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Diego Sans deja que Jona Ortiz le coma toda la polla en la bañera, se folla su musculoso culazo a pelo y se corre en su cara | MEN

Return Of The Legend

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Una media sonrisa de gratitud se le escapó a Diego Sans al ver entrar en el cuarto de baño a Jona Ortiz. Aparte de la osadía de interrumpir su baño, el cabrón venía con todo, con el plátano cargando bien duro hacia la derecha, dibujando perfectamente su silueta sobre el frontal de los gayumbos, dejando poco lugar a la imaginación. Su batita estaba entreabierta, lo que dejaba a la vista su musculado torso, marcando unos buenos abdominales, con la virilidad de una hilera de pelitos naciendo alrededor de su ombligo e internándose más allá de los calzones, despertando la lujuria.

Se la quitó dejándola caer en el suelo y se lanzó a comer rabo. Diego se la había estado tocando antes de que él llegara, así que la tenía ya bastante dura. El tio se inclinó sobre la bañera, se la enderezó, colocó la mano bajo el culete de Diego y agarrándole también de las pelotas para hacerle flotar sobre el agua y se la empezó a mamar. Sí que tenía hambre. Tras unas primeras caladas succionando fuerte, se fue animando y terminó tragándose la polla entera en cada bocado, rozando las pelotas de Diego con sus labios.

Sin prisas, dejando que las cosas fluyeran de forma espontánea, Diego se acomodó en la bañera a cuerpo de rey, pasándose los brazos por detrás de la cabeza y dejando que Jona se la chupara. No fue consciente de las ganas que tenía de verle el rabo hasta que Jona se puso en pie y rápidamente se deshizo de sus calzones. Gordita y grande, deliciosa. Diego se puso también en pie en la bañera y acto seguido Jona se arrodilló frente a él para seguir haciéndole mamada.

Sus ganas de rabo habían aumentado al ver el cuerpo musculado y de proporciones perfectas de Diego mojado por el agua, todo músculo, hombre de pelo en pecho, un torso a medida para que cualquier tio se volviera loco de atar. Tras unos cuantos cabezazos en su entrepierna, Jona se metió el pirulón por la garganta. La aguantó ahí un rato, soltando un par de arcadas con la polla dentro de la boca, ayudado por Diego, que le atraía hacia su entrepierna colocándole una mano por detrás del cogote.

Esa misma mano fue la que se fue deslizando por su espalda, buscando su trasero, su raja. Diego ya tenía ganas del culo de ese macho, grande y tatuado y Jona se lo puso en bandeja metiéndose dentro de la bañera, arrodillado mirando hacia afuera y dándole la espalda. A medida que Diego iba haciéndole virguerías con la lengua y profundizando en el ojete, Jona se iba abriendo cada vez más, elevando una pierna y colocándola en el borde de la bañera para que su colega lo tuviera más fácil.

Después de tratar ese culazo como se merecía, salieron de la bañera, Jona se colocó al lado de ella, dándole la espalda a Diego, mirando hacia la pared, levantó una piernecita y Diego se la metió sin condón, entera y a la primera, sin apenas esfuerzo. Culo tragón tenía el colega, que se daba palmaditas en el pandero pidiendo que le diera más, con la picha bien dura entre las piernas, rebotando cada vez que Diego le empotraba limpiamente.

Seguro que si hubiera podido tumbarse en el suelo del cuarto de baño, entre las piernas de ambos, mirando hacia arriba, se habría enamorado irresistiblemente del culazo de Diego, redondito, blanco, con la rajita abierta, sus huevos peludos entre los muslos y la barra tiesa dando amor a espuertas.

Del baño pasaron a la comodidad de un sofá. Diego se recostó en él, enderezó su polla y al momento Jona estaba saltando sobre ella, de nuevo dando la espalda a Diego, dejando que este cargara pilas observando cómo su musculoso culado de varón caía  aplomo sobre sus caderas y devoraba toda su verga. La parte negativa es que Diego no podía ver de primera mano en esa postura el torso de Jona, perfecto para meterle una buena corrida encima de lo bueno que estaba.

El cabrón cada vez estaba más creativo y se lo ponía más difícil. Jona era de la idea de que si un tio quería metérsela, tenía que currárselo. De rodillas en el sofá, se dejó caer hacia el suelo entre el sofá y la cristalera de las escaleras, dejando su culo en pompa hacia arriba, lo que obligó a Diego a subirse directamente al sofá y agarrarse a la barandilla para tener una postura cómoda y poder clavársela.

La encontró, le metió dentro del culo toda la polla y amoldó sus caderas a las nalgas, quedándose un ratito quieto dentro de Jona antes de empezar a fusilarlo a pollazos. Fue cambiando marchas, yendo algo más lento cuando le apetecía ver cómo entraba su rabo dentro de ese agujero. Una vez se encontró cómodo, se puso en postura de sentadillas, todavía agarrado a la barandilla que tenía enfrente, acoplando el culazo de Jona entre sus muslos y se la endiñó a pelo, cubriéndole fino por detrás, cascándole las pelotas en la raja del culo cada vez que se la metía.

Por primera vez lo hicieron de frente. Jona separó sus brazos aferrándose a la barandilla, Diego le subió el trasero, las piernas de Jona descansando sobre sus hombros y le dio mucho amor. Se lo folló a saco, dejándose llevar por las buenas sensaciones que tenía al mirar a Jona a la cara. El tio era guapo, atractivo, esa barbita, una sonrisa que invitaba al vicio. No dejó de darle duro hasta sentir la llamada de la naturaleza.

Fue idea de Jona agacharse para recibir la corrida. Acercó la cara al pajote que Diego se estaba haciendo, sacó la lengua y empezó a recibir su merecido. El primer lefazo salió disparado instalándose en su ojo, izquierdo, la ceja, la frente y el nacimiento del pelo, los dos siguientes a la mejilla, un cuarto chorrazo agarró potencia y le desvirgó el ojo y otro más en toda la cara antes de que Jona decidiera comerle todo el rabo y chuparle las penas.

Con la cara más guapa todavía, llenita de lefa, Jona se puso en pie para cascársela y Diego decidió devolvérsela agachándose y poniendo la otra mejilla. Explotó de júbilo superando a Diego en potencia, lanzando un chorrazo largo que salió disparado por detrás del hombro de Diego y que le dejó una buena mecha en el pelo de la cabeza y la barbita, completamente hechizada por el blanco de ese semen calentito. Jona siguió meneándosela y con el movimiento siguió chorreando lefa del pito, que cayó a plomo sobre el pechote de lobo de Diego.

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