Allen King da culo al jovencito y dotado Jake Preston para que se lo folle a pelo en los baños para hombres | MEN
Soledad Part 2
Por mucho que hubiera disfrutado en la cama de otro chico nuevo junto a su novio, Jake Preston no pudo asimilar la escena que se encontró justo a la mañana siguiente, cuando vio a su pareja montándoselo a solas con el otro, cabalgando sobre su rabo. No apareció por casa en todo el día, pensativo deambulando por la ciudad y acabó a altas horas de la madrugada siendo el último en pie en un bar de copas que ya estaba a punto de cerrar, cabizbajo y puede que algo pedo.
Al amanecer no recordaría mucho los detalles, solo que el camarero Allen King estaba secando y colocando los vasos, que se interesó por su estado haciéndole algunas preguntas personales, que Jake se abrió a él como un libro abierto y acabaron liándose en los baños comiéndose las bocas a morreo limpio, como si se hubieran deseado toda la vida. Al fin y al cabo los dos estaban de muy buen ver, Allen era todo un éxito tras la barra y delante de ella con su musculoso cuerpazo y una mirada de pillín que convertía a los hombres en un caso perdido, mientras que Jake, con esa apariencia de chico timidito, tenía una cara guapa para comérsela.
Hora de enseñarse las colas. A Allen le gustaban muy muy largas o qué menos como la suya, sugerente, de buen tamaño y bonita y se llevó una grata sorpresa con Jake cuando después de ser él el primero en bajarse los calzones y soltar unos buenos mingazos enseñándose a Jake lo cachondo que le estaba poniendo, el chico se bajó los vaqueros y se le quedó colgando un pollón alucinante y morcillón, larguísimo y gordo que ni el propio Allen hubiera sido capaz de imaginar en un cuerpo delgadito como el suyo.
Verle esa pedazo de verga le hizo ponerse más caliente todavía, aunque no fue él quien dio el primer paso, fue Jake el que decidió bajar a chupar primero. Lo hizo como un principiante, deslizando los labios por el tronco y poco más, quizá la mejor idea que tuvo fue levantarle el pene a Allen y comerle los huevos, pero Allen sabía que ese chico podía hacerlo mejor.
Le hizo levantarle, se agarró la cara por la mandíbula y le giró la cabeza. «¿No te da morbo que puedan entrar otros tios y vernos así? A mí sí y seguro que a ti también, así que por si entra alguno, ahora cómeme bien la polla como tú sabes hacerlo y que rabien, que se queden ahí mirando y pajeándose mientras nos lo montamos«. Dicho esto, Jake bajó al pilón de nuevo y esta vez sí se la comió como esperaba de él, plantándole la mano en los huevos y succionando, sacando la lengüeita y mirando a Allen a los ojos mientras le repasaba con ella el glande y la rajita del cipote.
Se lo hizo tan bien que Allen decidió hacerle un regalo, se dio media vuelta aferrándose al marco de la puerta del retrete, sacó un poco el culete y se lo entregó. Mientras Jake se bajaba a prisa los pantalones y se los quitaba dejándolos tirados por ahí, su cola larga y dura no se quedó quieta, daba bandazos propinando una buena paliza a Allen en las nalgas.
Le encantó sentir la erección del chaval, el calor de su rabo. Más contento le pusieron los toquecitos que le metió palmeándole la raja con el pito, la sonrisa de pícaro que puso cuando giró la cara y le miró a los ojos y luego sentir toda esa poderosa verga larga y gorda deslizándose por el agujero negro del puto vicio. Joder, qué puto gorda y qué ajustada le entraba.
Al sentir todo eso dentro, a Allen se le puso durísima la suya. Jake empezó a endiñarle rabo por detrás, a darle por culo. Se derretía de gusto y se fortaba bien contra su espalda. Follada junto a los meaderos. Ahora que su culo ya la había probado, Allen quería verla de cerca, así que se agachó delante del chaval y dio buena cuenta de su formidable y apetitoso pollón.
Sí, porque la palabra pollón era exactamente lo que definía el tamaño de ese pene cuando empezó a mirarlo de cerca, a meterlo dentro de su boca, a lamerlo de abajo a arriba. Porque ningún tio hubiera imaginado jamás que ese cuerpecito deseable pudiera guardar una sorpresa tan mayúscula entre las piernas. Le merendó la polla hasta volver a dejársela firme y se lo llevó a los meaderos directamente, donde le regaló culo de nuevo, solo que esta vez elevó una pierna para sentirle mejor.
Cada vez se le veía más a tono, dando más duro. Jake se sentó en mitad del suelo de los baños para chicos y Allen le siguió sentándose de lado sobre sus piernas, saltando y culeándole la polla, dejando que Jake viera cómo rebotaba la suiya a cada salto, larga y dura a más no poder. Una alegría para la vista. Allen ya podía ver los mofletes sonrojados de Jake, podía sentir la mirada del chaval posándose en su cara, en su cuerpo musculado, en la forma de brincar de su alegre polla. Estaba contento y feliz. Canchondo perdío.
Regresaron al marco de la puerta del retrete. Allen se le entregó una última vez de espaldas y aprovechó lo intensa que sentía esa pollaza dentro del ano para cascarse un pajote, ordeándose la polla hasta sacarse la leche que acabó ensuciando el suelo de la entrada al baño. Todavía con la minga colgando y brava soltando leche, se agachó y colocó la cara tan cerca del pollón y la mano con la que Jake se la estaba machacando que el cipote le rozaba los labios y los dedos le azotaban la cara.
Se pegó un baño de masas cuando el chico se le corrió encima. Su dulce esperma salpicándole en la jeta, mojándole todos los morros. Qué rica, puto. Se la comió toda corrida rebañando semen, miró a Jake a los ojos soltándole una sonrisa con todo su esperma encima y le escupió en toda la polla toda la leche que había acumulado en la boca. Fue Jake el que se inclinó, le colocó una manita ne la barbilla y empezó a besarle saboreando su propio esperma. Un niñato guaperas, timidito, pollón y cerdaco. Allen temió pillarse de él y que el chico se quedara también pillado, así que enseguida recogió sus pertenencias y se largó sin darle respuesta alguna, pero sí tenía clara una cosa, de alguna forma volvería a probarle.









