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Chase Steele, Darian Foster, Nico Nova zorrean con Jack Bailey meándole encima y follándoselo a pelo en el bosque | Himeros TV

Piss off

El verano ya exhalaba sus últimos estertores. Chase Steele, Darian Foster, Nico Nova y Jack Bailey pensaban disfrutar de esos días hasta el final. Se les ocurrió una idea brillante. Cual protagonistas del señor de las moscas, se fueron en grupo a pasar el resto del verano perdidos en le bosque, buscándose las habichuelas, encontrándose a sí mismos.

Por si a Jack le quedaba alguna duda acerca de su orientación sexual, se terminó de disipar el primer día, cuando los chicos amanecieron, se despertaron como si fuera el primer día después de la primera noche entre amigos en el campamento y cada uno tomó una labor. La de Nico era traer agua y comida. Le vio aparecer entre los juncos, siempre con su estilo despreocupado y sinvergüenza a lo James Dean, con sus pantalones vaqueros, su camiseta blanca de tirantes, un sobrero y mordisqueando una espiga. Estaba para comérselo.

Darian era timidito hasta para mear. Mientras que el resto lo hacía en grupo y se retaban a ver quién llegaba más lejos con el chorro, él solía apartarse de los demás, temiendo comparar su pene con el del resto de los chicos. Jack pudo escuchar cómo meaba unas cuantas veces desde que llegaron. Había escuchado muchas meadas en el baño y a juzgar por el potente chorrazo que sacaba su morenito preferido por el pene, debía tenerlo hermoso.

Sin que se diera cuenta se acercó y se puso a su lado. La tenía muy bonita, descapullada, de un tamaño normal como la de cualquier chico. Se alegró de que no se sintiera cohibido ni avergonzado cuando notó su presencia. Le hizo una caricia por el antebrazo, luego dirigió su mano a la de él, plantó la palma justo donde él estaba atizando el chorro de pis y se lavó la mano con él. Estaba calentito y para nada amarillo, la sacaba limpia.

Mientras su pene todavía chorreaba, le ayudó a sacudírselo, se agachó delante de él, le miró a los ojos y se metió su pija dentro de la boca. Estaba flácida, blandita como un chicle. Eso cambió enseguida. Comenzó a crecer a lo largo y a lo ancho hasta  convertirse en un pollón negro durñisimo, venoso y de un tamaño tirando a grande que seguía siendo asequible para poder tragárselo hasta el fondo.

Subió y se lo comió a besos. Le gustó que saboreara con él el propio sabor de su verga. Eran los dos tan inocentes y Jack tenía tantas ganas de entregarle su virginidad a alguien que realmente le agradase tanto como para hacerlo. Quizá sentía que se estaba precipitando con la elección. No se quitaba de la cabeza al chulazo de Nico, pero por Darian sentía cosas distintas.

Le dio la espalda. Se bajó los pantalones y la parte trasera de los calzones dejando a la vista su delicioso y redondito culazo blanco. Con una mano se separó una de las nalgas mostrando a Darian su precioso agujero de color rosáceo, listo para tomar en posesión. Darian se agachó y le comió la raja. Tenía una buena lengua, sabía cómo comerle el ojete. Jack alargó el brazo hacia atrás y le plantó la mano en el pelo, deslizándola por sus cabellos rizados.

Entonces ocurrió algo con lo que no contaba. Al girar la cabeza para mirar de nuevo hacia adelante, allí estaba Nico, de pie, interesado, mirando, pasándose la mano por el paquete por encima de sus vaqueros. Estaba buenísimo y Jack jamás podría haber pensado que darle el culo a otro le habría hecho interesarse de esa manera por él. Estaba acostumbrado a que le dieran todo por ser tan guapo, pero Jack le había puesto las cosas difíciles, se estaba entregando a otro tio y ahora él quería reclamar lo que era suyo.

Quizá todavía estuviera a tiempo. Se acercó. Pudo ver que el muy cerdo se había meado en los pantalones. Tenía toda la parte del muslo de la pernera derecha del pantalón mojada. Nico cogió la mano de Jack y la condujo hacia su paquete húmedo. Notó la dureza de su sexo deseándole. Jack empezó a gemir de placer. Siempre había amado a ese pedazo de cabrón indomable. Se agachó, le esnifó la huevera y le sacó la polla de los vaqueros.

Se metió su polla gorda y morcillona en la boca como si fuera un dulce de leche, con tantas ganas que sin darse cuenta le besaba las bolas en cada intento. Abrió los ojos para ver su vientre plano y definido, los pelazos de la base de su polla. Le encantó que le convirtiera en su putita, que lo agarrara del pelo y le dominara, que le ladeara la carita para meterle unos buenos pollazos en la jeta, demostrando así lo macho que era.

Llegó el que faltaba. Si Jack era un adicto al sexo, Darian el tímido y Nico el chulo guaperas, Chase era sin duda el tio más cerdaco que te podías echar a la cara. Descubrir que sus colegas se estaban divirtiendo sin él le encabronó, así que se puso delante de ellos, se bajó los pantalones, se quitó los calzones blancos de su abuelo dejando al aire su gorda pija colgando y unos huevazos aún más despampanantes, se agarró la picha y empezó a mear a Jack dirigiendo el chorro por toda su espalda.

Unos años atrás le habría mandado a la mierda, le habría escupido y seguramente perseguido hasta romperle la cara a puñetazos, pero ahora que le meara le daba placer. Jack cerró los ojos y se dejó embriagar por ese chorro potente de pis mojándole enterito. Le tenían los tres rodeado. Jack estaba encantado de recibir tanta atención. Le hubiera gustado entregar su virginidad a Nico, pero entonces Chase se le adelantó, se puso de rodillas detrás de Jack y le insertó toda su polla gorda y dura por el culo y sin condón.

Que Nico lo consintiera sabiendo cómo era él para sus posesiones y lo que creía suyo por derecho, que le metiera un dedo por la boca mientras el otro se lo follaba, le dejó más tranquilo. Al fin y al cabo Chase tenía una buena verga y le estaba haciendo un buen trabajo. Por lo guarrete que era, sabía que se estaría divirtiendo de lo lindo viendo cómo sus caderas chocaban contra su culazo blanco meciendo sus nalgas como flanes. Se estaría poniendo todo burraco.

Lo sintió por los pollazos que le metía y por las ganas con que lo hacía. Allí todos estaban descubriendo los placeres del paraíso. Hasta Chase, que se las daba de machito follador de coños, aprovechó que se estaba follando a Jack para alargar un brazo y menear la chorra de Nico con la mano, incluso se inclinó hacia adelante y le metió una calada.

Para eso le había dejado a Chase ser el primero, para abrir camino, para que cuando le metiera la polla a Jack por el culo viera la diferencia. Jack la apreció desde el primer momento. No es que lo de Chase no le hubiera gustado, el tio sabía follar, pero lo hacía para autosatisfacerse y aún tenía mucho que aprender sobre el amor. Lo de Nico fue diferente. Ya sólo con ver que Nico se dirigía hacia la parte de atrás quitando el sitio a Chase, a Jack se le aceleró el pulso.

Se sintió realizado completamente cuando notó la pija de Nico clavándose a pelo dentro de su ano, pudo sentir sus grandes pelotas colgando, rozando las suyas, los pelos de su polla haciéndole cosquillas en los cachetes del culo. Nico le cogió por la camiseta como si fuera la montura de un caballo, se aferró bien a ella y le montó por detrás. Qué guapo, qué buenorro estaba, menudo santo varón y qué bien se le daba empotrar.

A su lado Chase y Darian intercambiaban pajas de pie. Jack echó la vista atrás y se fijó en el cuerpo musculoso, atlético de Nico, todo sudado. Y ahora era todo suyo. Por fin. Jack estaba exhausto. Apenas era el primer día y los tres se habían salido de madre. Se sentó en la hierba, con la espalda apoyada en una pierna de Darian y la cabeza en la de Nico. Los cuatro empezaron a pajearse juntos, una paja en grupo entre amigos en mitad del bosque.

El sonido de los insectos, de la brisa del viento acariciando las copas de los árboles, de la fricción de las manos apretándose los rabos para sacarse toda la paja. Dice que cuando estás a punto de morir, toda tu vida desfila delante de tus ojos, pero cuando te vas a correr, de repente una imagen se te queda grabada y te redimes en ella mientras tu polla emana leche. Para Jack fue la imagen de Nico saliendo de los juncos, mordisqueando la espiga dorada, tan guapo y cachas, tan malote.

Se le puso durísima, cerró los ojos, no paró de cascársela y una florituta de leche salió disparada para caer sobre el dorso de su mano zurda, otro lefote sobre los pantalones y toda la leche embadurnando su larga polla, cayendo por la barra de su pene, mojándole los cojones, resbalando por sus ingles entre sus muslos. Notó la mano de Nico alborotándole el pelo mojado que le caía por la frente, miró hacia arriba, encantado de que Nico le viera de esa otra forma, convertido en un hombre como él, capaz de hacer esas guarradas que tanto le gustaban.

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