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Darenger McCarthy empotra el culazo de James Fox a pelo sobre la camilla de masaje con una fuerza sobrehumana | MASQULIN

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Por mucho código de honor que hubiera entre masajistas, James Fox pensó que, al igual que un urólogo no se podía enamorar de cada culo que penetraba con sus herramientas de consulta o de cada rabo o testículos que exploraba con detenimiento entre sus manos, un profesional del masaje posaba sus manos sobre más cuerpos de los que podía imaginar, pero lo que no se podía pretender era que de vez en cuando no hubiera alguno que les hiciera tilín, porque ante todo eran humanos.

James llegó como solía hacerlo, servicio a la propia casa del cliente, desplegando su maletita con todo lo necesario, como cualquier otro día en la vivienda de cualquier cliente. Entonces vio que Darenger McCarthy se desnudaba dándole la espalda. El tio era un tipazo impresionante, alto, fuerte, cachas, un armario empotrado con una gran melena al estilo tarzán. Sólo le quedaba quitarse los calzones y al hacerlo dejó a la vista su impresionante culazo.

No se dio cuenta de cuán impresionante era hasta que lo tuvo sobre la mesa y el tio empezó a apretar las musculosas nalgas, primeor la derecha y luego la izquierda, como suelen hacer los culturistas para lucir y marcar pectorales. Darenger quería un completo, así que James se colocó a los pies de la mesa, posó las manos en sus muslos y comenzó a amasarle ese cuerpazo fornido de abajo a arriba, deleitándose con su trasero y sabiendo apreciar esa espalda grande y ancha de nadador.

Una y otra vez la vista de James terminaba en el impresionante culo, una obra de arte realmente apetecible. Sin querer se tocó el paquete, porque no podía evitar que su polla se hinchase la muy zorra, sintiendo la llamada de lo que más le gustaba, penetrar culazo así de ricos. Cuando Darenger se dio la vuelta, James rezó hasta a la virgen, porque ahora tendría que aguantar como un héroe paseando sus manos aceitosas por una estupenda morcilla.

No pudo más y se arriesgó a preguntar a Derenger si se sentía lo suficientemente a gusto como para probar su especialidad. Sin saber cuál era, Darenger asintió, James le agarró la polla y se la chupó. Sabía que tenía mucho que perder y que seguramente se llevara una buena hostia, pero había un porcentaje de posibilidades de éxito de acabar con un final feliz.

Se aprovechó mamando esa gordísima polla hasta donde pudo, por si le llovían las hostias, pero en cuanto notó que se ponía durita dentro de su boca y que al alzar la vista allí estaba Darenger tumbado a cuerpo de rey, con los brazos detrás de la cabeza a modo de almohada, mirando cómo le jalaba la pija, supo que ese iba a ser su día de suerte.

Le veía tan grande, tan fuerte, con esos pectorales de acero, con esos brazos largos, poderosos y enormes, que sentía que le debía algo, así que incrementó el ritmo de la mamada, como si un tiarrón grandote como él necesitara más de lo que un simple mortal podía ofrecerle. James se desnudo y se sentó sobre sus muslos encima de la camilla de masajes. Juntó los dos rabos y los deslizó juntitos uno encima del otro, luego pasó una mano por detrás, le agarró la durísima polla y la condujo a pelo hacia el interior de su agujero.

Saltó encima de ese jamelgo que tan cachondo le ponía y se soltó el rabo a posta para comprobar si le gustaba que le azotaran el abdómen con un buen pollón. A partir de ese momento, Darenger dominó la jugada y el que se llevó un buen masaje en el ano fue James, que estaba en la gloria viendo cómo ese tio se lo follaba a tope inclinado sobre él, con ese cuerpazo musculoso en plena acción dándole caña.

Con la fuerza que le otorgaban sus poderosos músculos, ese superhéroe que se parecía a Thor, lo llevó en volandas hasta la cama y le reventó el culo hasta dejarle con los ojos en blanco. Darenger propulsó su martillo por el interior de su ano, los muelles de la cama no paraban de sonar, a punto de ceder con tantos temblores. James abrió los ojos y lo que vio le gustó tanto que acabó corriéndose de gusto. Un super humano, con músculos de fibra de acero, esos ojos azules como el mar. Relajadito, con su leche y la de ese héroe encima, James se tumbó en cama ajena y sonrió, contento por tener un trabajo que le hacía tanto bien.

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