Jayden Marcos, Elliot Finn, Julian Brady y Justin Matthews follan sin condones y le meten un bukkake lechero a Evan Knoxx en la sala común de la fraternidad | Next Door

Fraternity Fantasies: Blindfolds & Bukkake

Estaba leyendo y al momento tenía la mano de Jayden Marcos tapándole los ojos. Evan Knoxx sabía que era su mano porque olía a su polla. El cabrón no paraba de meterse la mano por debajo de los pantalones todo el santo día. Daba igual si estaba concentrado estudiando, o en clase o viendo un partido de la liga, siempre sobándose la cola. y acerca de por qué sabía que era el olor de su mano, era sencillo. En cuanto Jayden encontraba la ocasión perfecta, ponía una mano en el cuello de Evan y le invitaba a comérsela.

Como para decirle que no, con la pedazo minga que tenía y lo bueno que estaba. Evan se la comía una y mil veces. Esta vez la bromita se la hicieron entre unos cuantos, pero Evan era de los que decía que el que reía el último reía mejor. Jayden le estaba plantando los huevos en la frente, podía sentirlos calentitos y pesados, elevó la cabeza, sacó la lengua y se los chupó. Los otros chicos, Justin Matthews que estaba a su lado y Elliot Finn y Julian Brady que estaban mirando atentamente, emitieron unos grititos de sorpresa.

Se pusieron tan perracos que decidieron jugar con él a ver si adivinaba a ciegas a quién pertenecía cada polla. Le hicieron ponerse de rodillas y le taparon los ojos con un calcetín sudado que había por el sofá. En ese sofá siempre había alguna prenda interior tirada, perfecta para dedicarse un momento a solas y esnifarla inhalando profundamente su aroma.

Decidido, Evan suposo que acertaría. Al fin y al cabo se las había merendado demasiadas veces a los cuatro. Elliot fue el primero en metérsela por la boca. Larga, fina, descapullada, acertó enseguida. La segunda le costó más. Justin tuvo que metérsela hasta el fondo para que por fin Evan descubriera que ese pollón con el cipote grueso y ese pene tan duro pertenecía a él.

La de Jayden es que ya la tenía demasiado vista. Ningún tio le hacía abrir la boca tanto como él al mamársela de lo gorda que la tenía. Además le reconoció enseguida porque le gustaba ser un juguetón. Los pollazos sobre la cara, el sonido de sus pelotas colgantes chocando contra sus muslos. Era inconfundible. Ya sólo quedaba uno, así que fue fácil adivinar que era la del guaperas de Julian. A este nunca se la había comido y le gustó mucho sentir su pene en la boca. El chaval, todavía timidito, se estaba intentando poner al nivel de los demás, que acostumbrados a hacer ese tipo de cosas en la fraternidad, ya dominaban por completo la situación.

El juego apenas acababa de empezar. Tras la prueba del gusto, llegó la del tacto. Elliot fue el siguiente en ver cómo ese calcetín tapaba sus ojos, le ponían a cuatro patas en el sofá y uno a uno iban pasando metiéndole la polla sin condón por el agujero. Con mejor ratio de aciertos que Evan, cuando se la metió Jayden y sintió toda esa polla grande y gorda perforando su culito, no pronunció su nombre, sólo se dedicó a exhalar un gemido de gusto y dejar que se lo follara cuanto más tiempo mejor.

Los cinco se pusieron cachondísimos al saber que el juego había terminado. Elliot ya no sonreía, disfrutaba y Jayden había pasado a modo empotrador, catador de culos. Mientras Elliot lo gozaba viendo pasar a todos los tios por detrás de él dándole por culo, el resto hacían turnos de espera cerquita, haciéndose mamadas. Justin y Julian se rindieron ante los atributos de Jayden. A medida que ese pollón se iba poniendo más duro, era impresionante para la vista. Exageradamente larga, gorda y grande era poco. Menudo jodido trabuco tenía ese cabrón entre las piernas.

Elliot no fue el único que ofreció su culo para la causa. A Julian también le entró el apetito y se puso en el sofá mirando en dirección contraria a Elliot. Enseguida Evan le cubrió por detrás con Justin dándole de comer rabo. Luego se cambiaron y Jayden probó por primera vez el culazo redondito y blanco de Julian. Los dos competían por el título de chico más popular de la fraternidad. Jayden porque era todo un semental gracioso y atractivo y Julian por ser el nuevo más guaperas de cuantos habían pasado por allí ese año.

Ahí estaban los dos, follando, Jayden intentado ajustar su enorme tranca por ese estrecho culito. Jayden empujaba y empujaba pero no le cabía entera de lo grande que la tenía. El pollón venoso y durísimo penetrando el hueco, sus pelotas colgando y bailando a un ritmo embriagador para los sentidos. Jayden llevaba un buen rato gozando. Cuando miró hacia atrás vio algo que le sorprendió y que le dejó claro que todos estaban perdiendo el control.

Jamás había visto a Justin permitir que nadie le rozara el agujero del culo y ahora le veía ahí en cuclillas sobre la cara de Evan, que se lo estaba acariciando con la lengua. Desde entonces estuvo atento a todo lo que sucedía ahí detrás, porque si alguien tenía que ser el primero en follarse ese culo, él era el candidato perfecto. Evan se le adelantó. Le había comido tan bien el culito que Justin se ofreció a él abriéndose de piernas y pidiéndole que se lo follara.

Ser el segundo plato tampoco le sentó tan mal. Justin se preparó al ver que su gran colega Jayden venía con todo. Esa pedazo polla le iba a reventar. Le miró a la cara, luego a su grandísimo pene y sintió cómo le desgarraba el ano a su paso. Era tremendo.

Ordenaron a Evan volver a ponerse de rodillas y los cuatro se pajearon efusivamente formando un círculo alrededor de él. El bukkake estaba servido. Justin dobló las rodillas, se acercó todavía más a su cuerpo y por esa polla durísima y tiesa empezó a brotar un montón de leche que le dejó los pectorales bien mojados. Del gusto, a Justin se le escapó un chorrazo que voló alto y le dibujó a Evan una bolita de nieve en la nariz.

Jayden fue el siguiente. Agarró con cariño la cabezita de Evan por detrás, inclinándola hacia arriba, se pajeó con el pene justo encima de su cara y le metió un lefazo que le cruzó la cara por encima de la nariz, desnudándole las mejillas. Elliot pidió turno. La leche brotó de su polla como una manguera a la que le hubieran cortado el chorro. Al verlo, Justin, empecinado en que Evan tuviera la carita bien sucia después de ese encuentro, le agarró la cabeza y lo acercó a Elliot, que todavía seguía corriéndose. Por hacerlo, se encontró con un buen lefazo en toda la mano. No había contado con que Elliot era el tipo de chico que se corría manteniendo el orgullo hasta que lo sacaba todo a chorro.

El guaperas de Julian soltó un buen lechazo sobre la cara de Evan, blanco y espeso, dejándose el resto sobre su hombro. Evan estaba cachondísimo. Esos cuatro tios jaleando a su alrededor, con las pijas corridas, la leche de los cuatro sobre su cuerpo. Notaba sobre su cara cómo le moqueaba la nariz, los lefotes resbalando por su cara. Miró hacia abajo y se fijó el toda la leche que le habían dejado en los pectorales. La paja que se hizo fue de altura. Dejó claro que nadie disparaba tanto ni tan largo como él. Se corrió como una fuente, con unos chorrazos que saltaron a la altura de su cabeza y más lejos todavía. Se largaron a las duchas y le dejaron allí de rodillas, disfrutando con sus corridas encima.

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