Tony D’Angelo se folla sin condón a Theo Brady y le mete una buena preñada extinguiendo el fuego de su ano | MEN

Fire Fuckers Part 3

El cuerpo de bomberos de la ciudad cada vez estaba más hasta las pelotas de esos niñatos que jugaban a ser adultos, ya fuera accionando alarmas en las escuelas por pasar un rato divertido o fumando en pipa en los cuartos de baño públicos e incluso en sus propias casas. En sus vacaciones, el padre de Theo Brady se iría más tranquilo si su amigo Tony D’Angelo, jefe de bomberos, permanecía atento a su hijo para asegurarse de que permaneciera seguro y a salvo. Por supuesto Tony se tomó esa petición muy a pecho.

Theo se había pasado de vuelta fumando con su colega en el salón. A la estancia le faltaba nada y menos para parecer una de las calles de Silent Hill de tanta niebla que había. La alarma saltó y Tony, que andaba cerca entró por la puerta para descubrir que al colega de Theo le salían bocanadas de humo hasta por las narices. Le dio una buena lección extinguiéndole con el extintor hasta dejarlo como el muñeco de una tarta espolvoreado de azúcar glas y luego se fue a por Theo.

Hizo lo que a su padre le hubiera gustado que le hiciera como buen amigo que era, hacer comprender a su hijo que lo que acababa de hacer no estaba nada bien. Pero a su manera. En el fondo y durante mucho tiempo, el chavalito se la había puesto dura. Guapo, rubito, el día en que coincidió con él en el baño y echó una meada y el chico se estaba duchando creyendo que era su padre el que había entrado, pudo enamorarse de ese culito apretado y bonito.

Había soñado tanto tiempo con metérsela, que ahora que su amigo había salido de vacaciones, iba a profundizar en su relación amistosa paterno filial. Se quitó el mono y dejó al descubierto su cuerpo musculoso, peludete y varonil al que ningún hombre podía resistirse, se bajó los gayumbos y dejó caer su larga, maciza y descapullada pollaza. Theo, que estaba de rodillas, le cogió el miembro con la boca y le chupó el cipote como si fuera un calipo.

Sólo por esa vez le dejó fumar y que le echara todo el humo en la polla. Tony también le echó una caladita al cigarro y le metió la fumata por la boca. Al cabo de un rato tenía el rabo húmedo de la punta hasta la base y ese cabroncete cada vez se la metía más adentro hasta atosigarse la garganta. Su amigo había criado a un buen granuja, a todo un come rabos de pro. Qué boquita tenía, apretando bien esos labios y esos soniquetes que denotaban que el cipote tocaba fondo.

No pudo más, le estampó contra la mesa, le bajó los pantalones descubriendo ese culito de sus deseos y sin esperar ni un segundo, masajeó la raja con su pene buscando la entrada de su agujero y se la metió sin condón. Sin duda era uno de los lugares más apretados donde la había metido. Se lo zumbó por detrás hasta hacerle picadillo, hasta que su culo se fundió con sus caderas.

Entonces se dio cuenta. Theo tenía la nalga derecha con arañazos. Como para no tenerlo así. Tenía un culo tan apatecible que algún otrohombre antes que él lo habría hecho totalmente suyo y le había dejado una marca como diciendo «yo estuve aquí«. Marcando territorio, como los lobos. Le tumbó sobre la mesa. Tony tenía la polla durísima y tiesa, con el capullo a punto de reventar. Lo tenía tan grueso y hermoso que tardó en penetrar de nuevo su agujero.

Si al chaval le gustaban los bomberos de calendario, que disfrutara con su cuerpazo de macho mientras le jodía bien el hueco. Pirula para afuera pirula para adentro, Tony estaba flipando con la dulzura con la que ese ano le atrapaba el pene. Le colocó de lado con las piernecitas juntas, los muslitos uno encima del otro, el culo en pompa. Más apretada todavía, más difícil todavía.

Qué habría pensado su padre de haber llegado de vacaciones antes de tiempo y ver a su chico sentado sobre las piernas de un hombretón de ese calibre, ensartado en su polla. Su hijo disfrutando de los placeres del sexo con su mejor colega, al que le había pedido que lo cuidara, pero quizá no de esa manera tan especial. Le enculó desde abajo mientras Theo se abrazaba a su cuello.

Theo se cascó una paja vertiendo toda la leche en el suelo. Tony no quería salir de ese agujero acogedor para correrse, quería culminar ahí dentro. Agarró a Theo por las caderas para impedir que se levantara y le metió una buena preñada, entonces ya sí le dejó levantarse y un buen pedo de lefa salió despedido de su ano para caer sobre las pelotas del jefe de bomberos.

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