Johnny Donovan y Oliver Marks se hacen un flip-fuck sin condones | Next Door Studios X ASGMax
Member Fantasies: Just Your Size
A lo mejor Johnny Donovan podía ayudarle de alguna forma ya que estaba allí y es que precisamente Johnny tenía más o menos la misma altura y complexión corporal que el novio de Oliver Marks, al que quería regalar unos calzones. Quizá si se los probaba, así podía comprobar si eran de la talla adecuada. No llegó a entender por qué Johnny se quitó la camiseta cuando lo único que tenía que hacer era bajarse los pantalones, pero agradeció el gesto porque menudo torso tenía, musculadito y atlético, muy agradable a la vista, tanto o más como su verga, larga y bonita colgando por delante de los cojones.
Sin duda estaba mejor dotado que su novio y no eran pocos los gayumbos que tuvo que probarse para hacerle el favor. Cada vez que le observaba bajándose unos para ponerse otros, con el rabo campaneando entre sus piernas, más se enamoraba. Sí, Oliver era un chico fácil, podía tener novio, pero eso no quitaba que se fijara en otros hombres, sobre todo si estaban de tan buen ver.
De tanto meter y sacar el rabo en las hueveras, rozándose con la tela, Johnny se puso contento. La polla se le puso bien dura y pidió perdón a Oliver, más que nada porque decoró alguna que otra prenda íntima con su precum. Nada de pedir perdón, Oliver se levantó, colocó las dos manos alrededor del cuello de Johnny y le robó un beso. Al acercarse tanto, pudo notar la erección rozándole el muslo. Qué dura y qué grande. Eso hizo que se le abriera de par en par el ojete.
Miró hacia abajo y se encontró con el torso desnudo de Johnny. Sus pectorales y su six-pack le dejaron loco. Justo en ese momento Johnny le besó el cuello y una oleada de felicidad recorrió a Oliver de pies a cabeza. Posó las manos en su culazo de macho. Tremendo, luego le bajó los calzones por la parte delantera tirando de la goma y le agarró la polla con una mano. Larga, durísima, toda tiesa apuntando hacia arriba, perfecta.
Se agachó delante de Johnny y empezó a besársela, a lamerla como un helado mirándole a los ojos desde abajo, a darle unos buenos besos de tornillo metiéndola entre sus labios, a levantársela y comerle todos los huevos. Le empujó lanzándole hacia el sofá que tenía justo detrás. Allí siguió comiéndole el rabo pero fue un paso más allá, acariciándole el ojete. Algunos tios se resistían a ese acto de provocación, sin embargo Johnny lo aceptó con agrado y se dejó llevar, abriéndose de piernas y dejando que Oliver se propasara con el agujerito de su culo.
La sonrisa de tontorrón que se le dibujó en la cara cuando Oli metió la yema del dedo más de la cuenta, era digna de foto. Si Johnny la tenía guapa, Oliver no se quedaba atrás. Johnny le devolvió la mamada con creces, descubriendo que el zagal tenía una tremenda pija para su edad, más tocha que la suya todavía. Se entretuvo en la entrepierna de Oli más de la cuenta y es que el chico tenía unos buenos atributos para perder la cabeza entre ellos. Polla grande para mamar sin parar, unos buenos cojones bien marcados con los que juguetear succionándolos de uno en uno y qué culete tan hermoso, grande, redondito y suave.
Tan suave que Johnny no se andó con tonterías. Sí, primero le acarició la entrada, pero al ver lo suave que era y lo tierno que estaba, hundió el dedo y se lo metió hasta el fondo, logrando que Oliver lanzara por su boca un gemido de placer. Abandonó la polla para dedicarse al culo dándole bien de lengua sin parar, escupiendo, lamiendo, metiendo la puntita.
«¿Quieres que me pruebe algo más?«, preguntó Johnny. «Sí, pruébate esto«, le contestó Oliver cuando Johnny tomó asiento en el sofá pajeándose y lubricándose la polla con su propia saliva. Hizo una sentadilla sobre sus piernas dándole la espalda y se calzó su polla sin condón dentro del culo. «Encaja perfecta«, le soltó Johnny por toda respuesta al ver ese pedazo de culo bajando y haciendo desaparecer su pene erecto.
Qué apretón, me cago en la puta. Johnny tuvo que respirar hondo y pensar en otra cosa para no correrse al ver ese par de bombonas jodiéndole la verga con descaro. Venga, pasará, se dijo a sí mismo Johnny, aguantando los machos. Pero cuando se hubo acostumbrado a la visión de ese culo bombeando su pija, de repente empezo a notar los latigazos del pollón de Oli, que la tenía bien grande, fostiándole las bolas y acariciándole la parte interna de los muslos.
Se giró un poquito para verla ahí danzando. Menudo espectáculo para la vista, el pollón de Oliver sin una mano que lo domara, como un potro salvaje en un rodeo, bien larga, gorda y pesada brincando desbocada entre sus piernas y sus cojones por detrás bailoteando. Por eso cuando Oliver se echó hacia atrás y este le susurró a la oreja «dame tu culo«, no pudo decir que no.
Se puso a cuatro en el sofá, mirando hacia el reposabrazos. Su culo era perfecto, blanco y redondito, digno del de un futbolista. Oliver metió los morros y se lo trabajó antes de ponerse de rodillas detrás de él y penetrarle a pelo. La tenía tan gruesa y Johnny estaba tan cerrado que entró ajustadísima, pero nada que no pudiera resolverse con un buen escupitajo certero dirigido al rabo, después del cual la follada fue viento en popa.
Hasta Oli se sintió mal después por no acordarse de su novio cuando Johnny reclamó de nuevo su lugar, le lanzó bocarriba en el sofá, le abrió de piernas y se lo folló. Nadie podía reprochárselo, porque el chulazo que tenía encima era para admirar durante horas sin cansarse. Guapo, ojazos claros, el flequillo de su pelo meciéndose por delante de su frente, unos abdominales perfectos que se le marcaban más por el esfuerzo de meterla. A trabajar, cabrón.
Contra esas vistas no se podía luchar, así que Oliver tiró de polla agarrándosela fuerte con la mano. Ni siquiera tuvo que meneársela, pues el movimiento de la follada ya le daba el meneíto que necesitaba para satisfacerse. Más de siete lefazos salieron despedidos por la polla alcanzando su entrepecho, dejando un reguero de semen desde sus pectorales hasta los pelos de la polla.
Johnny aguantó un ratito más dentro de él antes de sacar la polla y correrse con un primer lefazo que se unió a los de Oliver, seguido de un montón de leche blanca y espesa que proliferaba por la raja de su cipote rojizo y descapullado como si fuera lava, dejando un buen charco con ella sobre el vientre de Oli y su ombligo. Al acabar, Oliver le alcanzó unos gayumbos para que se los pusiera. «Pero si son de tu novio, ¿no?«, le preguntó. «Sí, pero puedo compartirlos«, le contesto. Sí, por suerte para los hombres de esa ciudad, Oliver se dejaba compartir.
VER A JOHNNY DONOVAN Y OLIVER MARKS EN ASGMAX.COM
VER A JOHNNY DONOVAN Y OLIVER MARKS EN ASGMAX.COM







