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Allen King sirve en bandeja su rico culito al tremendo tiarrón bien cachas Austin Wolf para que se lo folle a pelo | MEN

Austin & Allen

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Blanco y negro, el ying y el yang, Allen King y Austin Wolf probando unos ricos besos uno en la boca del otro en un lugar idílico, con la brisa meciendo las cortinas en el porche del chalet junto a la piscina. Si había algo que a Allen le gustaba casi tanto como un buen pollón de grandes dimensiones, era un tio grande y cachas que tuviera una buena butifarra entre las piernas.

Ante Austin se deshizo de placer. Mariposas en el estómago, flojera de piernas. Le sacaba una cabeza de altura, se dejó abrazar por esos brazos tochos y fornidos y le encantó sentir que su presencia estaba provocando que eso que ya se le marcaba en el frontal del paquete de los vaqueros, fuera creciendo más y más hasta levantar el forro del bolsillo de los pantalones.

Qué poco tardó en llevárselo dentro del chalet, en bajarle los vaqueros y meterse dentro de la boca esa polla larga, gruesa y hermosa que apenas podía abarcar entre sus labios de lo grande que era. En una decena de cabezazos la hizo a su mano, resbaladiza con su saliva, y pudo zampársela hasta atragantarse con ella, mientras Austin no dejaba de acariciarse los pezones con los pulgares y miraba hacia abajo, observando con máxima atención cada movimiento de la cabeza y la boca de ese guaperas.

Con los pantalones a medio bajar, enseñando culete y raja, el comedor fue la siguiente parada y de camino Allen miró hacia atrás, hacia Austin que le seguía. Allen sonrió con vicio, una sonrisa perversa, sabiendo la caza que había hecho esa tarde, una de las buenas. Menudo armario empotrado, con un torso tan grande que era como tres veces el suyo. Aprendió a comer otras cosas que no fueron verga. Aprendió a deleitarse con el suave tacto de un pezón durito sobre su lengua, a arroparlo entre sus labios, saboreando esos pectorales de campeonato.

Más polla en el comedor. Allen se puso mirando hacia la pared y abrió las piernas. El dedo de Austin explorando el interior de su ano fue como tener un rabo dentro. Ese machote se puso en pie, buscó por inercia la entrada del agujero con su cipote explorador y, cuando finalmente lo encontró, lo penetró a pelo, rellenándole el culito bien de rabo.

La pija larga de Allen durita y colgando entre sus piernas, meciéndose a cada pollazo. Allen pasó su brazo por el cuello de Austin como un gancho y se quedó mirándole fijamente mientras este le metía un pollazo tras otro. Nariz con nariz, frente con frente. Quería sentirlo bien adentro y no sólo su pedazo de polla. Entre la espada y la pared, ese cabrón le agarró por las caderas y le empujó y lo atrajo hacia su cuerpo repetidamente, clavando rabo, destrozándole el culo con toda su fuerza.

Culito en bandeja y mesa servida. Allen sobre la encimera, desnudito, bien cachas y guapo, con un culo tan rico que estaba para comérselo a bocados. Austin le abrió de piernas, se acicaló la polla con un poco de saliva en la punta para que entrara bien y se lo folló. No se conformó con el plato principal. Fue a por más. Retiró la mano de Allen que se estaba masturbando y la sustituyó por la suya. Él podía encargarse de todo.

Cuando Austin fue el que se tumbó en la encimera, con la pija tiesa, Allen vio la grandeza de ese tiarrón descomunal que le sacaba tres cuerpos. Pero más grande era su valentía, así que le echó agallas, se subió a la mesa y, haciendo una sentadilla y enderezando el trabuco de ese semental, se sentó sobre sus piernas y se la clavó a pelo.

Le jodió la polla con el culo, se la chupó y siguió cabalgándole. Saltó y saltó bien alto cascándose una buena paja, deslizando una mano por su largo y majestuoso pene. Gemidos cada vez más intensos, pezones duritos y por fin  la leche haciendo acto de presencia, inundando la raja de su cipote, lecheando la mesa y el muslo derecho de ese cabrón.

Retiró la polla de su culo y se puso cómodo para chupársela. En cuanto a Austin le vino el gustillo, agarró del cuello a Allen con una mano y le hizo acomodar la cabeza entre la polla y su vientre para mancharle la carita guapa. Allen recogió todo el semen de la polla y como un buen cerdete la escupió encima de nuevo, chorreando por todo el tronco mojado. Le relamió el puño del pajote y se tiró un buen rato jugueteando con el rabo y su semen.

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