Adam Snow hace garganta profunda a la larga pollaza de Cole Blue y se folla el culito de Noah White a pelo con su gigantesco pollón hasta preñarlo | Carnalplus
Deeper deep throat vol. 1: Break for Cole
Cuando Adam Snow creía que había probvado de todo en el sexo, resultó que aún le quedaban cosas por descubrir. Joder, desde adolescente siempre le habían atraído los chicos y el sexo, pero desde aquella fiesta de garganta profunda, con montones de chicos jóvenes cepillándose su boca, penetrando su garganta con sus juveniles y largos rabos cargados de hormonas, se había convertido en un auténtico ninfónamo no manual. Sí, ya antes se tiraba pensando en el sexo la mayor parte del día, pero lo de ahora no era ni medio normal.
Cada vez que veía a un chico jovencito que le gustaba, su mente no paraba de pensar en otra cosa. Se ponía nerviosito deseando ver lo que le colgaba entre las piernas y ya podía imaginar su rabo colándose por su garganta. Y si os digo que Adam encima era el entrenador del equipo de fútbol y que día sí día también se la pasaba en la banda del campo viendo esos culitos retoño ajustados en los pantaloncitos cortos, las mingas bandeando en el frontal y a montones de chicos paseándose por los vestuarios y duchándose completamente desnudos, ya podréis imaginar lo ocupada qe estaba su mente pensando en tantos rabos.
Él intentaba separar su vida sexual del trabajo, pero llegó un momento en que le fue imposible, sobre todo con la llegada del segundo entrenador del equipo, Cole Blue. El chaval era jodidamente guapísimo, con esa barbita rubia y el bigote enmarcando sus facciones. Llevaba puesta una boina, lo que a Adam le trajo recuerdos de no sabía bien qué escena de porno que veía de adolescente, en la que un tio se la sacaba en el metro parisino, bien larga y gorda y el tio que iba en el asiento de al lado se inclinaba gustosamente para comerle toda esa tranca.
Sin que se notara mucho, le miraba de reojo todo el rato, descubriendo un detalle cada vez que le ponía más cachondo todavía. Que si la camiseta negra ajustada que le marcaban los biceps, que si los pantalontitos ajustados a sus fuertes piernas. Buff, Adam tuvo que parar un momento de imaginar, se llevó la mano al paquete y se amoldó la polla dentro de los calzones como buenamente pudo.
Pero su mente no le hacía caso, miraba al entrenador y a su cabeza acudían los últimos días, con todo ese grupito de chicos encajando las pollas dentro de su boca y su garganta, pajeándose y soltando el semen sobre su cara. Por mucho que tuviera un portapapeles encima, la tienda de campaña ya estaba montada y era imposible de esconder. Tuvo suerte de que el segundo entrenador accediera a un trabajito manual.
Cómo era posible que de rodillas entre sus piernas, a punto de desabrochar otros pantalones y ver otra polla, después de todas las que había visto estos días, todavía se pusiera nervioso ante este acto. El acto de pasar la mano por su paquete, de tirar de los pantalones hacia abajo llevándose los calzones consigo y ver cómo salía rebotando con toda la huevera colgando.
Al verle el pedazo de rabo que se gastaba, Adam se relamió los labios de forma instintiva y se aflojó el nudo de la corbata para dejar su garganta libre. Dos caladitas paa mojarle el rabo de saliva. El soniquete de los labios rozando su pene, el agradable sonido de la mamada, hizo que los dos se pusieran burros y gimieran de placer. A la tercera, Adam cogió a ese chulo por las pelotas y le comió la tranca entera. Entonces, al sonido de la mamada se añadió otro, el de su garganta tragando rabo.
Relamiéndose con el sabor a polla en sus labios, Adam pidió perdón a Cole, pero la tenía tan dura ya que como no se la sacara le iba a estallar la bragueta. A ver, lo hizo por eso y porque qué coño, a Adam le gustaba alardear de tamaño de rabo. Se sacó la chistorra, gorda y larga como ella sola y se marcó unos molinillos para que Cole viera lo bien dotado que estaba.
Dejaba el cipote entre sus labios y se quitaba un botón de la camisa, le comía la polla y volvía a endulzarle el capullo desabrochando otro botón, así hasta que se quedó sin camisa y sonriendo a Cole, cambió de postura para mamársela. Cole todavía no sabía a qué venía esa sonrisita picarona, pero estaba a punto de descubrirlo. No, hasta ahora Adam no se la había comido entera, es ahora cuando se la iba a comer hasta las trancas. Adam bajó la cabeza zampándose todo el pollón hasta que besó las pelotas del chico y rozó la bolsa de sus cojones con los pelos del bigote.
Eso era tragársela entera. Al sentir su rabo pasando por el lugar más estrecho imaginado nunca, Cole apretó el culete en el asiento y se dejó llevar de gusto. Se quedó alucinando. Su polla desaparecía como por arte de magia dentro de esa boca y por mucho que intentase colocarle una mano en el hombro para marcar el ritmo y parar, Adam no atendía a razones y seguía colándosela hasta el fondo, dejando a Cole ciego de gustazo, con las bolas bien cargadas, seguramente sacando bien de precum.
No llegó a acostumbrarse del todo a la cabeza de ese tio bajando a tope y devorando su polla. Podía sentir el apretón de sus labios, era la primera vez que Cole penetraba una garganta y era jodidamente placentero. Cada vez que Adam se la sacaba de la boca, tomaba aire y con la cara roja y las venas de la frente y el cuello marcadas, volvía a hacerlo una y otra vez sin descanso, aplacando, si es que eso era posible, un apetito insaciable.
El jovencito jugador Noah White no debería haber presenciado aquello. Ver a sus dos entrenadores llevándose tan bien entre ellos, a uno devorando la pija del otro con tantas ganas. Pervertir la mente de un chaval no entraba en los planes de Adam, excepto si ellos daban el primer paso, claro, que tampoco era tonto. No era la primera vez que Noah veía a dos chicos juntos, ya fuera besándose, pajeándose en los baños o follando, pero, hostias, nunca había visto una cosa así, una cola larga y grande entrando por la boca de otro tio y zampándosela hasta besarle los huevos.
Lo que empezó siendo una sonrisita malvada de ya verás cuando el resto de jugadores se enteren de lo bien que se lo pasan los entrenadores en el despacho diseñando jugadas para el siguiente partido, acabó convertida en una mirada de ojos azules de auténtica curiosidad. Era un chico sano, atlético, guapete y curioso. Sus entrenadores ya le habían descubierto espiando, así que por qué no probar. Adam le ayudó enderezando bien la polla del segundo entrenador.
Cuando Noah la tuvo cerca a punto de rozarla con sus labios, pudo comprobar lo grande que era y lo soltó tal cual lo pensó. Se sintió un puto inexperto al abrir la boca a tope y dejar apenas la marca de saliva en un tercio del rabo. Bueno, no pasaba nada, para eso estaban los entrenadores también, para ofrecer su experiencia a jugadores más jóvenes como él.
El secreto, ¿cuál era el secreto para tragar a fondo? Lo primero cambiar de postura. Eso dependía de la forma de la polla bien dura del otro tio. Como la de Cole apuntaba hacia arriba, lo mejor era tragar a favor para que se adaptara a la forma de la entrada de la garganta. Para crear espacio, si el rabo era gordo, que era el caso, sacar la lengua al chupar y por último y lo más importante, no tener miedo, no darfse por vencido, intentarlo una y otra y otra vez y tener mucha hambre de rabo, un hambre insaciable.
Con esos consejos, Noah fue capaz de comerse la polla del segundo entrenador hasta algo más de la mitad y por primera vez sintió un pene deslizándose por la parte alta de su garganta, dejándole sin respiración. Adam rió al ver esos ojazos azules abiertos como platos, la carita de asimbro del chico al sentir su primera polla más allá de la campanilla.
Se sentó a su lado y le bajó los pantaloncitos de deporte. A poco que estuviera cachondo y fuera curioso, se iba a dejar hacer. Dios santo, qué culito tan hermoso tenía ese zagal. Delgadito pero pomposo, muy ajustadito, con dos nalgas redondeadas, un culito capaz de cumplir los sueños de cualquier tio bien dotado. Adam se pensó dos veces si bajar a comerle la raja para preparale. Lo hizo, pero enseguida paró e imaginó cómo sería meterla en ese culo tan adorable sin preparalo antes siquiera a fuego lento.
Le plantó el cipote en toda la raja y madre mía, si ya solo el capullo se la rellenaba entera. Que su padre le perdonara, pero menudo chavalito había creado con sus espermatozoides. Ese culo era demasiado bonito para ser verdad. Empujó hacia adentro metiéndole el cipotón y la mitad de la polla. Joder, así mirando desde arriba era casi imposible pensar que una polla tan gigante y gorda cupiera en ese culo tan pequeño, pero ahí estaba, penetrándole sin condón, deslizando esa barra ingente de carne por el interior de ese culito tierno y virginal, mientras Noah gemía de dolor con la polla del otro entrenador en la boca, sintiendo cómo le desgarraban el ano.
Qué delicia para Adam ver su pollón entrando y saliendo de ese culito, escuchando los soniquetes de la chupadita de Nolah a Cole. Con ese culo tenía suficiente, pero la ninfomanía de Adam no conocía límites, así que se inclinó sobre el chaval e hizo ambas cosas, follarle el pandero a ese granujilla y chuparle la polla a su compañero entrenador comiéndose las babas del chaval y a la vez enseñándole cómo se hacía.
Qué placer, todo lo que necesitaba estaba a su alcance. Si echaba la mirada hacia abajo podía ver su polla penetrante, sentir el gustito que le daba penetrarle a fondo y cascarle las pelotas en esas nalgas suavecitas. Tomó asiento y puso a los dos a su servicio. A Noah le hizo empalarse el rabo y cabalgar. A Cole le dijo que se sentara en el respaldo del sofá para poder comérsela. Toma ahí, rabo y boca bien saciados.
Fue idea de Cole, una estupenda, por cierto, follarle la boquita. Se puso de pie en el sofá, con la polla apuntando hacia la cara de Adam y se la penetró. Adam estaba en su salsa, con el chavalín pajeándole el rabo a cada salto que daba y él comiendo polla como si no hubiera un mañana, rozando la locura, con la saliva escapándose ppor la comisura de la boca e impregnando su barba como si fuera lefa, emitiendo unos sonidos de placer inmenso.
La polla de Cole salió disparada como un resorte de su boca, toda empinada, restregándose por su puta cara. Adam aprovechó que tenía los huevos de ese tio en la boca para succionarlos, no de uno en uno, qué va, los dos a la vez para adentro, calentitos, suaves, deliciosos. Noah siguió cabalgando de frente. Quizá porque no estaba acostumbrado a que un macho así que podía ser su padre se lo trincara, acabó sacándose la pajilla sobre el torso del entrenador, lefándole el entrepecho.
Adam se fijó en la cara del chico, cargada de gusto, en su polla dura como una estaca, en esa semilla blanca sobre su cuerpo, sobre sus pelos. Bendita juventud, pensó. Puso al chico a cuatro y le dio por culo a pelo, reventádnolo con su gorda y larga tranca, estampándole las pelotas en el culete a cada pollazo. Cole le alimentaba la boca de rabo y entonces Adam supo lo que debía hacer para estallar del puto gusto.
Según le vino el gustillo de la corrida, empoderó las caderas metiéndosela a Noah hasta las pelotas y en el momento en que proyectaba sus lefazos en el interior del culito del chico preñándolo por dentro, se zambó la polla de Cole hasta los cojones y gimió de gusto con ella dentro de la garganta. Cole se le corrió dentro y él se estaba corriendo dentor del culo del chaval. Un círculo perfecto de placer. Sacó la polla del interior del culete de Noah y un rio de lava blanca salió de su ojete resbalando entre sus muslos.









