Apolo Adrii se come el gordo pollón de Samuel Hodecker y se lo folla a pelo en los baños de la oficina | MEN
Office Temptations Part 2
Uno de los hobbies preferidos por Apolo Adrii era quedarse cerca de los meaderos de los baños de los tios viendo cómo iban pasando uno tras otro sacándose las colas de las braguetas, meando, zarandeándoselas para sacar las últimas gotas y no manchar las hueveras de los calzones. Casi todas le gustaban y nadie reparaba en que estaba mirando, sobre todo en los locales de fiesta, donde podía simular que iba pedo quedándose allí un buen rato y donde los chicos no se fijaban en esas cosas.
Sin poder esperar al siguiente fin de semana para zamparse otra tanda de rabos con la mirada, intentó emularlo en el baño de la oficina. Vale que allí no se paseaban decenas de tios y que siempre eran los mismos, pero sabiendo mantener las distancias, llevaba ya una buena temporada relamiéndose los labios y bufando cada vez que veía a su compi Samuel Hodecker sacarse la tranca.
La tenía larga y gordita y eso, unido a que el cabrón solía ver porno en sus ratos libres en la pantalla del ordenador de la ofi, hacía que llegara al urinario con una buena trempada encima. Apolo no pudo resistirse más a ese pollón tan grande ligeramente curvado hacia arriba, así que se hizo notar en el baño y fue a por todas mirando a los ojos a ese tio, luego a su polla, dejándole claro con los gestos de su cara lo mucho que deseaba tocársela aunque fuera un rato.
Para asegurarse de que a Samuel le gustaba también el tema, Apolo se sobó el rabo por encima de los pantalones, marcando la forma de su herramienta del amor y seguidamente se metió en uno de los baños, sacándose el rabo por la bragueta y deseando que Samuel llamara a la puerta. Tardó, Samuel se lo pensó dos veces, pero al final ocurrió, Apolo le abrió, le enseñó su pija y con mucho gusto intercambiaron paja masturbándose cada uno la del otro, descubriendo un nuevo tacto.
En manos de Apolo, la polla de Samuel se puso bien tocha. El chaval no dejaba de mirar hacia la puerta por si entraba alguien, pero poco a poco fue perdiendo la vergüenza y se dejó llevar, admirando el pedazo rabaco que tenía en su mano, bien largo, curvado hacia la izquierda y con el cipote completamente lubricado. De Apolo sólo podía decir que la tenía guapísima, tan guapa como él.
De tanto cariño que se estaban dando, surgió un beso, justo después de que Apolo soltara por primera vez la pija de Samuel para lamerse la mano y darse lubricante. Siguieron intercambiando paja hasta que Apolo dio el primer paso y se puso de rodillas, metiéndose en la boca ese pedazo de tronco que tanto había deseado, con la boca bien rellena de polla gorda, sacando a Samuel un buen gemido de gusto y dejándole con los ojos en blanco.
El chico se puso bien cachondo viendo a ese guaperas con la enorme polla en la boca, tragando bien a fondo. Le pegó una buena hostia en la jeta cuando la tenía metida hasta las trancas, le colocó la mano bajo la barbilla y le hizo levantarse para devolverle la mamada. Puede que Samuel le sacara una cabeza de altura a Apolo, pero este se gastaba una buena medida entre las piernas.
Aparte de los rabos, lo otro que m´s le gustaba a Apolo de los chicos eran los culos y estaba seguro de que Samuel tenía uno flipante. Se lo llevó a la fila de meaderos, se colocó detrás de él y le bajó los pantalones para descubrir que estaba en lo cierto. Grande, redondito, precioso, perfecto. Lo rozó con las manos para comprobar su textura y empoderó las caderas metiéndosela a pelo.
Samuel echó el culete hacia atrás y se dejó follar sin condón, sintiendo esa pija bien dura y larga dándole gusto por todo el ano. Una breve interrupción por culpa de un compañero que entró a mear y lavarse las manos. Se metieron en uno de los baños y aguantaron hasta que el exterior quedó de nuevo libre. Apolo se tumbó en el suelo, rabo en mano, enderezaro hacia arriba y Samuel se sentó encima clavándoselo, dando pequeños saltitos y a buen ritmo para pajearlo con su culazo, dejándose la mingaza suelta, que empezó a dar bandazos entre sus muslos.
En reconocimiento a su buen hacer, Samuel se quitó la chaqueta y se puso mirando hacia los azulejos que había tras los meaderos para que Apolo lo empotrara. Cómo iba a decir Apolo que no a un tiarrón así de apuesto, con esa camisa negra, corbata azul, tan bien dotado por delante y por detrás. Se la clavó sin pedir permiso ni perdón, a pelete, gozándoselo a lo gonzo.
Al parar un rato y darse Samuel la vuelta, apoyado en la pared, Apolo vio esa pedazo de cola larga y gorda colgando entre sus piernas y es que no le quedó más remedio que agacharse de nuevo y llenarse la boca con ella. Mingaza de la buena, butifarra a full. Después fue Samuel el que se tumbó en el suelo y se abrió de piernas para que Apolo siguiera follándoselo de rodillas.
Le gustó tanto ver a Apolo tan cerca de él, sintiéndolo dentro, que se cogió el pollote y se sacó la leche lanzándola encima de los bajos de la camisa. Apolo se la metió un ratito más antes de sacarla, meneársela encima de Samuel y soltar toda la paja sobre su mano, su picha y sus huevos. Le dejó bien servido en el suelo del baño, le comió la boca disfrutándole una última vez y se largó todavía con la pija bien dura por fuera de la bragueta.









