William Seed sacia el hambre de rabo de Edward Terrant follándose su culito a pelo en su vehículo ATV | Next Door X AGSmax
ATVirile
Su rebeldía le había llevado a perderse en mitad del bosque. Edward Terrant no era amigo de las excursiones escolares y que ya, en pleno instituto, con pelos en los huevos, sus padres le obligaran a ir de campamento, le parecía el colmo de los colmos. Las excursiones y los campamentos eran para críos, no para tios como él que ya se pasaban casi el cien por cien del día pensando en el sexo y en cómo expandir su semilla por el mundo.
Y digo casi el cien por cien porque la cabeza de Edward no estaba pensando en ese momento en sexo, sino en el bocata de jamón que por suerte se había agenciado antes de salir de casa, una barra entera de pan. No sabía ni interpretar una brújula, sólo sabía que estaba rodeado de árboles y naturaleza. Desesperado, se sentó sobre le musgo y se puso a devorar el bocadillo.
El cansancio estaba haciendo mella en él y, a pesar de la comida, se sentía como un bereber perdido en el desierto. Escuchó el sonido de un motor y gritó con las pocas fuerzas que le quedaban. Se levantó y echó a andar en dirección a las voces que le respondían. Por fin llegó a un claro y se encontró con el hombre que le había salvado la vida, William Seed, un tipo atractivo, guapo, cachas y que parecía dominar bien las cosas grandes como su buga ATV.
No sabía bien si por su estado de semi inconsciencia o porque se había ventilado una botella entera de agua que le dio ese tio para saciar su sed, o simplemente porque su mente volvía a su ser, pero Edward encontró a ese tiarrón irresistible, con esas manazas, capaz de manejar ese gran cacharro. Se imaginó la polla que tendría bajo esos pantalones, su culazo.
Se le fue la puta olla. «Aparte de sed tengo mucha hambre«, le dijo mientras le plantaba la mano en el paquete y empezaba a amasar el gran monumento de ese hombre. Aunque William se vio sorprendido y le reprendió por su actitud, los gestos de su cuerpo denotaban que estaba encantado con lo que estaba ocurriendo, porque se echó hacia atrás y separó los brazos dejándose hacer.
El chico siguió a lo suyo, decidido a comerse otro bocata. Bajó los pantalones y los calzones blancos de Will hasta los muslos y descubrió su grandiosa polla larga y gordita. No esperaba menos de un tiarrón así de fuerte. Se la cogió con la mano y la zarandeó varias veces antes de agacharse, inclinarse hacia su entrepierna y comerle todo el chorizo.
Se fue poniendo dura dentro de su boca, creciendo a lo largo y a lo ancho, sobre todo a lo ancho, que Edward tenía la boca bien completa. Miró a los ojos a ese tio, la cara de gusto que ponía viendo cómo se la chupaban. Aprovechó que tenía las piernas separaditas para sobarle los huevos. William se fue poniendo cachondón observando cómo ese zagal le domaba el miembro y se lo dejaba lleno de babas. Elevó el culete y le propinó una salva de penetraciones en toda la boca que Edwuard aguantó con gusto, sintiendo cómo la polla intentaba penetrarle la garganta, le dejaba sin respiración y la cara roja como un tomate.
La capacidad del sexo para aliviarte cualquier dolor e incomodidad estaban fuera de toda duda. Ya podía estar Edward muerto de sed y hambre, torrándose bajo un sol infernal, que una buena polla siempre lo arreglaba todo. William estaba ardiendo bajo ese mismo sol. Se quitó la camisa y la camiseta negra que llevaba debajo y volvió a echarse hacia atrás sobre su vehículo ATV, esta vez pasándose las manos por detrás de la cabeza, dejando a la vista sus axilas, los pelos de sus sobacos, pelos rubitos.
Agradeciendo haberse perdido, Edward miró el conjunto de ese tio completamente desnudo, apenas con las botas puestas, espatarrado, potente, musculoso, ahora con los mofletes sonrojados por el vicio y el calor y le comió la polla si cabe aún con más ganas. Se la comió cada vez más rápido, apretando fuerte con los labios, esperando que se corriera. Le tenía a punto por los gemidos que exhalaba. Su leche le daría fuerzas para seguir buscando a los de su instituo por el bosque.
Pero no ocurrió lo que esperaba. De repente ese tio quería más de él. William se inclinó y Edward sintió cómo le metía mano por detrás de los vaqueros. El calor de su palma en el culo, uno de sus dedos metiéndose por la raja. Le flipó tanto el pandero que siguió bajando los pantalones hasta dejárselos casi por las rodillas. Por suerte Edward siempre iba preparado con unos calzones abiertos por detrás por si se encontraba a un compañero de juegos con ganas de pasarlo bien.
Un momento tenía la polla dentro de la boca y al siguiente a pelo dentro del culo. Edward estaba a cuatro patas sobre la tierra cuando William se puso detrás de él, dobló las rodillas apuntando con el rabo hacia su ojete y se la metió toda fuerte y dura sin condón protegiéndole por detrás, dándole por culo. Un culo grande, fuerte y peludo, propio de un macho empotrador.
En su espalda, Edward pudo sentir el calor y el roce de los pectorales y su abdómen de ese semental cuando William se inclinó hacia él. Se lo folló como si un perro se hubiera encontrado a otro en mitad del bosque, reventándole por detrás. Cada vez que Edward miraba hacia atrás, no podía estar más encantado de entregar su culo. El cuerpazo musculado de Will, su cara, eran un gustazo para la vista.
Tenía una fuerza envidiable, un potro en la cama. Se puso en posición de flexiones pero a cuarenta y cinco grados, teniendo como únicos puntos de apoyo una mano que había puesto en el ATV, las puntas de los pies en el suelo y por supuesto la polla dentro del chaval dándole caña. Un rabo grande y bien grueso abriéndose camino por ese agujero apetitoso y apretado.
Le cogió por las caderas, le colocó mirando hacia la parte frontal del vehículo y siguió dándole por detrás. Edward había levantado una pierna con el pie en una de las grandes ruedas del ATV para encajar mejor las embestidas, lo que hacía que ahora William pudiera ver el rabo y los huevos del chaval rebotando con cada empotrada. Le gustó ver que estaba muy pero que muy bien dotado. Nunca estaba de más follar y ver una buena cola meciéndose como un badajo entre las piernas.
Le dio la vuelta y con la prodigiosa fuerza de sus brazos le elevó las caderas. Le abrió de piernas haciéndose un hueco entre ellas para seguir follándoselo a pelo. Edward se apoyó con los codos en el capó del buga y al mirar a la cara a Will sintió que se estaba enamorando de ese tio de lo jodidamente guapo y atractivo que era, con esa pinta de hermitaño, esa barbita, ese cuerpazo fuerte y tatuado.
La dedicación de ese tio fue brutal. Qué forma de engancharle con ganas, de forzarle el ojete con su pene duro y formidable, de buscarle el hueco apoyado sobre las puntas de sus pies. Un macho musculoso y tan agradable a la vista fornicando en plena naturaleza.
El sueño de Edward era hacerlo con un tio en uno de esos vehículos, en el asiento del vehículo. Que él condujera mientras se le sentaba encima y le castigaba la polla pajeándosela bien con el culo. Bueno, a ver, no había su sueño hasta ahora, pero ¿quién decide cuándo surge y se cumple un sueño? Lo hizo. William se sentó en el asiento de su ATV, se echó hacia atrás separando los brazos y las piernas, dejando hueco a Edward para que subiera al vehículo. El chico se sentó sobre sus piernas de lado, le enderezó la polla dura conduciéndola hacia su agujero y bajó el culete tragando rabo.
La visión de ese culete blanco y redondito tragándose su rabo le dejó desarmado unos segundos. Se recompuso enseguida y los dos le dieron ritmo a la follada, Edward salando sobre la pija y Will elevando el culete y entrando dentro del chico por la fuerza. William no podía dejar de mirar esas nalgas devorando su nardo una y otra vez, rebotando redonditas, era puto hinótico.
Alimentó las ganas que tenía dándole unos cachetazos en el culete. Will no se iba a dejar vencer tan fácilmente, aunque ganas de correrse vaya que si tenía. El chico se dio media vuelta y siguió saltando sobre su firme pene, esta vez rabo en mano, masturbándose mientras saltaba.
El sueño de siempre de Edward era… bueno, ya sabéis. Dejarse la leche sobre los abdominales marcaditos de un tiarrón como ese mientras te trincaba. Ensuciarle con su semen. Qué gustazo le produjo sacarse la lefa y pringarle el torso por encima del ombligo. Con lo que no contaba era con que el tio luego fuera recogiendo la leche y se la llevara a la boca para relamerla. Edward se sintió halagado.
Bajó a comerle la polla. William le retiró un poquito la cabeza y se masturbó apuntando hacia la boca del chaval. Los lefotes salieron volando, mojando la lengüita de Edward, que siguió con la boca abierta hasta que escuchó que Will relajó los gemidos. Por el rabo todavía resbalaban los lefotes. Se lo amamantó recogiendo todas las sobras y miró a Will sonriendo, con el semen escapando de la comisura, chorreando por su barbilla.
Antes de que se desaprovechara, Will se inclinó y le comió la boca, sellando esos labios, alimentándose de su propio jugo. Al despegarlos, el semen pegajoso se resistió y se quedó uniendo sus bocas con finas hileras blancas y transaprentes. William regresó al asiento del buga con el dulce en la boca mientras Edward seguía rechupeteándole la verga, con un chorrete de lefa colgándole por la barbilla, cayendo sobre el muslo de Will. Un baño no les iba a venir mal. William sabía dónde había un arroyo cerca.









