Adam Snow practica garganta profunda a los largos y enormes pollones de Eddie Patrick, Lane Colten y Dylan Tides | Carnalplus

Deeper deep throat vol. 1: Boy Unchained

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Si los alumnos que acudían cada día a sus clases supieran que detrás de esa apariencia de tio serio vestido de traje Adam Snow ocultaba una faceta de puro cerdeo, que le gustaba que le penetraran la garganta con unos buenos pollones, hasta el fondo, sentir las pelotas de los tios taponándole las narices, abrir la boca y sacar la lengua para recibir sus lechazos y acabar con la cara llena de semen, con los lefotes bien pegados a los pelos de su bigote y su barba, perfectos para relamerse.

Después de resarcirse en la última ocasión comiéndose diez trancas de diez jovencitos estudiantes de fraternidad a los que dejó libertad para que le follaran la boca a placer, la necesidad de seguir comiendo rabos y sentirlos más allá de la campanilla volvió a resurgir como un ave fénix. Acudió a su colega Eddie Patrick, que le prometió que tenía unos cachorritos bien educados a los que les gustaba servir.

Estaban todos en fila, en una sala en penumbra, esperando compañía, desnudos, apenas con sus pajaritas negras puestas y unos calzoncillos a juego que dejaban claro lo bien que calzaban. Adam entró otra vez en estado de gracia. La idea de pasearse delante de todos esos jóvenes y sentirse como en un buffet libre, poder sobarles los paquetes, sentir sus pollas palpitantes bajo la tela, cogerles el frontal con la mano llena y elegir.

Había muchos que le gustaban, pero Adam tenía un sexto sentido que no le fallaba y lo que ahora necesitaba era un chico que la tuviera bien larga para comerle toda la barra y sentir cómo le llenaba la garganta de rabo. Se quedó con Lane Colten. Eddie también eligió chico quedándose con el rubito de pelo rizado Dylan Tides. Eran puto deseo, la forma en la que gemían y se excitaban al sentir las manos de otro hombre encima.

Estaban cachondísimos. Adam se tomó un tiempo amasando el paquete de Lane, mirándole a los ojos. El chaval intentaba mantener la compostura pero su cara decía lo contrario. Se relamía los labios. Se deshizo un poquito más cuando Adam le sacó el rabo de los calzones y se lo empezó a sobar. Una vez más Adam no se había confundido y había elegido al mejor dotado de todos. Menuda picha tenía ese chico, larguísima, gruesa y venosa, perfecta para calzarse en la garganta.

Mientras Eddie hacía lo propio con su nene, Adam se agachó y probó el percal. Menudo gemido de gusto se le escapó a Lane al sentir los labios de Adam en el glande de su enorme pene. Adam se lo acarició con mimo, metiéndose lentamente el cipote en la boca y sacándolo de ella unas cuantas veces antes de pegar un buen bocado. No le hubiera importado que ese chico se corriera dentro de su boca, para nada.

Justo al lado, Eddie se encargaba del culete de Dylan. Lo tenía en palmitas. Acababa de desplegarle las nalgas y le estaba metiendo un dedete por el orificio. Gemidos y el sonido de la mamada, de los labios arrastrándose por la polla, era todo lo que se escuchaba en la sala, por lo demás en completo en silencio. Adam miró al chaval, luiego a su pirula larga y asombrosa, con un cipote grande y descomunal, se la metió en la boca y le practicó la primera mamada de garganta profunda, metiéndosela hasta el fondo.

Al sacarla de la boca volvió a mirarle a los ojos, sostuvo su cipote sobre la lengua y le saboreó la rajita llena de precum. Aunque le gustaba hacerlo delante de todos, Adam pensó que sería mejor irse con los dos chicos elegidos a un lugar donde pudieran estar más cómodos. Eddie le acompañó hasta una habitación llena de lujos, donde se quitaron parte de la ropa y se pusieron de pie para enseñar sus pollas a los chavales.

La de Adam tiraba de la hostia del frontal hacia abajo en sus calzones blancos, dibujando todo el contorno de la barra y del cipote, sin dejar lugar a la imaginación. Tiró de la goma hacia abajo dejando salir su polla gorda y grande. Dylan le estaba esperando con la mano preparada para cogerla y masturbársela. Sacó la lengua saboreando el cipote y la condujo hacia el interior de su boca.

No tardó mucho Adam en hacer levantarse al chico y sentarse él al borde de la cama para comerle el rabo. Le cogió por los huevetes y se puso al lío, dejando salir sus artes mamatorias y deglutiendo ese pollón hasta las trancas. Le encantaba hacerlo, quedarse un ratito así con sus penes dentro de la boca, los labios bien pegados a los huevos, cómo se retorcían de gusto y daban espasmos, cómo gemían de placer la sentir que sus rabos entraban por ese espacio tan estrecho viendo desaparecer sus rabos.

Puso al chavalín a cuatro dándole la espalda sobre la cama, justo al borde del colchón. Le separó las piernas y entre medias le forzó la polla y los huevos entre los muslos. Posó la lengua en el cipote y tiró hacia arriba, relamiéndole pollón, cojones y raja del culo. Triplete. Volvió a sacar la lengua para recoger la polla y comérsela. Al otro lado de la cama, Eddie no quitaba ojo a su colega, mirando de cuando en cuando a Lane, que estaba chupándosela a lo grande.

Comer pollas era un arte y nadie como Adam sabía hacerlo tan bien. Ya estaba preparadísimo. Se tumbó en la cama e hizo a Dylan que se pusiera encima de él mirando justo hacia el otro lado, metió la cabeza entre sus muslos, le enderezó la polla entre las piernas apuntándose hacia la boca y se la comió entera. Dios, qué puto gusto sentirla toda dentro, inundando su garganta, los cojones del chaval aplastados contra sus morros, sobre los pelos de su barba y su bigote, rozándole las fosas nasales.

Devorar pollas. Adam se lo hizo lentamente, disfrutándolo, ladeaba la cabeza y la dejaba salir apenas un segundo para tomar aire antes de volver a tragarla. El chaval con el culo abierto, su rabo entrando durísimo por la garganta, las pelotas en todos los morros, las vistas desde arriba daban para paja y no parar. Dylan había sido un buen entrenamiento y ahora llegaba la hora de la verdad.

Arrebató a Lane de las manos de Eddie, se tumbó en la cama de nuevo e hizo ponerse al chaval en la misma posición que momentos antes había estado Dylan, sobre él, mirando hacia el lado contrario, separando bien las piernas. Madre mía, qué pedazo de pollón, largo, grueso, poderoso. Según lo enderezaba entre sus piernas en dirección a su boca, le entraba más hambre al imaginar cómo se la iba a comer.

Acogió el cipote entre sus labios, se lo chupó bien y agarrándose fuerte al culo de Lane, se impulsó hacia arriba tragándose toda su polla, dejando que la bolsa de los huevos del chaval se apretara bien contra sus morros. Tenía tanto deseo por comérsela así que con esta ni siquiera ladeó la cabeza para tomar un respiro, directamente lo tomó sobre la marcha, con el pollón dentro de la boca, pegando una buena bocanada para seguir.

A su lado podía escuchar los gemidos de Dylan, que ya estaba empezando a sentir los embites del enorme pollón de Eddie. Cada uno gozándose a los chicos como quería. Eddie al misionero dando barra a ese chaval con las piernas abiertas y Adam a lo suyo, digiriendo una y otra vez sin descanso esa pirula tan larga y grande. Desde arriba las vistas volvían a ser impresionantes. Eddie zumbando, inclinado sobre Dylan y Adam con la cabeza entre las piernas separadas de Lane, con su culete juvenil y redondito justo encima, comiéndole la polla con gusto.

Abrió la boca cuando Lane se pajeó apuntando hacia su cara. Los lefazos cargados salieron disparados hacia los dientes de arriba y rebotaron ensuciando el edredón. Dejó un ratito más la boca abierta y sacó un poco más la lebgua para pillar cacho. Cuando ya apenas salía más, saboreó el cipote y se metió el tronco en la boca, entero una vez más, corrido, dejando que los últimos mecos se deslizaran por su garganta.

Lane pegó un espasmo de gusto y su polla salió de la boca de Adam disparada, enorme, con el cipote deslumbrante. Debajo de ellos un charco de semen. Adam todavía no había acabado. Eddie se tumbó en la cama, Dylan le dio la espalda y le cabalgó mientras Adam le comía la polla al chaval y le masturbaba. Le dio bien al manubrio hasta que se corrió encima y Adam aprovechó para comerle la polla hasta los huevos saboreando su lefa.

También Adam estuvo ahí con la boca preparada cuando Eddie se sentó y se hizo pajote. Un chorrazo potente salió diaparado hacia arriba, sorprendiéndole, el segundo con menos fuerza le mojó la lengua. Después de ese, se calzó la polla en la boca y bajó la cabeza hasta el fondo, introduciendo el largo pollón de Eddie por su garganta profunda, dejando que acabara de correrse ahí dentro.

En su boca el sabor de tres leches, con ganas de correrse ya, Adam se zumbó a cuatro a Dylan dándole por detrás y le cogió boien por las caderas al correrse para que no escapara, para preñarle el culito. Sacó el rabo de su agujero y un chorro caliente de semen salió brotando por el ojete deslizándose entre sus piernas, chorreándole por los cojones.

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