El guaperas de ojos azules Andre Angel se folla sin condón el flipante culazo de John Jai en la Casa del Sol | Falcon Studios
Casa Del Sol
La Casa del Sol promete lo que dice. Puede que a lo largo del año haya algunos días de lluvia o haga mal tiempo, pero la mayor parte es un lugar ideal y soleado donde los hombres pueden ir a cumplir sus fantasías, un espacio amplio, íntimo, exclusivo solo para tios con ganas de experimentar, de satisfacer sus instintos más primarios, de conocer a otros por primera vez, una y otra vez.
La premisa es sencilla. No hay normas más allá de la de ponerse cómodo y pasear por la casa en pelotas buscando a tu media naranja. Y a veces ocurren allí cosas tan maravillosas como la que les sucedió a Andre Angel y John Jai, que fue verse en la distancia, empezar a trempar y en los pocos pasos que les separaban, los dos se acercaron y tenían ya las pollas preparadas y listas para tocar, chupar, meter y pasarlo pipa.
Joder, John pensó que le había tocado el premio gordo al ver a ese chaval, porque era el típico chico guaperas de instituto de pelo cortito, ojos azules y cuerpo delgado y atlético que hacía mojar las bragas a todas las chavalas. Lo siento chicas, pensó, pero este chulazo está ahora aquí conmigo y resulta que lo que le gusta en este momento son las colas, porque nos las estamos agarrando y zurciendo con las manos como si no hubiera un mañana. Y que sepáis que la tiene bien larga y guapa. Me la pienso gozar como un pro.
Lo mínimo que se merecía un chaval así era arrodillarse y chupársela como era debido. No sabía si estaba acostumbrado a recibir mamadas de garganta profunda pero si no se lo habían hecho nunca, ahora lo iba a probar por primera vez. Le jaló la pija cabeceando y tragando hasta hacerla desaparecer una y otra vez dentro de su boca con rápidos movimientos.
De tanto chupar, se le salía de entre los labios y le rozaba los morros y las mejillas, momento en el que se enamoraba más y más de ese pollón tan largo y atractivo a la vista, cilíndrico y con un cipote despampanante completamente descapullado. Le acarició los huevos plantándole una mano debajo y siguió chupando, logrando que Andre gimiera de gusto cerrando los ojos y echando la cabeza hacia atrás, conteniendo la corrida.
John no se quedó sin su parte. Tomó asiento en una estructura cuadrada, blanca y minimalista que había cerca y se sorprendió al ver que Andre no le hacía ascos a nada cuando le vio hincar una rodilla a su lado y empezar a mamar. John lo notó, sintió cómo sus pelotas se llenaban de caldo al ver esa cara guapa, esos labios, esos ojazos azules mirándole con la polla dentro de la boca.
Le buscó la cara para darle un beso. Andre estaba jadeando, excitado, impaciente. John elevó las piernas, las abrió y se entregó a ese cabroncete. Por como le veía, creía que le iba a penetrar nada más abrirse, pero no, Andre se tomó su tiempo para trabajarse el culo, algo obvio y normal dado que John tenía un culazo irresistible, redondito, blanco, suave, con un ojete que hacía bufar a los tios de puro vicio cuando se lo veían y palpaban con las yemas de los dedos empapados en saliva.
Ahora era John el que estaba impaciente, deseando que ese guaperas se la metiera, sentirle bien dentro mientras disfrutaba de ese cuerpazo con toda esa musculatura en acción y de los gestos de su cara, de su mirada azul como el mar azul. El cipote le empezó a abrir el ojete y le sirvió de guía para meterle todo lo que venía detrás, su formidable pollaza. El pene del chaval quedó super ajustado dentro del culo y Andre empezó a abrirse camino a pelo por su interior.
Le metía pollazo tras pollazo sin parar, usando la fuerza y el impulso de sus caderas y su culo precioso y menudito para endilgarle el rabo una y otra vez. John paseaba la mirada por su cara, por su torso, sus abdominales marcados, por la parte de rabo que quedaba por fuera. Aunque chicos así tenía cuerda para rato, le dio undescanso sentándole y cabalgándole de espaldas.
Se preguntó si Andre podría resistirse ante un culo como el suyo bajando y subiendo delante de sus narices mientras se tragaba su polla. No solo aguantó, sino que todavía les dio para una ronda extra en la que Andre se le puso detrás y le dio por culo. Mirar hacia atrás, ver esa cara, esos ojos de mirada decidida, sentir su larguísima y fornida polla dentro de él. Todo iba a favor, como el viento.
Se agarró la picha, se hizo una paja y dejó escapar toda la leche. Al escuchar los gemidos y sabiendo que se estaba corriendo, Andre metió una marchita más y le penetró a toda hostia, lo que hizo que los mecos volaran al salir del rabo de John, disparando por todas partes. Tras ese impulso bestial, Andre salió de su interior rabo en mano, se sentó y se la cascó como hacía cada mañana, solo que esta vez en buena compañía.
John acercó la cara, observando atentamente cómo Andre le daba al manubrio con una rapidez inusitada. El rabo se hinchó, se puso más grande y más largo todavía, el cipote también, cogiendo un tono rojizo. Y ahí estaba, un lechote blanco y espeso saliendo de la raja del capullo y depositándose sobre el vientre del chico, sobre sus definidos abdominales. John le plantó la mano encima recogiendo calcio y se llevó los dedos a la boca saboreando la lefa del chaval. Estaba rica. Le chupó la polla recogiendo las sobras del cipote y sacó la lengua para limpiarle a lametazos el six-pack. Chicas, lo de que estaba para comérselo enterito no iba con segundas, se lo estaba comiendo todo.
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