Troy Daniels se folla a pelo el culazo del poli Brogan e intercambian leches entre sus bocas dentro de la caravana | Raging Stallion X Trailer Trash Boys
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El roce hacía el cariño. En el campamento de caravanas sólo había tios, todo rabos, todos en algún momento necesitados de una boca a la que besar, de un agujero que taladrar. Ningún hombre escapaba al deseo. Sin pibas a la vista para los que les gustara el sexo femenino, al final acababan todos metiendo la polla en el culo de otro tio y lo mejor es que terminaba gustándoles casi tanto o más que hacerlo en la suavidad de un coño aterciopelado.
Había dos por allí que no dejaban escapar la oportunidad. Según se levantaban, ya se escuchaba por todo el campamento el ruido de la caravana meneándose porque estaban follando, incluso a plena vista, en cualquier lugar, se daban el lote sin darse cuenta de que les estaban mirando. Troy Daniels les envidiaba y se le ponía dura cuando les veía hacerlo, porque uno era un negraco alto y cachas que debía tener la polla como la de un caballo y solo de imaginar en cómo se la metería al otro cachorro, le salivaba la polla con un montón de precum.
El que no estaba tan contento era el poli que se pasaba de vez en cuando. Brogan era implacable. Su misión era que se conservara la decencia en el campamento, al menos de puertas para afuera. Dentro de las caravanas podían hacer orgías si quisieran, pero fuera a la vista de todos no. Solo que de pasar por allí todos los días, a él también empezó a picarle la polla y la curiosidad.
Además de pasarse para mantener el orden, su otra misión era la de control de drogas, su parte preferida, porque acababa siempre a solas en la caravana de un tio pidiéndole que se quitara la ropa para ver si llevaba sustancias prohibidas detrás de los huevos o en la raja del culo. Era la primera vez que exploraba a Troy y empezó a palpitarle seriamente la patata al ver cómo se bajaba los pantalones ante su petición.
Llevaba unos calzones tipo slip, blancos. Buenas vistas. Según se bajó los pantalones, el paquete se quedó temblando, con la huevera bien rellena. Brogan supo interpretar bien dónde estaba cada cosa, en su sitio, los cojones y delabnte de ellos una pedazo de tranca que tenía pinta de ser flipante. Al bajarse los calzones, una chistorra gruesa y despampanante salió danzando. Troy se la agarró con una mano, retrajo el pellejo que recubría el glande encapuchado y apuntó al bote para mear.
Control rutinario. Brogan miró a Troy, acercó la mano a sus partes ye le plantó la mano en todas las pelotas. Se suponía que tenía que actuar con tacto, no incomodar al tio, pero al sentir toda la mano llena de rabo y huevos, calentitos y preparados, no se pudo resistir y abusó de su poder sobando todos esos atributos, invadiendo el espacio personal de ese cabrón que estaba buenísimo, con esa cara de malote, cachas y tatuado.
Le robó un beso y lo lanzó contra la cama. Cuántas veces había querido eso, meterse en una de esas caravanas y dejarse llevar. Ahora lo estaba haciendo. Le esnifó las axilas. Le encantaba el olor a sudir de macho. Le subió a camiseta de tirantes blancas por encima del pecho para observar los abdominales, le agarró la polla todavía blandita después de mear y empezó a chupársela mirándole a los ojos, retirándose la gorra de poli con la visera hacia atrás para poder hacerlo mejor.
Rebozó la cara contra los cojones, escupió sobre la polla y se la dejó bien mojada para seguir mamando. El rabo cada vez más largo, más gordo, más duro, el cipote como un retoño, rosáceo del vicio, ya fuera de su capullo. Troy gemía con esa cara de machote con barba, alzaba la vista para mirar cómo se la comían. Durante sus aventuras en el campamento, había aprendido a reconocer el gustgito que daba que te metieran algo por el culo, así que se abrió de piernas y dejó la raja bien abierta a tiro de vista del poli. Brogan se sorprendió, pero no por ello se quedó quieto. Metió los morros y se la empezó a trabajar mientras Troy se despachaba a gusto el rabo pajeándoselo con fuerza y a cada pajeo metía a Brogan un reventón con todos los huevos haciéndolos chocar contra su frente.
Fue como si Brogan viera el cielo abierto por primera vez. Se sentía él mismo, en su salsa, haciendo lo que siempre había deseado hacer, el puto cerdo en la cama. Se llevó a Troy hacia la pared de la caravana, le cogió por el cuello, le miró fijamente a los ojos y le hizo abrir la boca y sacar la lengua para soltarle un gapo dentro que fue recibido con sumo agrado.
Tras esto, se dio media vuelta, se puso de rodillas en la cama y, ayudado por Troy, se bajó los pantalones de poli por la parte de atrás. Un culazo con las nalgas bien grandes y redonditas. Troy se volvió puto loco al ver ese monumento. Empezó a escupirle encima apuntando a la raja, al ojete rosáceo, lo acariciaba con sus dedos para lubricar con su saliva la entrada y los alrededores.
Dio la vuelta al poli, le quitó los zapatos y los pantalones, le abrió de piernas, acercó su trasero al borde de la cama y fue taladrando sin condón poco a poco ese culazo con su enorme polla hasta tenerla toda dentro y gozarlo. Estaba apretadísimo. Comenzó a menear las caderas, sacando y metiendo el rabo, haciéndose un hueco. El poli asentía pidiendo más de eso y Troy se lo dio, subiendo una marcha, luego otra y otra más. Se lo estaba follando a pelo.
El cerdeo iba a más. Brogan estaba que se salía y Troy no era menos. Brogan le puso el culo en bandeja, subiéndolo hacia arriba. Troy se acomodó a esa nueva postura subido de pie en la cama, doblando las rodillas y taladrando ese ojete, chocando todas sus bolas a reventar entre esas sugerentes nalgas cada vez que se la metía hasta el fondo.
Cómo le gustaba a Brogan tener a un tio así de macho fornicándoselo como lo estaba haciendo Troy, en plan salvaje, dejándose escupir, sintiendo toda esa poderosa verga dentro de él. Troy sacó la chistorra del interior del poli, se le quedó danzando toda dura y larga entre las piernas, dando bandazos de lado a lado y le hizo quitarse toda la ropa. Quería verle a cuatro patas sobre la cama, tener ese culo para él y darle por detrás.
La perdió dentro de ese pedazo de culo cuyas nalgas se mecían como los dioses cada vez que le arreaba duro. Los dos estaban sudando ya con tanto meneo. Troy sentía pasión por los culos grandes y ese le llevó al límite. Con cualquier otro habría aguantado más, pero no con el del poli. Sacó el rabo y se corrió encima de su nalga izquierda, dejándole unos buenos pegotes de semen por todo el culo.
Lo recogió todo con la mano intentando que quedara lo menos posible y llevó esa misma mano empapada a la boca de Brogan, que sorprendiéndose a sí mismo de su nivel de cerdaco, sacó la lengua y relamió la palma mojada llevándoselo bien rico en la lengua. Troy se escupió en la mano mezclando saliva y semen y la pasó por los morros de Brogan, dejándole la barba llena de esperma.
Turno del poli. Troy le dio la vuelta y le comió el ojete esperando a que se corriera. Los dedos fueron muy efectivos. Brogan se dejó ir y Troy estaba preparado con la boca abierta y la lengua por fuera para cazar su lefa. Se la chupó sin dejar rastro, cogiendo con la mano lo que había disparado fuera, se puso encima de Brogan mirándole a la cara y le escupió el lefazo encima, pasándolo de su boca a la de Brogan. Se quedaron un buen rato en la cama morreándose, disfrutando de la suavidad de la mezcla de las dos leches entre sus bocas, compartiéndola.
Brogan debía proseguir con el oficio. Se vistió de nuevo de poli mientras Troy le observaba desde la cama, completamente desnudo con la chorra descansando sobre su muslo, ahora bien relajado. Fuera de la caravana volvería a ser el padre de familia, el poli implacable, pero algún día que pasara por allí, que no sería muy lejano, quizá mañana mismo, volvería a sacar su lado más cerdo con alguno de los tios de esa comunidad de rabos.









