Zander Fly lleva a Ken Ott al límite metiéndole una generosa follada a pelo | Falcon Studios
Prime Time
Lo que más atraía de Zander Fly a Ken Ott eran esos ojazos azules y la fuerza y la decisión con la que le cogía con ganas en la cama a cada momento. Le molaba su musculatura, cómo se colaba entre sus piernas, le besaba y le hacía suyo simulando que se lo follaba aun teniendo todavía los calzones puestos. Qué fácil era entregarse, sentir el roce de su erección bajo la tela rozándole el culo. Sinceramente, Ken gemía como una zorra, bien caliente, porque es como si se lo estuviera follando ya.
A Ken le gustaban los maromos americanos fornidos, con ojazos y fuertes. A Zander le iban los chavalitos asiáticos con el pelito a lo cantante de k-pop, con el flequillo largo colgando sobre la frente. Juntos hacían buena pareja. El jueguecito acabó cuando el cuerpo musculado y perfecto de Ken sobre la cama, bronceado, se le antojó a Zander, que le quitó los calzones y empezó a chuparle la pirula.
Esa boca. Ken sintió que se derretía todo entero al notar el roce de sus labios sobre el rabo duro, luego su mano acariciándole las pelotas. Qué gustito. Ken la tenía larga y no precisamente fina, pero de un grosor perfecto para permirtir a cualquier tio con agallas colársela por la garganta. Le gustaba que Zander no le hiciera ascos a nada, que a pesar de ser el macho con la voz cantante, no se le cayeran los anillos por chuparla bien. Y vaya si lo hacía bien, hasta se la sacaba de la boca y miraba a Ken a los ojos, sacando la lengua, atosigando con ella la punta del capullo, haciéndole unas buenas virguerías.
Aparte dle pelazo, la cara, los ojazos y el cuerpo de Zander, a Ken le flipaba el tamaño de la verga de su compañero de cama. Le gustaba ver cómo se bajaba los calzones y le colgaba el rabo, largo y bien gordito, como una chistorra con el capuchón puesto y con la piel suave que recorría su pene. Ponerla después dura metiéndola entre sus labios era su actividad favorita, porque ese tio le obligaba a abrir la boca como ninguno de lo gruesa que la tenía.
Y qué cachondo se le ponía cuando se la estaba mamando. Primero aguantaba el tipo a cuerpo de rey, echándose los brazos por detrás de la cabeza, pero luego terminaba alzando las piernas, abriéndose, para que Ken, a la vez que chupaba, le acariciara la raja del culo y le tentara el ojete. Le encantaba meterse entre sus piernas, succionarle las bolas, ver cómo el pollón todo gordo y duro descansaba sobre su vientre y se le ladeaba hacia las caderas.
La pierna sobre su hombro. Cuando Ken la notaba, ya sabía lo que tocaba y es que a Zander le gustaba que se la comieran bien comida. Lo siquiente eran sus manos sobre la cabeza de Ken y después le forzaba la boca, pasando la polla por su garganta, dejándole sin respiración durante unos segundos. Al salir a tomar aire, a Ken se le escapaban todos los espumarajos de saliva por la boca, dejándola bien mojada para el siguiente paso.
A cuatro, Ken recibía los mimos de Zander por detrás. Su lengua húmeda, un dedito, su aliento ardiente de sexo colándose por el agujero. Zander se ponía de rodillas detrás de él y se la clavaba. Ken gemía de gusto al notar cómo le cubría entero, como el que suelta la meada, como el que se desahoga y caga en el váter. Esa pedazo de polla grande y gorda le dejaba bien relleno.
A veces le dolía y hacía que Zander fuera más despacio metiéndola, colocándole una mano en el muslo. Pero Zander casi nunca cedía, la colaba a su ritmo. En el fondo a Ken le gustaban los tipos que no seguían sus órdenes. Pronto, muy pronto, el dolor se convertía en placer y Zander cada vez la metía más rápido follándoselo sin codón.
Nada ponía más a Zander que tener cabalgando sobre él a un chico fuerte y fibrado como Ken, con toda su musculatura bien definida. La redondez de sus hombros, sus pectorales destacados, los abdominales marcados. Era un puto vicio al que se unía el placer de tener su cola larga y dura rebotando una y otra vez sobre su estómago. Que le gustaba gozar de una buena paliza.
Ken haciendo meneos con el culete encajando rabo, aferrado a los pectorales de Zander. Por su parte Zander golpeando con el puño las zonas de la musculatura de Ken que más le gustaban, realizándose visualmente. Joder, que le gustaba ese chico para lo suyo. Le abrió de piernas y le metió una última follada antes de sacar la pirula y correrse encima de sus cojones y su rabo.
Recién descargada, pero todavía mojada, le gustaba volver a metérsela de nuevo y luego salía de nuevo para hacerle a Ken unos deditos y que él también se sacara la leche. Así cariño, dedito en el ojete y el pulgar atosigándote el pezón durito. Ken asintió con la cabeza. Estaba a puntito. Gimió de gusto, echó la cabeza hacia atrás, se dejó la lechada en todo el puño y, con el movimiento, los colgajos de semen salieron despedidos hacia su torso, hacia su entrepecho musculadito. Zander no dejó de meterle el dedo por el ojete mientras se corría. Lo tenía calentito, agradable al tacto y le gustaba forzar la entrada.
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