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Leo Levine y Oliver Marks seducen a su entrenador de lucha libre Brody Meyer para que se folle a pelo a uno de ellos | MEN

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Antes y después de practicar la lucha libre, a Leo Levine y a Oliver Marks les gustaba hacer otro tipo de deporte, uno muy nacional, el de darle al piqui piqui. Juntos en las taquillas de los vestuarios, poniéndose el traje de deporte, normal que salieran con unos buenos paquete marcados al tatami, después de rajar sobre su entrenador Brody Meyer, al que considereban un Dios en persona.

Un daddy atractivo, cachas a tope, con unos biceps de traca y unos pectorales que casi luchaban por arrancarle la camiseta de tirantes blanca que llevaba puesta, cual hombre lobo. Estaban seguros de que ellos la tenían más larga pero también de que su entrenador tendría que tener entre las piernas una polla grande y gorda como ella sola. Y lo mejor es que se ponían cachondos de sólo pensarlo, deseando que un día se metiera con ellos en las duchas y poder vérsela.

Era normal que los chicos empalmaran durante la práctica. Te gustaran o no los tios, ver una minga revolverse en el frontal de un traje tan ajustado, marcando su forma, ciertas posturas que invitaban a fantasear, y tanto contacto corporal, agarrando al otro del culo y la entrepierna, tocando ciertas partes de la anatomía masculina de tu rival que en otros deportes no tocarías, acababa por dejarles a todos en algún momento expuestos.

A ellos se les levantaba y al entrenador también al ver toda esa coreografía entre dos jovencitos con esos culitos tan ricos marcados y sus rabos formando unas buenas tiendas de campaña. Quizá Leo y Oliver no tuvieran que esperar mucho para ver la tranca a su entrenador. No le hicieron sentir incómodo al ver que la tenía empalmada, diciéndole que era normal entre tios, pero lo que no iban a hacer tampoco era desaprovechar la ocasión.

Se dedicaron a hacer movimientos mucho más sugerentes que dejaran sus culos bien visibles, de hecho Oliver se quedó tumbado bocarriba en el suelo con las piernas abiertas. Brody no se resistió a ese jovenzuelo y su carisma, ni a la sonrisa de esos dos pillines que le estaban buscando las cosquillas. Se arrodilló frente a Oliver, palpó con la mano su raja produnda y caliente y le desgarró el traje dejando a la vista su tremendo culazo redondo, blanco y despampanante.

Joder, qué puto calor le entró a Brody, uno que le obligó a sacarse la chaqueta del chándal, la camiseta de tirantes y bajarse los pantalones, mostrando a esos dos zagales su tremendo pito, largo, grande y grueso todo bien duro. Volvió a ponerse de rodillas frente a Oliver y le clavó la pija de una tacada, blandiendo su precioso culazo a pelo.

Qué buen apretón. Empezó a follárselo con la mirada del chico clavada en él, que estaba sorprendido por la descomunal pollaza que le estaba entrando por el ojete. Cuanto más perforaba ese ojete, más ganas le entraban de reventarlo. Las enculadas y los caderazos cada vez más fuertes, haciendo que Oliver se meciera en el suelo, el entrenador cada vez más enganchado y enamorado de ese culazo y Oliver disfrutando del fornido cuerpazo de ese daddy empotrándole de lo lindo.

Por suerte Leo estaba a su lado, mirando cómo el entrenador se follaba a su amigo. El pollón del entrenador lo veían grande, pero es que Leo lo tenía más grande todavía. Oliver lo descubrió al ponerse de rodillas entre los dos, dispuesto a hacerles unas mamadas. Al ver salir la pija de su colega cuando este se bajó el traje de lucha, flipó con lo larga y gruesa que la tenía.

Tras ensalivarles las pollas, volvió a abrirse de piernas para que el entrenador se la metiera a placer. Cómo empotraba el cabrón con ese pedazo de culo de macho que tenía, grande y peludete, acoplando el pandero de Oliver entre sus muslos y haciéndoselo bien rico y cerdo en el puto suelo. Leo estaba enganchado con las piernas por detrás del cuello de su colega, cascándosela, mirando cómo Brody se lo zumbaba.

Oliver se puso a cuatro y el entrenador por detrás de él, dándole por culo, gozándoselo con todos los sentidos al verlo tan redondito y sugerente. Leo se puso de pie y le dio de comer rabo a su amigo antes de pensar que quizá podían combinar la follada con el entrenamiento para no perder tiempo. Leo se sentó sobre la espalda de Oliver que seguía a cuatro patas, pasó las piernas por encima de los fornidos hombracos del entrenador y le dejó la polla a tiro para que se la chupara.

Eso sí que fue glorioso, a uno dándole por culo sin condón y al otro mamándole el mástil. La tranca de Oliver salió a relucir en cuanto le dio la espalda al entrenador y se lo cabalgó. Si la de Leo ya era grande, la suya era descomunal. Pollón, pollón, cómo se le meneaba al cabrón entre las piernas, larguísima, gorda, bien dura, con el cipote lustroso de precum y un buen par de cojones colgándole entre las piernas.

Con la boca llena de rabo, el entrenador expresaba con sonidos guturales el gustazo que le daba que ese culazo, esas dos bombonas, le desvalijaran la polla. Entre Leo y él pusieron a Oliver tumbado en el suelo. Brody le abrió de piernas y volvió a follárselo mientras que Leo se quedó pajeándosela encima de la cara de su amigo, poniéndole los cojones en la boca para que se los succionara y magreara bien.

Tan dichoso por la boca y tan relleno el culo, Oliver tiró de paja y se corrió encima con unos buenos chorrazos calientes y espesos de lefa, mojándose los abdominales, disparando hasta sus pectorales. El entrenador hizo un gesto con la cabeza de estos de no poder aguantarse más la leche en las pelotas al ver el torso lleno de semen de ese zagal.

Salió del interior de su culo y se acercó junto a Leo de rodillas, apuntando ambos rabo en mano hacia su cara. Leo fue el primero en joderle la carita a lefazos, uno de ellos salió volando directo al rabo del entrenador, que enseguida dejó caer sus goterones de esperma sobre la boca y los morros del chaval, dando por concluído el entrenamiento.

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