Hacía algunos días, Aldo Guti había descubierto en la cómoda de la habitación de su padre algunas revistas porno con las que se pajeaba de joven. No dejaba de resultarle curioso que ese fuera uno de los métodos principales elegidos para masturbarse de la anterior generación, tirando de imaginación, ahora que había tantos estímulos visuales a tu alcance. Entre el material encontró algunas pelis en VHS en las que aparecía un tio que estaba tremendo. Se llamaba Landon Conrad y partía la pana con ese pelo rubito corto, sus ojazos azules, su cuerpo musculado, su precioso culo y su rabaco.
Tomó prestado el material para pajas y aprovechó cuando se quedaba solo en casa para poner las cintas en el viejo vídeo. Pues sí que molaban antes las pelis, hasta tenían argumento. Con el paso de los días se prendó de ese chulazo que salía en las cintas y decidió hacer lo imposible, buscarle, mandarle algunas fotitos irresistibles en las que salía desnudo para ver si le gustaban el culazo y los pectorales de un jovencito guapete y esperar a ver si Landon se dejaba caer por Mexico.
Todo ocurrió demasiado rápido. Un mensaje, ir a recibirlo al aeropuerto, llevárselo a conocer la lujosa estancia de una de las mejores saunas de la ciudad. No podía creerlo cuando lo tuvo desnudo frente a él, las ganas con las que ese chulazo, ahora convertido en un apuesto daddy rompecorazones, le cogió la carita con las dos manos y se lo comió a besos para luego conducirla hacia su entrepierna y obligarlo a mamarse su gordísima polla.
Tantas veces había visto a un montón de tios bajar a chupársela y ahora el afortunado era él. Se la tragó hasta los huevos y luego le dio culo para ver si aún conservaba toda esa energía que tenía cuando era más joven, para comprobar que todavía se le daba de lujo follarse un buen culito como ese que no tenía desperdicio. Le cabalgó y para su sorpresa Landon se le abrió de piernas. Aldo puso toda la carne en el asador para follarse a pelo ese culazo como merecía. Mientras soltaba lefa, por su mente pasaron todas las pelis que había visto de él. Ahora era su propia leche la que bañaba el cuerpo de esa estrella del cine.









