgre sus nalgas. Joder, la quería dentro ya y más después de mirar hacia atrás y ver en qué se había convertido esa bicha, en un monumental pollón ahora completamente duro, descapullado, más largo y más grueso todavía.
Se la metió sin condón, con mucho cuidado, dejando que el esfínter de Allen se acostumbrara a todo ese diámetro. Esta apretadísimo. Allen se relajó y fue dejándole pasar hasta que Jolian estuvo lo suficientemente dentro de él como para empezar a darle por culo. Se inclinó sobre la espalda de Allen, le comió la oreja, le giró la cara para besarle y eso le dejó completamente abierto. Ahora Jolian ya podía joderle a base de bien.
Su polla entraba y salía fina de ese precioso culo. Jolian dio gracias por tener ese pedazo de rabo para poder follarse así culazos como el de Allen, dando duro, sin preocuparse porque se le saliera cada dos por tres al aplicar tanta fuerza. Allen participó de ese robo por detrás, haciendo que Jolian se quedara quieto y culeando hacia adelante y hacia atrás para tragarse esa larguísima polla.
Subido con los dos pies a la silla, uno a cada lado de las piernas de Allen, Jolian le penetró el culo desde arriba, poseyéndolo, protegiéndolo con todas sus ganas, aplicando toda la fuerza de su culo para dejar caer sobre ese culo el peso de su cuerpo. El resultado fue el de unas vistas genuínas, el culazo blanco y redondo de Jolian cayendo desde arriba a saco, chocando sus pelotas entre las nalgas de Allen y metiendo toda la barra dentro de su ano. Así una y otra y otra vez a un ritmo embriagador e hipnótico.
A Jolian le dio por agarrar a Allen por las caderas según se lo estaba follando. La mano se le escapó un poco más hacia adelante y sin querer terminó sobando el paquete de Allen. Se le había salido la polla por encima de la goma y la muñeca de Jolian acababa de pasar rozándole. Así fue como Jolian descubrió que no era el único bien dotado de la sala. Allen se giró, se quitó los gayumbos y mostró a Jolian lo larga y bonita que la tenía.
Ese descubrimiento dio paso a un cruce de pajas y a una cabalgada. Si a Jolian también le iba lo de ver rebotar rabos entre las piernas, iba a tener su dósis de entretenimiento. Allen se clavó su pija a pelo dándole la espalda y empezó a saltar sobre ella, dejándose la suya suelta. Enseguida la estancia se llenó con el sonido del impacto del rabo de Allen contra su vientre cada vez que saltaba.
Jolian no podía estar más entre la espada y la pared. A ese sonido se unía la visión de ese culo subiendo y bajando sobre sus piernas, devorando su tranca. Abrazó a Allen y le hizo caer sobre su torso follándoselo en volandas, empotrándole desde abajo con unas buenas enculadas. Tras ese brote de ira, llegó un rato de calma. Allen volvió a chupársela y Jolian se la devolvió, colocándose a cuatro y metiéndose en la boca por primera vez la hermosa pollaza de Allen, larga, dura, venosa y tan agradable a la vista.
Allen volvió a la carga cabalgándole, esta vez de frente, pajeando el pollón con su culazo blanquito y redondo. Arriba y abajo, arriba y abajo, el calor de los cojones de Allen aplastaditos en su vientre, su larga cola acariciándole e impactando encima de él. Jolian ya no sabía dónde meterse, dónde mirar, en qué pensar, solo sabia que los huevos se le estaban inundando de leche por culpa de ese cabrón, porque estaba buenísimo y tenía un culo hecho para deslechar rabos.
La única salida fue darle la vuelta a la situación. Le cogió en volandas y, sin salir de su interior, le tumbó bocarriba y le hizo la clásica del misionero, inclinándose hacia él, besándole, frente con frente, mirándose a los ojos, los dos borrachos de placer. Le dio por culo una última vez, dejando que se aferrara fuerte al respaldo del sofá. Allen empezó a meneársela efusivamente, dándole rápido y fuerte a la pija.
En cuestión de segundos, la tapicería se llenó de semen, el flujo de lefa que acababa de salir del pollón de Allen resbalaba por el cuero rojo. Jolian se la pajeó encima de la cara ladeada de Allen. Este le estaba comiendo los huevos, pero en cuanto Jolian gimió, los dejó abandonados para abrir bien la boca y sacar la lengua a ver qué pillaba. Lamentó no haberse puesto de otra forma, porque los manguerazos que soltó Jolian por la polla fueron la rehostia.
Uno, dos, tres géiseres, cada vez con más fuerza y potencia, la paja salía despedida de su rabo a varios metros de altura y de distancia. Allen apenas tuvo la suerte de cazar los últimos retoños, los últimos brotes de esa copiosa corrida. Joder si hubiera puesto la cara de frente, la que le habría caído encima sintiendo los chorrazos de semen golpeándole con toda su fuerza. Y aún así el cabronazo le había dejado unas buenas perlas dentro de la boca, en tal cantidad que en cuanto Allen la cerró, la leche brotó de sus labios. Allen le chupó la polla corrida y se abandonaron a un beso suave, intercambiando ese delicioso esperma entre sus bocas.









