Adam Snow hace garganta profunda al rabaco negro y grande del enfermero Sean Xavier mientras el doctor Legrand Wolf penetra a pelo y preña el culito de Noah White en la consulta | Carnalplus
Deeper deep throat vol. 1: Deeper Look
La garganta de Noah White estaba perfecta y la de Adam Snow también, solo que el doctor Legrand Wolf necesitaba todavía asegurarse de ellos con algunas pruebas más. Tumbó a Adam en la camilla con la cabeza mirando hacia él y carraspeando, como pidiendo disculpas por lo que estaba a punto de hacer, se sacó la polla por la bragueta, toda larga, gruesa y morcillona y se la plantó encima de la cara.
Con mucho tacto, Adam empezó a acariciarla, a besarla, a introducirla y acogerla entre sus labios, cada vez tragando un poco más de rabo, hasta que primero su nariz rozó los cojones del doctor y luego ya los tenía directamente encima de ella, calentitos. Legrand cogió el aparato para hacerle una ecografía, para que juntos él y Noah vieran cómo la polla iba entrando por la garganta.
Se apreciaba todo perfectamente, el cipote, la polla pasando por ella. Adam se la tragaba como si no le costara, ni siquiera una arcada ni lágrimas en los ojos. Repitieron la acción esta vez con Adam arrodillado en el suelo de la consulta del doctor. Legrand le colocó el escáner en la garganta mientras se la comía. Ahora eran los pelos de la barba de Adam los que acariciaban los huevazos colgantes del doc cada vez que la digería.
Todo indicaba que la garganta de Adam estaba perfecta, pero aún así el doctor necesitaba asegurarse del todo, así que llamó a un enfermero, pero no a uno cualquiera. Sean Xavier era de todos el que más larga y grande la tenía. Adam le bajó los pantalones verdes y mira que había visto rabos en su vida, bien grandes, pero ese le hizo soltar un «guauuu» al ver esa cola negra, larguísima y gorda, majestuosa, colgando entre sus piernas con unos buenos huevazos por detrás.
Si ya era así de grande morcillona, no quería ni pensar en el tamaño que alcanzaría cuando se le pusiera dura. Adam la cogió con la mano, la sobó disfrutando de su textura, color y tamaño y se la llevó a la boca. Ya con la primera caricia de sus labios empezó a coger forma, se le hincharon las venas. Al estar blandita, pudo comérsela hasta el fondo, hasta dejar que los pelos de su bigote y su barba se confundieran con los de la polla de ese enfermero tan bien dotado.
Amó esa polla como ninguna, le acarició los huevos por detrás atrayéndolo hacia él y la mantuvo todo el rato dentro, sintiendo cómo crecía. Dios, cómo le daba rabo, la nuez de Adam subía y bajaba tragando polla. Cuando se tomaba un tiempo para respirar, lo hacía con la polla en la boca, saboreándola. Adam se sacó el rabo y empezó a pajearse mientras se la comía.
Justo al lado, el doctor se puso cachondo y se le antojó el culito del guapísimo Noah. El soniquete de la mamada y ver esa colaza grande y negra le habían puesto cerdaco. Se escupió en la polla para darse lubricante, acarició el culito virginal y redondito de Noah y enchufó su gran pollón a pelo en ese pequeño agujerito tan apretado. Apenas le había metido la puntita y el chico ya gemía de gusto y dolor. Legrand no quería hacerle daño, pero necesitaba tenerla ahí dentro enterita. Empujó un poco más y casi le había metido ya el pene dentro, porque le estaba acariciando la nalga con sus huevos.
Soltó un gemido largo y profundo, se la sacó y volvió a penetrarle sin condón. Tras unas cuantas veces haciendo lo mismo, por fin pudo empezar a follárselo dándole bien por el culo. Los gemidos de la follada detrás de su cabeza, la visión de esa pollaza negra ante sus ojos. Adam se la metió hasta digerirla entera por la garganta, se machacó su propio rabo y no paró hasta soltar todo el lastre, un montón de lefazos calentitos y espesos que salieron brincando de la punta de su polla mojándole el puño y salpicando el suelo de la consulta.
Qué puto gustazo le daba correrse con una polla bien grande dentro de la boca. Sean apuntó hacia su cara para correrse encima. Un pegote salió mal parado hacia el pecho de Adam, pero el resto ya se aseguró de sacar bien la lengua para que no corrieran la misma suerte. Tras recibir la leche de Sean en ella, cerró la boca en torno al pene recién corrido y volvió a tragárselo hasta las pelotas, dejando que el semen se arrastrara hacia su garganta.
Legrand apretó con ganas el culito de Noah. Así como le tenía de espaldas, le cogió en volandas, agarrándole fuerte por las piernas, cerca de los tobillos. Lo tenía tan anclado en su polla que la postura no supuso ningún problema. Mientras Sean pajeaba al chiquillo y Adam se la mamaba, Legrand le preñó por dentro metiendo unos buenos embistes desde abajo. Al sacar la polla del culo, la leche salió disparada hacia abajo como si le hubieran quitado el tapón que la contenía.
Desnudo, con la porra todavía bien grande recién corrida, Adam necesitó un instante para relajarse. Se tumbó en la camilla viendo cómo el enfermero buenorro y dotado se llevaba a Noah fuera de la consulta y cómo el doctor volvía a ponerse la camisa como si no hubiera pasado nada. Gargantas perfectas, rabos y culito la mar de sanos, con buena calidad en el semen.











