Duelo de ojazos azules, un estresado James Fox descarga adrenalina follándose el culazo de Edward Terrant sin condón | Men At Play

Young Hustler

El estresante trabajo diario en la oficina, hace que James Fox tenga unas ganas terribles de descargar al llegar a casa. Siendo un machote tan fornido, guapo, musculoso, apetecible y pollón, no le faltan pretendientes, de hecho podría haber conseguido a cualquiera en el bar de la esquina fingiendo ir a tomar una copa y colándose luego en los baños, pero por ese garito siempre pululan los mismos tios y a la mayoría de ellos ya se los ha follado o les ha hecho arrodillarse para comerle la verga frente a los retretes.

Esta vez le apetece un jovencito al que enseñar buenos modales, uno tan tierno y guapete que le haga sucumbir al deseo de preñar. Navegando por la app de citas encuentra a su pareja perfecta. Edward Terrant es lo que andaba buscando, un chavalito con la cara aniñada y guapísima, buenos labios, ojazos azules que matan de amor, un culazo para perder el sentido y muy complaciente.

Le da un toque y piensa en él mientras el chaval ya dirige sus pasos hacia la casa. Piensa en lo diferentes que son. Él vestido de traje y corbata, macizo y lobito de pelo en pecho. Edward es todo amor, vestido de casual con su gorrita y el torso suave sin un solo pelo. El hombre de negocios y el chico callejero. Cuando estén desnudos y fundidos el uno en el otro, las diferencias serán menores, apenas en la apariencia de sus cuerpos.

Suena el timbre de la puerta. Ambos miran a un lado y a otro, esperando que los vecinos no se enteren de esa cita indiscreta. James coge un fajo de billetes, con un extra de regalo, y se lo mete al chaval en el bolsillo del pantalón antes de agarrarle el paquete. Le gusta pagar bien a sus citas. James se saca el rabo de la bragueta y su cuerpo se estremece de gusto al sentir esos labios dulces y delicados posandose alrededor de su polla. Un agradable escalofrío le recorre la espalda hasta la cabeza.

Cuando logra recuperarse de esa sensación, alarga un brazo y empieza a trabajarse el culito de ese guaperas. No es virgen, eso lo sabe nada más tocarle. Durante un rato piensa en cuántos hombres antes que él habrán llamado a la puerta trasera de ese chulito. Le pone a cuatro sobre la cama, mirando hacia la pared de grafito y se la mete a pelo. Luego hace lo mismo sobre la mesa frente a la ventana, por si algún vecino está mirando, para que vean lo orgulloso que se siente de metérsela a ese zagal.

James se enamora de ese culo redondito y suave, de la forma en la que se traga su durísima polla. Todavía conserva parte del traje cuando lo tumba bocarriba en la cama, le agarra de ambas piernas y se las separa y se lo folla hasta sentir la llamada del placer corriéndose encima de su picha y sus pelotas. Cuando termina, comprueba que ese pequeño cabrón le ha hecho sudar. Le invita a tomar una ducha. Sin compromiso. Edward le mira, ofendido por la duda.

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