El chulazo guaperas Phillip juega a solas en la cama cascándose dos pajotes, lanzando unos trallazos de lefa de altura y relamiéndose su propio semen | Sean Cody

Es un flechazo a primera vista. Phillip sería uno de los hombres con los que cualquier chico desearía perder la virginidad. Imaginar su cuerpo encima del tuyo, perdiéndote en esos ojazos claros grises y azulados, su preciosa sonrisa, alborotarle el pelazo sin despeinarle ni un poco, esa mandíbula cuadrada y prominente enmarcada por una barba de varios días, apresado por esos dos brazos fuertes de antebrazos peludos, la vena marcándose en sus potentes biceps.

Ver los pelitos asomando por sus sobacos, inclinarse y poder esnifárselos mientras él se esfuerza por contonear su fornido y peludo torso sobre ti para satisfacerte, para rebozar su paquete por la raja de tu culo antes de que se saque esa picha larga y firme que tiene y te penetre con ella después de masajeársela y dejarla brillante y preparada con abundante lubricante.

Sería uno de esos hombres en cuya puerta entreabierta de la habitación de la fraternidad uno debe hacer una parada obligatoria. Para pajearse a la vez que lo hace ese machote tumbado sobre su cama, con las piernas abiertas, fuertes, varoniles y peludas, tocándose los huevos, literalmente, mirando fíjamente cómo su mano apresa su polla y no la suelta, zurciéndola a puñetazos, castigándola.

Despega su culazo de futbolista, redondito y grande, de las sábanas, para simular una follada. Mantiene el puño quieto, un puño que ahora es un culo apretado, tu culo apretado. Se apoya con los pies en el colchón y eleva las caderas para follarse el agujero que forma su mano. Sigue fingiendo que te folla, esta vez de rodillas en la cama, inclinándose hacia un hombre imaginario que recibe su pene con gratitud.

Entonces agacha el pecho más de lo normal, besa la almohada, hunde la cabeza en ella y culea hacia atrás. No te está follando, está deseando que cruces esa puerta y le hagas un hombre, que le jodas ese precioso culo tan varonil que tiene, que hagas gemir esa guapísima cara de chulazo, que metas tu cabeza entre sus piernas y le hagas una triple comida sirviéndote de su polla, de sus cojones y de su ojete.

Tiene las pelotas llenas. Se pone de rodillas y te regala una paja inolvidable. Inolvidable por su cuerpazo y su cara, inolvidable porque se corre encima como una fuente desbocada, con un saque de campeonato, lanzando una lluvia de esperma que le llega hasta los pelos de la barbilla y que le deja el torso cubierto de leche. Todavía excitado, recoge con una mano la lefa desde su vientre hasta el valle de sus pectorales y se emte los dedos mojados dentro de la boca. Ese chorrete de lefa colgando de los pelillos de su barba le hacen más guapo todavía.

Otro día le pillas en la habitación de un colega, esperándole para estudiar juntos. El aburrimiento le puede y termina pensando siempre en los mismo, en lo que les gusta a todos los hombres. Le descubres justo cuando se pone de rodillas dispuesto a follarse la almohada, en este caso un cojín. Acaba de plantar sobre él su larga pija, alarga uno de sus largos y fuertes brazos para coger el extremo del mullidito cojín, lo apalea con su rabo, escupe encima y empieza a frotar su pene contra la superficie.

Sabiendo como sabes por la otra vez lo mucho que le gusta rebañarse la leche cuando cualquier otro tio acudiría a coger papel del baño, podías esperar lo que ves a continuación, cuando Phillip apoya la parte alta de su espalda en el suelo y eleva el culo poniéndolo sobre le borde del colchón. Es la forma más efectiva de correrse y que todo te salpique encima.

Se caliente la polla a manotazos, su cuerpo tiembla, sus gemidos y su respiración se intensifican y termina metiéndose otra ducha encima, un auto facial como él quería, con la barba llena de mecos, sacando la lengua para atraparlos, un adicto a la leche que, de ponerse de rodillas en los vestuarios, no duraría ni dos segundos en tener un círculo de rabos deseando darle de comer. Le miro por última vez antes de correrme en los calzones con la visión de su cara con un par de lefotes de semen encima, su barbita y su cuello llenos de esperma que no para de recoger con los dedos para relamerse.

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