Jayden Jaxx se casca una doble paja a su gigantesco y larguísimo pollon negro y se saca unos grumos de leche espesos y pegajosos | Sean Cody

Odia tener la polla aprisionada en los vaqueros. Ni siquiera suele llevar calzones por eso mismo, porque cuando le empieza a crecer le aprieta demasiado y no sabe dónde escabullirla. Y aunque pudiera, porque le es imposible esconder todo eso. Jayden Jaxx mete la mano por la parte superior de los pantalones. Parece que se le complica. Uno no comprende el por qué hasta que el tio saca un enorme, gordo y gigantesco pollón de color negro que al momento apetece tener entre los labios.

Él parece estar acostumbrado y se cree que todos los hombres la tienen igual de grande. Normal, la lleva ahí colgando día y noche. Con una mano se la sacude y la deja cilimbreando durita, se sienta y continúa con la entrevista, con la pollaza inclinada hacia adelante, liberada, destacando contra el color moreno y brillante de su musculoso torso ahora que se ha desabroichado esa camisa de cuadros granate y azul que tan bien le sienta.

Verle meneársela tumbado en el sofá es puro vicio. Para entregarle culo y boca y darle lo que se merece. Completamente dura su polla es gigantesca y larguísima. Un cipotón grande para emborrachar bocas, un cilindro pesado y gordo, surcado de gruesas venas, ligeramente inclinado hacia adelante y con la misma tonalidad morena y brillante que la del resto de su cuerpo. Entra el apetito.

Su rabaco está cargadísimo de precum y se divierte pasando el dedo por encima de la gruesa raja de su cipote, recogiendo la miel y mirando cómo se alarga esa hilera pegajosa entre su dedo y su cipote hasta que se despega del todo y se lleva la mano a la boca, cierra los ojos y degusta la leche de su propia tetilla, una tetilla de la que nos gustaría probar una y otra vez hasta estar borrachos.

Es ambidiestro haciéndose pajas. Tenerla tan larga le ha llevado a saber usar las dos manos para darse placer. Primero una, luego la otra y después las dos a la vez estrujando su enorme polla. Le gusta tenerla así de grande, le pone muy cachondo mirarla y ver esa escultura tiesa ante sus ojos, poder admirarla y tener entrada grátis a ese museo cada vez que lo desea.

Usa el pulgar de la zurda para inclinar la polla hacia adelante y hacia abajo, observando toda su enormidad. Coloca la otra mano justo debajo y da ligeros toques con el pulgar para zarandearla arriba y abajo y darse hostiazos sobre la palma de la mano, comprobando lo dura y sana que está. Quiere culo. Se pone en modo cabrón rodeando la polla con sus dedos y culea desde abajo metiendo una follada a su propia mano.

Abierto de piernas de par en par se imagina a tres pipiolos haciéndole una buena comida. Al más tímido le dejaría su cerradísimo ojete, al más guarrete le haría comerle las bolas y al más atrevido y valiente le dejaría lamerle y comerle toda la polla. Les llamaría los tres cerditos y cuando estuvieran satisfechos les regalaría la leche de sus cojones soltándoles una buena paja encima, unos buenos lechotes blancos como la nieve, espesos y calentitos.

Pensando en tales guarradas, se saca la primera paja. Su leche es como pegamento. Sale brotando como lava blanca rezumando a borbotones de la raja del cipote y va cayendo lentamente por el tronco duro bañando los dedos de su puño y quedándose pegajoso entre ellos como una telaraña gorda. Tiene que sacudir la mano para deshacerse de toda esa ingente cantidad de esperma.

La ducha no logra calmar sus ganas. Se siente más relajado, pero sigue notando el incesante peso de su gigantesca polla colgándole y pidiéndole guerra. Intenta echar una cabezadita, pero ahora que huele mejor todavía, vuelve a mirar su rabo y le gusta tanto que necesita seguir dándole todo su amor. Empieza zarandeándola y en cuestión de segundos la vuelve a tener tan dura como antes. La putada es que sólo sabe una forma de rebajarla y le va a volver a tocar pasar por caja.

La primera fue a saco, pero con esta segunda es capaz de fijarse en los detalles. Por primera vez repara en sus pelotas. Les da un toque con la yema de los dedos y siente cómo se balancean entre sus piernas, cargaditas de amor. Los dos huevos ahí encerrados, los dos juntos, son igual de gordos que todo el diámetro del tronco de su polla.

Se tumba sobre la cama de sábanas blancas y se masturba a placer imaginando que los tres cerditos van pasando uno a uno por su piedra. Le mola el atrevido y valiente que es capaz de tragársela hasta los huevos dejándole sin aliento, le flipa el más cerdete que mientras se lo folla le pide que le haga un hijo allí mismo, pero el que termina por sacarle la leche de los huevos definitivamente es el más timidito, el que gime como una putilla al sentir el cabezón de semejante polla penetrando su culito apretado y virgen.

Piensa en él y suelta otra descarga de leche imaginando que le preña por dentro. Toda esa semilla blanca y espesa inundando su pequeño culito, rellenando su agujerito mancillado por primera vez. Jayden abre los ojos y contempla su varonil mástil en vertical, todavía durísimo y potente, mojado de leche hasta las pelotas, por las ingles y por el cachete del culo. Se lleva la mano a la boca y saborea los grumos degustando su sabor dulce y amargo a la vez. Contemppla la enormidad de su gigantesca polla, piensa lo alucinante y afortunado que es al tener un rabo así de grande y se deja caer en la cama con los brazos en cruz, tremendamente aliviado.

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