Beau Butler se pone a prueba dando culo al chulazo Luiz Silva para que se lo folle duro y a pelo | Randy Blue
Sentarse en la playa y ver pasar a chulazos era una de las actividades favoritas de Beau Butler. Se tenía que poner algo encima para que no se le notara la empalmada, porque algunos le ponían especialmente cachondos. Solía mirar y luego ya en casa juntaba recuerdos para labrarse una buena paja en la ducha imaginando a todos esos pibones desnudos, pero al ver a Luiz Silva, no podía llevarse a casa simples recuerdos, necesitaba llevárselo a él directamente.
Si alguna vez había querido a un Maluma igual de atractivo, cachas, tatuado, con el pelo cortito y tintado de rubio platino que se lo follara, ahí tenía uno. Qué torso tan deseable, atlético y musculadito, brazos fuertes con buenos biceps, una cara bien guapa y atractiva y ese pelito corto que le daba su insignia de empotrador preferido. Llevaba unos speedo marcando un buen bulto, sobresaliente. Era como un adonis salido del agua. Un bellezón incontestable.
Llamó su atención haciendo con que se bajaba el bañador. Estaba seguro de que, si a ese Maluma le iban los tios aunque fuera un poquito, se le qudaría mirando y se acercaría. Echó la vista atrás y le vio acercarse, eso sí, asegurándose antes de mirar de lado a lado para comprobar que no había más gente. Beau notó su mano en el culo desnudo. Le encantó sentir su tacto y se la devolvió regalándole un agarrón en todo el paquete, comprobando que efectivamente estaba muy pero que muy bien dotado.
Recogieron las cosas y se fueron al apartamento. Allí Beau le bajó el bañador y le comió la polla y los huevos a ese machote tan fornido y varonil. Le dio culo y le encantó tenerlo encima, sentir sus gemidos, su aliento, el calor de su pecho, ver sus brazos fuertes a cada lado de su cuerpo mientras lo penetraba a pelo con esa pedazo de polla, abriéndose camino por el generoso y gran culazo peludete de Beau.
La culeada fue apoteósica, pero lo que relamente le puso cachondo fue poder cabalgarle de frente, ver todo su cuerpo y su cara mientras saltaba sobre él, el poder de esos pectorales y esos biceps, lo bien que se movía penetrando desde abajo. A pesar de tener su piel bronceada cada vez más sudada, ese tio era una máquina de follar, no paraba y encima estaba buenísimo.
Mirarle a la cara significaba contagiarse de sus ganas. Esa decisión en su mirada a cada pollazo, con rabia. Beau le bombeó la polla con el culo y luego se abrió de piernas en la cama para que se lo siguiera follando a pelo. El tio iba a saco, cada vez metiendo más a fondo y rápido. Se puso de pie, se la cascó y se corrió encima de Beau, que quedó encantado con la ducha de lefa sobre su cuerpo desnudo.











