Apolo Adrii seduce al jovencito Hugo Dupre, se lo lleva al estudio, se lo folla sin condón y se corre en su carita guapa | Carnalplus X Twink Hunter

Hugo vol. 1 Discovered

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Las redes sociales. Con ellas Apolo Adrii había encontrado el punto débil de la chavalería para llevarse a un montón de tios a la cama. En cuanto veía alguno que le molaba, donde ponía el ojo, ponía la bala y Hugo Dupre le llamó la atención enseguida por su rollito al vestir, con unas buenas zapas, calcetines casi hasta las rodillas, pantalones cortos de skater y camiseta sin mangas dibujando su incipiente musculatura.

Fue al acercarse a fingir que le interesaba saber la hora cuando se fijó en esa carita guapa y en esa sonrisa que terminó de desarmarle por completo. ¿Cuánto se llevarían, cinco o seis años de diferencia? Le entró un poco más presumiendo que debía conocerle de algo, quizá ser famoso, porque era un chico bien guapo. Al mencionar que tenía un estudio de grabación y que quizá podría hacerle unas fotos para su instagram bien molonas, el chico empezó a prestarle la debida atención. No fallaba. Todos los jóvenes se morían por tener las mejores fotos en el insta y en todas sus redes.

Por si acaso dudaba, ya que no dejaba de ser un extraño que pasaba por allí, le enseñó algunos trabajos en el móvil. Hugo le dijo que no tenía forma de pagarle las fotos, pero Apolo lo dejó estar, se lo haría gratis. Merecía la pena intentarlo con un chico así de guapo, ya arañaría el dinero por otra parte, porque poder regalarse la vista con un cuerpo desnudo no estaba pagado.

No sólo era una cara bonita, sino que resultó tener cuerpazo. Menudo torso atlético y musculado, perfecto. Le convenció de que un poco de aceite corporal quedaría mejor en cámara y aprovechó esa circunstancia para tocarle. Se detuvo en las protuberancias de sus marcadas abdominales, en sus pectorales, se acercó más de la cuenta sintiendo su respiración, tocó más de lo que debía y le miró a los ojos. Algo había, algo había ahí cuando los dos se quedaron unos segundos de más sosteniéndole las miradas y entreabriendo las bocas. El beso entre los dos estaba a punto de caramelo.

Pero Apolo sabía medir los tiempos. Nada le excitaba más que hacer que los chicos le desearan. Volvió a coger la cámara y le hizo más fotos, esta vez con poses sexy, levantando los brazos, enseñando axilas peluditas, biceps de deportista. Apolo volvió a acercarse a él y le preguntó si estaba bien, si quería continuar. El chaval, ante la cercanía de Apolo, pronunció un sí que parecía salir de lo más profundo de su ser. Fue entonces cuando Apolo se dio cuenta de que lo tenía en el bote. Cada vez que se acercaba a su cara y el chaval abría la boca acercando sus labios.

Un par de cobras fueron suficientes para hacer que entrara en su juego. Apolo le cogió el cuello y la mandíbula con ambas manos, obligándole a mirar hacia el frente, se miraron fijamente, humedeció sus labios pasándose la lengua alrededor y le comió la boca frotando su bigotito por esos morritos imberbes. Toda la tensión acumulada pareció convertirse en una agradable experiencia sensorial y la tensión se convirtió en deseo.

Apolo bajó su boca por el cuerpo del chico comiéndole el pezón, respirando el aroma dulzón de sus sobacos sudaditos. Se quitó la camiseta para estar en igualdad de condiciones. El torso de Apolo llamó especialmente la atención de Hugo, que soltó un gemidito al verle desnudo de cintura para arriba. Puede que estuviera acostumbrado a ver a sus compis de instituto en los vestuarios, pero no a ver el cuerpo de un hombre hecho yb derecho.

Sintiendo que tenía que pagar el esfuerzo del extraño fotógrafo de alguna manera, Hugo se agachó y puso la cara a la altura de la entrepierna de Apolo. Su cara a apenas unos centímetros del paquete que estaba completamente inflado. Hugo lo descubrió nada más separar las solapas de los vaqueros. El pollón encerrado a duras penas en los calzones blancos. Frotó la cara por encima, cerdeando. Apolo le paró y tomó la iniciativa haciéndole lo mismo.

Puestos a comparar tamaños, a juzgar por la forma en la que el rabo del chaval tensaba la tela de los gayumbos hacia la parte de la cadera, incluso sobresaliendo de esta, Apolo habría jurado que el cabrón la tenía más larga que la suya. No había prisas, ya tendría tiempo de descubrirlo. Le dio media vuelta y posó las manos en su trasero por encima de los calzones. Tremendo.

Se sentó y dejó que Hugo le agradeciera le esfuerzo. Ahora sí, el chico tiró de la goma hacia abajo y le sacó la polla metiéndosela en la boca. Apolo no podía quitar los ojos de esos labios, de esos ojos, de esa lengüita. Entonces Hugo empujó la cabeza hacia abajo y se la tragó entera. No sólo eso, sino que la dejó un buen rato ahí dentro de su garganta.

Se la sacó de la boca para tomar aire y siguió mamando rabo. Apolo aprovechó para mojar pincel palmeándole la lengua con la polla. El sonido del impacto a mojado se escuchó por todo el estudio. Apolo se levantó cachondo perdido del asiento y tumbó al chaval en él bocabajo, se echó encima de él y comenzó a tentarle. Lo primero que hizo fue despojarle de sus calzones.

Un culito redondito y suave salió a recibirle. Más blanquito que el resto de su cuerpo, destacaba una barbaridad y entraban unas ganas tremendas de joderlo a pollazos de lo bonito que era, pero se contuvo y se lo comió a bocados. Todavía le quedaba una sorpresa por descubrir. Hugo se dio la vuelta y entonces se fijó en su pollón, largo y grueso, enorme, con un buen par de bolas colgando.

Le ayudó a quitarse los calzones sacándoselos por los pies y se detuvo a esnifar la huevera, luego arropó con ellos su pene, se lo pajeó y con el olor a dos rabos le plantó los gayumbos a Hugo en toda la jeta. Mira que Apolo estaba acostumbrado ma las pijas grandes, que la suya era una de ellas, pero lo de ese chaval era bien grande. La enderezó y se la llevó a la boca con ganas.

Menuda polla, estaba durísima y venosa, con el cipote bien lubricado. Entró de lujo. Apolo le quiso demostrar que estaba con el a por todas y le iba a hacer pasar un tiempo inolvidable en el estudio. Acompañó la mamada con una delicatessen, relamiendo y buscando el agujerito del ano del chaval separándole las piernas y elevando su culo. Le metió un dedo por dentro. Estaba cachondísimo el tio. Se dejaba hacer de todo.

Arriesgándose a que un chaval como él de esa edad se le corriera a las primeras de cambio al ver cómo le hacían aquello, Apolo chupó rabo y encontró el momento justo para zampárselo hasta las pelotas sumergiéndolo por el interior de su garganta. La reacción de Hugo fue de un gusto infinito. Apolo confió en que era el primero en hacerle esa virguería y que nunca lo olvidaría.

Para cuando usó mamada y manita y le preguntó si quería que se lo follase, Hugo asintió con la cabeza, totalmente entregado. Elevó las piernas y esperó a que Apolo se preparara. Apolo empujó un poquito de los muslos hacia él para tenerlo a tiro y lo penetró sin condón. Él estaba más alto que el asiento, por lo que Hugo pudo ver la formidable pollaza desnuda de Apolo entrando dentro de él con todo detalle.

Ahora que estaban así enzarzados, Apolo se tomó su tiempo para admirar todo desde arriba. Su polla parecía más gruesa de lo normal entrando dentro de ese culito juvenil y el chaval estaba todavía con la polla bien dura a pesar de la clavada que le estaba metiendo. Hugo alargó los brazos, quería los besos de Apolo, sentir el calor de ese cuerpo sobre él, su respiración agitada, su boca, su mirada, lo quería todo.

El pollón de Apolo era puro vicio. Una vena grande y larga cruzaba todo su pene por la parte de arriba. Que lo tuviera ligeramente curvadito hacia un lado no hacía sino hacer sentir nuevas sensaciones a los que se follaba, ligeramente diferentes a las que hacía sentir una polla recta y normal. La suya era especial y bonita. Hugo se puso a cuatro y se dejó dar por culo. De nuevo su pandero un poco más abajo que las caderas de Apolo, por lo que sintió la perforación hasta las trancas.

Le dejó cabalgar sobre sus piernas. El chico estaba dándole la espalda, pero la tenía tan jodidamente larga y grande que a poco que ladeara la cabeza, Apolo podía ver su miembro viril haciendo piruetas. Hugo estaba a punto de caramelo. En cuanto el chaval se puso a pajeársela dispuesto a soltar la carga de sus huevos, Apolo le culéo a fondo y le pidió que se girara un poquito para ver el espectáculo.

Fuegos artificiales. Hugo se puso rígido un instante, sus abdominales duros y en tensión y la lefa salió disparada a chorrazos de su larga polla, mojando sus muslos, el pecho de Apolo que estaba debajo y hasta el respaldo del sofá. Apolo recogió la leche que pudo con la mano y se la llevó a la boca. Tras pedirle el chico que se corriera para él, Apolo se puso a la tarea.

Hugo puso la cabeza entre sus piernas, comiendo huevo, Apolo se la pajeó duro y un calor y un gusto exquisito le recorrieron todo el cuerpo. Abrió los ojos para ver cómo salían los brotes de leche de su polla bañando de semen las mejillas del chaval, que no se despegaba del rabo, abriendo incluso la boquita para pillar cacho. Al tener la cabeza de lado, el semen se deslizó por la comisura de sus labios introduciéndose dentro de su boca. Le comió todo el pirulón lleno de leche y se quedó un ratito más en el estudio, los dos sobre el sofá, desnudos, sudados, corridos, con las bocas cargadas de semen. Hugo todavía no sabía lo que era enchocharse con un tio, pero estaba a punto de experimentarlo.

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