El repartidor buenorro Hugo Candelas empotra a Magnus Loki a pelo en la mesa de billar del trastero | Men At Play

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Habitualmente Magnus Loki no solía fijarse en los repartidores, pero con Hugo Candelas todo fue diferente. El tio tenía un porte impresionante, con esa cara atractiva y guapa con barbita que le daba un aire muy de machote empotrador, aparte de que el conjunto de trabajo le quedaba ideal con el polo blanco bien ajustado a la musculatura de su torso, las mangas bien amoldadas a sus biceps y un pantalón azul oscuro que le marcaba un culito de la hostia.

A punto de salir hacia el trabajo, el repartidor llegó justo a tiempo. Magnus le indicó que dejara las cosas rapidito en el garaje que usaba como trastero. No contaba con la curiosidad de Hugo, que al ver que en uno de los paquetes ponía «para hombres a los que les gusta jugar duro«, no dudó en saltarse todos los protocolos y abrir el paquete que, para su sorpresa, contenía un juguetito que siempre había deseado probar, un masturbador de mano.

Asegurándose de que no venía nadie, lo sacó de la caja, se bajó los pantalones y se lo encasquetó en toda la polla. Joder, qué puto apretado estaba ahí dentro, la sensación era incluso más poderosa que meterla en el culito más cerrado que se hubiera follado nunca. Cerró los ojos, se dejó llevar de placer y estaba a punto de acabar el trabajito cuando Magnus le pilló con las manos en la masa.

Ahí estaba el repartidor buenorro, con los pantalones bajados, su culo de macho sentado en la mesa de billar en mitad del trastero y con la polla bien dura dentro de un masturbador que no era suyo. Magnus vio en esa situación la oportunidad de hacerse con el control. Prometió a Hugo no decir nada a la empresa de transportes si le dejaba continuar con la manualidad. Hugo enseguida asintió con la cabeza. Magnus acababa de tomar el mando del masturbador y se la estaba machacando.

Pronto Magnus sustituyó el masturbador por su mano y su boca. Le encantó chupársela a ese tio guaperas y buenorro. La tenía larga, grande y bien dura. Hugo se levantó un poco el polo, com si con ese gesto pudiera ver mejor cómo Magnus se la mamaba. Magnus se levantó con la boca llena de babas, acercó su cara a la de Hugo y le preguntó si quería follarle. Hugo volvió a asentir, agitado y nervioso, como un perrillo asustado la que le dan demasiados caprichos como para ser ciertos.

A cuatro patas al borde de la mesa de billar, Magnus regaló su culo a ese machote. El tio tenía buena lengua. La sintió dándole un buen repaso en todo el agujero, el aliento y los gemidos que profería con la boca abierta, se le metían por todo el ojete y le encantó sentir sus manos grandes y fuertes aferradas a cada nalga. Magnus se bajó de la mesa de billar, se inclinó hacia ella, Hugo se puso detrás de él y le endiñó una buena verga con un poderoso caderazo. Se dejó dar por culo y luego se le abrió de piernas para que ese machote descargara adrenalina antes de volver al reparto, no sin antes dejarle claro lo mucho que le gustaba, arreándose una paja y corriéndose encima mientras se dejaba follar a pelo.

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