Leander y Adam Tyrant se follan el uno al otro sin condones con sus pollas bien grandes y duras | Falcon Studios
The Whole Package
Cacho pectorales que tenía Adam Tyrant, era algo que a Leander le volvía completamente loco y le dejaba fuera de sí. Adoraba a los tios cachas, ahora mismo tenía uno delante de él y de alguna forma su propia naturaleza le llevaba a complacerle, como si le despojaran de su propia voluntad y lo condujeran por un camino lleno de provocación y servidumbre en el que se volvía un auténtico cerdo, levantando el brazo de ese tiarrón y esnifándole el sobaco.
Estando tan cerca, fue inevitable que Leander rozara con alguna parte de su cuerpo el paquete de Adam, apretadito en unos calzones jodidamente ajustados. Con tanto beso y zorreo, a Adam se le puso bien dura, incapaz de contener toda su dote dentro de la huevera, haciendo que su polla dibujara una forma de suculenta banana desde el frontal de los gayumbos hasta la cadera, levantando la goma.
Leander se encargó de sacarla de su encierro y de besarle el cipote, sacando un generoso gemido a Adam, que puso esa cara de tontorrón que sólo los tios sabemos poner cuando nos comen la polla y nos encanta. En lugar de hacerle una mamada al uso, Leander dejó la cara pegadita a la cadera de Adam, se metió un buen trozo de rabo en la boca y le dio succión, sacándole jugo como si se estuviera tomando un biberón.
A la vez que lo hacía, se fue bajando los calzones verdes, que tan bien contrastaban con el pelirrojo del vello de su cuerpo, y se la cascó. Intercaló la succión con unos buenos bocados y una comida de huevos, aprovechando que Adam los tenía bien grandes antes de ceder espacio a Adam para que le devolviera el favor. Abierto de piernas, echó la espalda hacia atrás y se aferró con las manos al sofá al ver que Adam iba a comerle el rabo.
El tio empezó besándole las pelotas, luego subió hacia arriba, echándole el aliento en la polla, rozándosela con su frondoso bigote y acabó jalándosela a mamadas, sacando la lengua para dejar espacio y que ese pollón se le clavara hasta el fondo del alma. Si tios como él se habían preguntado alguna vez si los pelirrojos también tienen los pelos del mismo color en la polla, acababa de obtener la respuesta.
Con la fuerza de sus brazos, Adam agarró a Leander por los muslos y lo atrajo hacia el borde del sofá. Leander se abrió de piernas y dejó su culo a merced de ese gañán, que sonrió de placer y vicio al ver la raja y el ojete, un agujero precioso decorado con algunos pelos. Con la mano, le cogió la polla a Leander y se la forzó empinándola hacia adelante, abrió la boca, sacó la lengua y relamió los bajos de ese cabrón desde el ojete, pasando por sus pelotas y terminando en el capullo.
Mirar hacia abajo fue una locura. Leander podía ver la mirada de Adam por encima de sus pelotas. Su cara era la propia de un tio que se está poniendo las botas, con la cara roja, excitado. Ante la pregunta de si le apetecía comerle el ojal, Leander dijo que sí. Al momento tuvo a Adam sentándose encima de su jeta, las nalgas de ese macho desplegadas a cada lado de su cara. Sacó la lengua y se puso a escarbar.
Sus grandes bolas fueron su siguiente objetivo. Teniéndolas a tiro nol podía dejarlas escapar, así que se las fue metiendo en la boca una a una y luego haciendo espacio a las dos juntitas, cojones suavecitos, livianos pero bien grandes. La penetración fue gradual. Leander se puso a cuatro en el sofá, Adam le metió la polla por detrás y fue él quien se tomó su tiempo para ir encajando el pollón dentro de su culazo redondo y blanquito, meneándolo lentamente hacia adelante y hacia atrás, haciéndole hueco para pasar.
Cuando sus nalgas rozaron por fin las caderas de Adam, se sintió por fin preparado para ser follado. Adam arrancó penetrándolo lentamente y fue incrementando el ritmo a medida que notaba que el ojete de Leander se expandía y se acomodaba a la forma de su rabo. Acabó cubriéndole por detrás, subido con los dos pies al sofá, cobijando el culete entre sus muslos y dándole cera, estampándole todas las pelotas bailongas contra en pandero.
Desde el principio, aquello había sido un toma y daca. Tú me comes la polla, yo te la como, tu me das lengua al ojete, yo te la doy, tú me follas, yo te follo. Adam se abrió de piernas como correspondía y dejó pasar entre ellas a Leander. El cabronazo la tenía tan gruesa que sintió una especie de desgarramiento ardiente del ano acompañado de un gusto infinito que le dejó con los ojos en blanco.
Lo que más le gustó, aparte de ese miembro grande en el interior de su culo, fue ver a Leander descontrolado encima de él, enfocado en sus sentimientos follariles, con todos los músculos en tensión, incluso sacudiéndose la cabeza, como si estuviera borracho de sexo e intentara focalizarse. Se suponía que Adam era el más cerdo de los dos, pero Leander le desmostró que podía igualarle, soltándole un buen gapo en toda la boca, uno que compartieron con ganas.
Se lo había ganado a pulso. Si ya frente a frente Leander había demostrado ser un cabronazo empotrador, qué no sería capaz de hacer dando por culo. Adam se lo puso a huevo y de qué manera comenzó la jugada, con el miembro duro y caliente de Leander paseándose por su raja, soltando una gota de precum justo antes de penetrarle sin condón.
Un culo tan exigente como el de Adam no era sencillo de dominar. Leander le penetró flanqueándole desde todos los costados mostrando su valía. Con el ojete todavía abierto, Adam se dio la vuelta, se inclinó y le besó la polla rechupeteándole el cipote. Hubiera sido una pena acabar en ese momento a pajas sin darse el gusto de ver bailar ese pollón gordo y grande sobre su vientre, así que se tumbó y dejó que Leander encajara la última pieza del puzle, dejándole cabalgar sobre su rabo y así poder ver cómo se le mecía entre las piernas y le arreaba unos buenos hostiazos encima en cada salto.
Sentir el roce de ese pene caliente sobre su abdómen fue una locura. Leander se la agarró con la mano, se le puso durísima y le empapó los abdominales con su leche. Adam todavía tenía el culo de Leander clavado en su rabo, con una mano se lo levantó, le sacó la pija y se la meneó, rociándole el ojete con su semen. En un acto reflejo masculino, la naturaleza le llevó a clavarla de nuevo dentro del agujero.









