[MEN] STAR WARS XXX EPISODIO I: Jessy Ares Obi-Wan le enseña toda la espada láser a Luke Adams Skywalker y se la mete por el culo

Hace mucho tiempo, en una galaxia gay muy, muy lejana…

… la República está en guerra. La Armada Imperial gobernada por Vader están invadiendo y exclavizando a parte de la galaxia. Durante uno de los ataques, la casa de Luke resulta destruída y vaga por el desierto buscando respuestas. Obi-Wan le encuentra y le desvela un secreto.

Desde pequeño, a Luke Adams Skywalker le chiflaban los palos láser, su forma alargada y cilíndrica, perfecta, cómo se iluminaban y centelleaban batallando contra el viento, los chisporroteos que salían de cualquiera de sus partes al contacto con otro sable o cualquier otro objeto y que le hacían soltar un gritito de emoción. Soñaba todas las noches con poder tener uno de esos entre las manos, empuñarlo y dominar el mundo, sentirse fuerte. No es de extrañar que, a medida que fue creciendo, su interés por los palos de luz fuese creciendo más y más, a la par que ya apenas hacía caso a otras armas como las granadas en forma de peras que otros niños de su edad aprendían a dominar. Lo suyo era el sable.

Aunque de casta le viene al galgo y a los hombres de Tatooine se les da muy bien ya de por sí agarrar objetos cilíndricos al igual que a los hombres de toda la galaxia por instinto, sobre todo cuando descubren el placer de hacerse una buena paja, Luke todavía es demasiado jóven e inexperto para poder manejar con maestría el sable. Cuando por fin consigue hacerse con uno en su decimoctavo cumpleaños, acude a la ayuda del maestro Jessy Ares Obi-Wan, todo un experto en estas artes.

Bajo sus dos soles y tres lunas, la noche se cierne en Tatooine y el maestro enseña a Luke el arte de manejar el sable de luz. Tras empuñar el arma lo eleva y mueve a un lado y a otro con gran precisión. Cualquier pequeño error de cálculo en el movimiento puede convertir una defensa en un terrible ataque para uno mismo. Luke no espera lo que su maestro está a punto de revelarle, que siempre le han gustado los chicos jóvenes como él. Luke, ya con pelo creciéndole en los huevos, no puede evitar que la culebrilla se le despierte ahí abajo al escuchar tal halago y más dura se le pone cuando su mentor le empieza a acariciar los muslos dirigiéndose a su entrepierna.

Hasta ese momento Luke apenas se había hecho unas pajillas, jamás había probado a metérsela a una chica, no le despertaba el más mínimo interés, prefería cascársela mientras por su mente se paseaban hombres desnudos con los rabos meneándose entre sus piernas cuando se enzarzaban en una batalla a muerte. Totalmente virgen, al menos tendría sentido que fuera su maestro quien le desvirgara y le transmitiese todo tipo de experiencias y sabiduría para el futuro, pero no dejaba de pensar que aquello iba en contra de todas las normas. La diferencia de edad le causaba emociones encontradas, tan raro como follar con su padre, tan excitado por el mismo motivo.

Apenas le dejó quitarse la ropa. Si Obi-Wan decía que el mejor camino para aprender a dominar el sable era practicar con la polla de otros, Luke se lo había tomado al pie de la letra, porque se arrodilló y fue directo a por la suya. Practicar con el rabo propio te daba experiencia, pero agarrando la de otros aprendías verdaderamente a aplicar la presión adecuada que requiere un arma de este estilo, cuanto más fuerte el agarre, más fuerte la intensidad de la luz y su poder.

La del maestro Jessy era muy gorda y, aunque dura y tiesa apuntando hacia arriba, todavía estaba algo blandita. Luke tenía que medir todavía la presión con los labios, se la comió con tantas ganas que el maestro se volvió loco, agarrándole la cabeza y apretando hacia abajo haciendo que se la tragase entera. Poco a poco el jóven se fue inspirando, arrastrando el pellejo con los labios hacia el cabezón y jugueteando con la puntita de piel entre sus dientes.

El maestro Jedi tenía la polla bien sudada el cabrón, seguro que estaba lubricando como un campeón desde que daban lecciones. Luke no dejaba de pensar en la cantidad de alumnos que habían pasado por su herramienta y eso le hacía chupar con más ganas. Cuánta saliva de cuántos hombres se habría arrastrado por ese pollón poderoso. Completamente dura, la cogió entre sus manos y pudo observar que era del mismo grosor y longitud que el de la empuñadura de un sable de luz, por eso era el maestro Jedi. Imaginó por un momento cuántos mestros Jedi como él habría por el mundo y deseó tenerlos a todos dentro de su apetitosa y hambrienta boca.

A cuatro patas continuó masturbando la polla con los labios y absorbiendo los veteranos cojones. El cabrón de Obi tenía una buena barriguita cervecera en la que impactaba su frente cada vez que se la chupaba a fondo. Tras la confesión no podía hacer menos que darle él también de comer polla, la única forma de aprender cómo ejercer la presión justa en el agarre. A Luke le sirvió de mucho la mamadita, puesto que pudo comprender cuál era el secreto para dominar el sable. Qué bien se la chupaba el maestro. Pudo sentir un cosquilleo recorriéndole el cuerpo a la par que la polla y por un momento casi se deja ir dentro de su boca. Era como hacerse una pajilla pero sin tanta fuerza, más bien como si tu polla estuviera flotando entre las nubes de una lejana galaxia.

Con la lección aprendida, Luke le saboreó los labios para recoger la experiencia y regresó entre sus piernas chupándole de nuevo el rabo. Joder cómo le gustaban las clases prácticas, y sobre todo cómo le metía la lección por la fuerza atravesada. Mientras le comía toda la polla, el maestro ya se había fijado en su culito, llevando su mano hasta el trasero y acariciando la raja. Poco tardó hasta tenerlo a cuatro patas y su aliento entrando por el ojete. Ahora le iba a enseñar a clavar el sable al enemigo.

La preparación del terreno era importante y Luke pronto comprendió que le volvía loquito esa parte, con la lengua jugueteando cerca de su orificio, un agujerito inexplorado, tanto como los agujeros negros del universo que había sobre sus cabezas. No vio la luz pero pudo sentirla en su interior, la fuerza acompañándole en un viaje de entrada sin salida, un objeto grande y voluminoso clavándose en lo más hondo, casi dominando su mente y su ser dejándolo de hacer persona.

En eso consistía batir al rival, en hacerle perder la orientación y el sentido, en conducirlo hasta su perdición y tu propia victoria. Luke se sintió como los guardias imperiales pero sin armadura, completamente frágil e indefenso, empalado una y otra vez con saña por un poderoso sable de fuerza. Obi sabía que aquel joven padawan tenía un precioso culito, redondo, blanco y hermoso. Siempre había tenido que ocultar su deseo de querer follárselo hasta que cumpliese la edad, pero ahora ahí lo tenía sometido a su polla, colgado de ella.

Luke comprendía ahora por qué a ellas les gustaba tanto que les cubriese un hombre. Más de una noche había salido a escondidas por el poblado y espiado por alguna de sus ventanas encontrando los mismo una y otra vez, ellas a cuatro patas y ellos empujando con fuerza por detrás y siempre al cabo de unos meses nacía una nueva vida, no fallaba. Lo que más le apetecía practicar al recordar aquello fue la postura del equilibrio, también importante para batir al rival en duelo de sables.

Se sentó encima de la polla de Jessy Obi y comenzó a saltar con fuerza y concentrado, dejando su propio rabo cabalgando al viento, libre como los soles y las lunas. A maestro Jedi le gustó tanto su polla rebotando entre las piernas que le echó mano por delante para distraerle y hacerle una pajilla. Luke no se dejó distraer y siguió dominando en equilibrio sobre su rabo. Aquello entraba de puta madre, tan entera que podía notar los pelos de los huevos rozándole el culo.

Había sido una clase muy intensa, estaba completamente empapado en sudor, así que se dejó caer de espaldas y el maestro le remató follándoselo con las piernas abiertas de par en par. El joven Luke aguantó como lo haría el mejor de los guardias imperiales, pero finalmente se dio por vencido ante tanta constancia de polla entrándole por el culo y se corrió encima. Todavía con la vista nublada por el gustillo, vio de reojo un condón volando a su lado y notó leche calentita cayendo entre sus piernas y encima de él, toda la experiencia del maestro Jedi a puestas abiertas y entregada a su pequeño y recién desvirgado pupilo Skywalker.

CONTINUARÁ…

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