Marcus McNeill se folla sin condón el culazo del guaperas Chad Dorado con su grande y gordísima pollaza | MEN
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Ninguno de sus colegas sabía que, aparte de ser un ratón de gym, Marcus McNeill era toda una estrella con miles de seguidores en las redes sociales. Y no lo sabían porque Marcus se reservaba esa parcela de privacidad en su vida para cuando ya no quedaba nadie entrenando, entonces se ponía la cabeza de perrete de la mascota del equipo local, sus guantes de patitas peludas y se dedicaba a hacer carantoñas a la cámara motivándose con cada like, con cada nuevo visitante y cada nuevo seguidor.
El misterio de qué tiarrón habría debajo de esa máscara mantenía viva la llama. Puede que alguno o alguna siguiera sus aventuras por las monadas que hacía, pero qué cojones, la inmensa mayoría estaba ahí para ver cacho, para alegrarse la vista con un tio musculado que hacía pesas y al que le colgaba el badajo por debajo de los pantalones cortos de deporte que daba gusto. Ni qué decir que cuando se ponía a hacer saltos de tijera, con la polla rebotando en el frontal una y otra vez, al otro lado de la cámara ellas mojaban haciéndose dedos y ellos se dejaban la leche.
A medida que iban pasando los días, Marcus también se iba confiando demasiado en que el gym se quedaba vacío, hasta que una noche Chad Dorado le pilló y comenzó a grabarle con el móvil. Marcus le descubrió, le agarró de la pechera demostrando su fuerza arrojándolo al suelo y le obligó a borrar el vídeo. Quizá, pensó Marcus, iba siendo hora de dar a sus seguidores eso que hacía tanto tiempo le estaban pidiendo a gritos.
Seamos sinceros, Marcus estaba deseando enseñar rabo porque se sentía orgulloso de su tamaño y se excitaba solo con pensar en la reacción de la gente al otro lado cuando se bajara los pantalones y le saliera toda larga, gorda, dura y bien tocha. No podía escucharles ni tampoco ver las reacciones al hacerlo, pero supuso que la cara de Chad de alucine al verle esa puta cola gorda, a la que se enganchó y que casi no le cabía dentro de la boca, sería la reacción de sus miles de fans.
Pasó una manita peluda por detrás de la nuca de Chad y le obligó a tragar. El chaval no parecía qjue se hubiera comido muchas, pero precisamente fue eso lo que le excitó, la forma en la que lo hacía, descubriendo caminos, intentando tragar, agarrarle de las pelotas para meterse más trozo dentro, relamerle desde los huevos hasta la punta con esa carita guapa de machote. Nada excitaba más a Marcus que se la mamara un tio con pintaza de hetero que te cagas.
No solo la polla era demasiado grande para su boca, sino que la mano de Chad era incapaz de abarcar la circunferencia de semejante rabaco, se limitaba a plantar los dedos encima y a chupar, sentado sobre sus talones. Empezó a ponerse cachondón y acabó dándole culo. Marcus le bajó los pantalones por detrás, ofreciendo las vistas a su audiencia. Menudo culazo, redondo, musculadito y bien potente. Plantó los hocicos de peluche encima y se los rebozó por toda la rajeta.
Sin más dilación, se puso de rodillas detrás de Chad, le penetró sin condón y empezó a darle bien por culo. Para haber tenido tantas dificultades para comérsela con la boca, le sorprendió lo bien que tragaba por detrás el cabroncete, como la seda, además de que meneaba el culete hacia adelante y hacia atrás él solito para encajársela a su ritmo.
La verdad es que Marcus siempre se preguntaba cómo hostias cabía su enorme y gorda polla en un agujero tan estrecho, pero saber que había montones de tios preparados para su poderosa arma, le hacía sentir especial. Se tumbó en el banco de pesas, con todo el mástil durísimo meciéndose sobre su vientre. Chad se lo agarró con la mano y, de lado, pasando una pierna por encima del banco, se sentó encima insertándoselo en el ojete.
Se lo pajeó con el culo haciendo unos movimientos muy sexis. Marcus tomó el control poniendo al chico de lado y follándose el pandero. Antes de hacerlo, se enamoró de lo mucho que le colgaban las pelotas a Chad, tanto que se las acababa de atrapar entre los muslos al ponerse en esa posición tan tentadora. La forma curvada del pollón de Marcus, se acoplaba perfectamente a la redondez de la nalga que tenía justo más cerca, así que la penetración fue limpia e invitaba a no salir nunca.
Acabó perforándole a pelo bocarriba, en el suelo, entre discos, pesas, mancuernas, esterillas, el olor a pinreles y sidor de los cientos de tios que habían ido pasando por ahí durante todo el día. El olor a macho les acercaba cada vez más a la locura. Chad se la peló y se soltó encima un largo y diligente lefazo, decorando con su leche los tatus que recubrían todo su cuerpo.
Marcus se lo folló un poquito más y cuando juró que se iba a correr, volvió a pensar en sus seguidores que estaban al otro lado, así que invitó a Chad a poner su guapísima cara al servicio de los demás y de su gran rabo. Entre la guapísima cara del chaval, que esperaba su leche impaciente con la boca abierta y la lengua por fuera y que Marcus había elegido bien masturbándosela con la mano peludita y suave de cachorro, la lefa salió solita, dejando bien lechosos los morretes de Chad y su seña de identidad mojándole los pelos de la barbita de varios días.
Tras ese final feliz, Marcus apagó la cámara y descubrió su identidad. Fue una suerte para los dos no arrepentirse de ese momento, porque no se conocían de nada a pesar de convivir en el mismo campus, pero ambos se quedaron con las caras para repetir, en concreto Chad, que miró lascivamente y en repetidas ocasiones a la cara a Marcus, luego a su polla que empezaba a volver a su tamaño natural. Sería imposible olvidar la cara de empotrador y lo bien que combinaba con su enorme verga.









