Carter Woods y Andrew Miller de pajean y se meten un flip-flop sin condones en la sala común de la fraternidad | Next Door

Fraternity Fantasies: Not A Word

Entrar en la sala común de la fraternidad y encontrarse a tios magreándose el paquete mirando el móvil antes de que fueran a masturbarse a sus habitaciones, era algo habitual. Los delegados de las fraternidades no podían reprocharles y menos recriminar esa actitud provocativa ante los demás y menos cuando los pobres se habían pasado todo el día viendo a chicas guapas, soñando con poseer sus culitos y hacerse una cubana entre sus tetas.

Detrás de cada puerta, en cada habitación, en cada cama, al menos caía un pajote al día de cada uno de los muchachos. De puertas para adentro, la fraternidad se convertía en un refugio sólo para hombres, donde el libertinaje y el sexo estaban a la orden del día. Nadie recibcía sanciones si se la cascaba delante de los demás, por eso Andrew Miller se la empezó a tocar, mirando chochitos e el móvil, con la intención de comenzar y acabar allí mismo la paja, solo o en compañía.

No acabó solo. Carter Woods tenía una curiosidad insana por ver qué le divertía tanto en la pantalla. Se unió a él y se sacaron los rabos. Andrew empezaba a tener calor. Se quitó toda la ropa y no tuvo vergüenza en quedarse completamente desnudo. Tenía un cuerpo como para hacerlo, deseable al cien por cien. Estaba tan sexy y atractivo con tanto pelo, naciéndole desde las piernas, desde los lados de la polla en los muslos hacia arriba, recorriendo todo su torso, recreándose en sus varoniles pectorales, frondosos en sus sobacos.

Quedaba claro que no era de los chulitos que se depilaban, que jamás lo haría. A Carter le puso tan caliente que pasaron de la paja a las mamadas. Siempre estaba bien ayudar a un compañero herido y esas pollas pedían a gritos cuidado intensivo. Andrew se puso cómodo en el sofá, abriendo los brazos en cruz sobre el cabecero, dejando que Carter le comiera toda la polla. Después le devolvió la mamada con creces, enseñando a Carter hasta dónde podía merterse la verga un hombre, haciéndole gozar, casi sacándole la leche cuando se metió toda su tranca por la garganta y aguantó las arcadas con el rabo dentro de la boca.

Después de eso, tuvo un buen culo para follarse. Carter se abrió de piernas para él, se recostó en el sofá y se dejó enchufar a pelo. No era un coñito como le gustaban a Andrew, era mucho mejor, más apretadito y además con el aliciente de poder ver el rabo y la spelotas de otro tio meneándose como un flan sobre su cuerpo a cada embestida que le metía.

Carter tuvo que retirar la mirada del torso peludo de Andrew. Le estaba excitando demasiado verle ahí beneficiándose su culo, tan poderoso y envalentonado. Andrew no era de  los que no la devolvía y aunque le costara abrir su agujero a otro tio, lo hizo. Se hizo un ovillo en un rincón, elevó las piernas peluditas y se lo ofreció en bandeja a Carter, que le fusiló a pollazos y le estampó todos sus huevos colgantes en el pandero.

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