Nik Fros se folla a pelo el culazo del machote Markus Stone en el taller | Raging Stallion
The Shaft Shack
Vaya que no, que Nik Fros no era como cualquier otro tio que hubiera pasado por el taller. Todos, absolutamente todos los trabajadores, incluído Markus Stone que era el que más coincidía con el por turno, le dieron el premio al caramelito del año, porque había que ver cómo estaba el cabrón. ¿Quieres cara guapa y atractiva, ojazos, nariz ancha, vello facial y buenos labios? Los tienes. Uff, esos labios, cuántos hombres deseaban sentirlos presionando sus pollas.
¿Quieres un torso de escándalo con pectorales prominentes a los que agarrarte en caso de incendio, todo bien peludito? Lo tienes. ¿Quieres unas espaldas mejores que las de un nadador? Las tienes. ¿Quieres el culo más flipante que hayas visto en tu vida, grande, redondito, de esos que no puedes parar de mirar, de tocar con las manos recreándote mientras se te levanta la polla y se te sale el precum como a un principiante? Lo tienes.
Si a eso se le unía el que a Nik le gustaba gustar y hacía todo lo posible por calentar el ambiente a sabiendas de que los demás le ponían ojitos, el cóctel era explosivo. Markus no pudo retirar la mirada de él cuando empezó a quitarse toda la ropa. Al verlo allí de pie, completamente en bolas, excepto las botas que todavía las llevaba puestas, no pudo evitar acercarse, ponerse por detrás y recrearse con las manos tocando todo ese cuerpazo musculoso. Biceps, sobacos, pecho, abdómen y sí, finalmente su polla, una bien grande y gorda.
Le masturbó, todo esto rozando su paquete contra ese culazo que le tenía con la baba colgando. Le tocó el turno a Markus, que se puso delante de él y se dejó hacer lo mismo, solo que a Nik parecía interesarle más el culo de Markus que su parte delantera. Todo iba bien encaminado a que fuera Markus el que arrancara primero penetrando ese culazo imposible, pero las cosas parecían darse la vuelta, porque de repente Markus se puso tontorrón al sentir le roce de la polla dura de Nik contra las nalgas y los muslos y terminó inclinándose, elevando una rodilla sobre la mesa de trabajo y dejando su culo abierto para disfrute de su compañero de curro.
No iba a negar que Nik sabía cómo tratar a un hombre en la cama. Se le daba bien eso de abrir culos y ojetes paseando sus manos por la raja, palmeando el culete, manteniendo su rabo pegadito al cuerpo con buenos roces. Markus ya estaba encendido. Si iba a ser follado, necesitaba trabajarse esa polla. Se dio media vuelta y, tras besar los labios de Nik, se agachó para merendarse su gordísima verga, hasta las trancas, la cara roja y sin respiración durante unos segundos al tenerla pasando por su garganta.
Se puso en pie. Nik le bajó los calzones hasta las pantorrillas. Cada unos sostuvo en la mano el rabo del otro y comenzaron a masturbarse mirándose a los ojos. Los dos estaban buenorros, cachas, potentes y podían hacer velcro con todo ese pelo en pecho si se acercaban demasiado. Cualquier cosa podía ocurrir, pero Markus cada vez tenía más claro lo que quería que sucediera.
Y es que al volver a comerle la polla, ver esos pechotes, esos abdominales de cerca a tiro de vista, lo gamberro que era Nik pasándole una pierna por detrás del cuello, obligándole a comer, lo bien que le olían los sobacos a sudor de macho cuando alcanzó a esnifárselos y comérselos, cómo le regalaba saliva gratis con unos buenos escupitajos directos en toda la boca, sí, cada vez tenía más claro que quería regalarse.
Se tumbó sobre el carrito de los neumáticos y se abrió de piernas. Nik le agarró por los muslos atrayéndolo hacia el borde para dejarle el culo por fuera. Dio un primer empujón metiéndole la puntita y al segundo empujón ya estaba totalmente dentro, con el pene desnudo y a pelo dentro de su esfínter. Empezó a follárselo. Le gustó que Markus la tuviera dura, ahí meneándose como una chistorra a cada pollazo que le metía, retozando sobre su vientre.
El carrito empezó a ceder y cada vez emitía más chirridos. Nik se sentó sobre unos neumáticos viejos que había en el suelo y dejó que Markus cabalgara sobre sus piernas. Nunca se habían preguntado nada sobre sus vidas de afuera, pero ahora que Nik tenía encima a ese macho, tragando polla con su culo, saltando como un puto vicioso, se preguntó si ese tio tendría esposa e hijos. Le daba morbo pensar en ello, en si Markus sería de esos tipos que guardaban las apariencias y hacía escapaditas matutinas o nocturnas para internarse en lugares de cruising o chupar pollas por los agujeros de las cabinas.
Se le daba bien eso de ir al trote sobre las piernas de otro hombre, dejaba caer todo el peso de su cuerpo tragándola entera y la expresión de su rostro reflejaba a partes iguales el dolor y el placer de hacerlo. Hizo una parada en boxes para dar lubricante a la polla de Nik, momento que este aprovechó para volver a atraparle poniéndole una pierna encima para que no levantara cabeza.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco segundos aghuantando la respiración con el rabo más allá de la campanilla. Abandonaron los neumáticos para cambiar de escenario por uno mejor, las vistas del capó abierto de un buga, olor a aceite, a motor. Markus se inclinó sobre el capó y Nik le enchufó por detrás, cada vez imprimiendo más fuerza y ritmo, poseído.
Markus aguantó tremendas embestidas hasta que Nik salió de su interior rabo en mano, gimiendo y soltando toda la leche sobre su culo, pringando el suelo del taller. Markus esperó pacientemente a que se aliviara. Hasta sus oídos seguían llegando gemidos. Nik se agarraba la polla, se la depuraba sacándo hasta la última gota. Markus pudo sentir el roce de ese pollón corrido entre las nalgas. Nik se dejó caer de gusto sobre la espalda de Markus, que se giró para besar a su compañero antes de que ambos volvieran a vestirse y regresaran al curro.
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