El culturista guaperas Julian Brady se casca un par de gayolas en el sofá | Next Door

Sus grandes ojazos de un azul intenso son capaces de parar el mundo. La guapísima cara de Julian Brady, con su nariz respingona que provoca ese punto de ternura, queda enmarcada en un cuidado recorte de barba de varios días, como si estuviera escrito en ella el mensaje subliminar de “te meto el rabo hasta los huevos“. Unos brazos varoniles, naturales y con pelos y una camiseta con otro mensaje más literal que lo define.

Bodybuilder. Porque su cuerpazo se va definiendo cada día en su trabajo como constructor y en el gym. Las mangas de la camiseta corta dan buena fe de ello, ajustándose a los musculosos biceps. Un poco de conversación recordando anécdotas de dónde se inició sexualmente, le hacen alegrar el rostro, marcando una amplia y enamoradiza sonrisa.

Le apasionan los culos bien grandes. Lo dice decidido, remarcando el lenguaje con sus manos, dibujando en el aire un voluminoso culazo hambriento de rabo, mordiéndose el labio, imaginando que se la clava en medio. Se quita la camiseta y su torso definido y musculado quita el hipo. Va al natural, de pelo en pecho, marcando unos poderosos abdominales partidos en dos por una buena hilera de pelos negro azabache que se ocultan más allá de los pantalones y apetece descubrir hasta dónde llegan.

Se queda en calzones, enseñando sus musculosas piernazas peludas. Se los quita y se queda en pelota picada. Tiene una entrepierna bien atractiva. Una picha cortita y tímida descansa sobre unos apretados huevos bien puestos entre las piernas. Qué bien nos sabemos eso de que nada es lo que parece a primera vista y más cuando se trata de un pene.

Un par de pajotazos, un poco de lubricante y la picha crece y se estira a lo largo y ancho formando un espléndido pollón. Se distribuye el lubricante por toda la pija y se la masturba. Otro al que le va el soniquete de la refriega. Qué tendrá ese sonido de algo bien apretado entrando por un agujero que cuando llega hasta nuestros oídos nos pone a mil.

Se la empuña firme y hace resbalar la polla entera en el hueco entre sus dedos. Levanta un brazo pasándolo por detrás de su cabeza, dejando a la vista otro matojo de pelos negros en sus axilas perfectos para esnifar y remarcando los músculos de su torso. Cierra los ojitos y gime por lo bajo. Está buenísimo en esa vista cenital. Puro músculo, magreándose y castigándose la polla de arriba a abajo sin dejarla ni un puto centímetro de respiro, apretando con mucha fuerza.

Está cachondísimo. Se la suelta intentando contener la corrida pero ya es demasiado tarde. El pollón reposa sobre sus abdominales y empieza a soltar leche. El semen pulula a su antojo en chorretes alrededor de su ombligo, tiñendo de canas dle color del champú de los huevos esos pelazos negros. Controla todo lo que puede para que no salga más leche y sigue con la paja.

La polla tiesa, la mirada de ojos azules perdida en algún lugar de sus más guarros pensamientos. Aumenta el ritmo de la gayola, siente el gustito venir, se queda ciego y con un espasmo se vence, soltando unos buenos lechazos sobre sus abdominales, vaciándose los huevos esta vez por completo. Se atusa el pelo el guaperas, relajadito después de haberse metido un par de abundantes corridas.

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