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Viktor Rom se va de cruising al Jardín de las Tullerías y se folla en público el culazo de Bastian Bonaxe sin condón con varios tios mirando | Bravo Fucker

Comerse los rabos y follar en el parque que conduce hacia el museo del Louvre es como hacer un homenaje a la historia y es que El Jardín de las Tullerías es zona de cruising desde nada menos que el siglo XVIII. Recorriendo sus laberintos ajardinados, cualquiera puede esperar a que el macho de sus sueños aparezca por la esquina y le dé rabo, uniendo su leche y sus gemidos a montones de chavales que durante cuatro siglos han paseado por allí sus mazorcas.

Conoces muy bien el gusanillo ese que notas en tu cuerpo cuando sales de caza, una mezcla de nerviosismo y tremendas ganas de follar que hacen que tu mente se nuble y sólo pienses en comer rabos, sintiendo la imperiosa necesidad de hacer que tus deseos se hagan realidad. Bastian Bonaxe está justo en ese punto en el que muchos hemos estado alguna vez, esperando paciente a su macho de ensueño, apoyado contra un árbol, con su gorrita, su camiseta de tirantes, bermudas y mochila a la espalda.

Cuando ve pasar a Viktor Rom y se comen con la mirada, lo tiene claro, le seguirá hasta donde él quiera. Un paso subterráneo construído en cemento, con pintadas. Más allá en un recoveco, papel higiénico, pañuelos y algún que otro condón justo al lado de una verja. Está claro la de lefa que muchos hombres se han dejado allí, limpiándose después como buenamente podían, como cerdos. Mientras Viktor le escupe en la boca se siente uno de ellos. Ya se puede imaginar limpiándose la lefa de ese macho del culo con la mano tras acabar.

Le saca la verga y alucina con el tacto. Es larga, gruesa, suave, un salchichón calentito de pura cepa entre sus manos. Se le despierta el hambre y baja a comer como los animales, a trangullones. Mira a los ojos a Viktor, le pone cara de rabia, abre la boca a tope y se traga toda su enorme polla. Como recompensa, Viktor le da de hostias y le escupe.

Culazo de chaval, un trasero redondo y perfecto del que si yo fuese su padre, tendría miedo de que saliese por ahí por la noche con semejante joya. Entre los papeles y los condones resecos, entre el desperdicio de semen de decenas de hombres antes que ellos, Viktor le abre las nalgas de par en par y lo penetra con su gigantesca polla.

Bastian culea el pollón sentándose sobre sus piernas. Los gritos advierten a los mirones. Ellos siguen a lo suyo mientras jovencitos y no tan jovencitos empiezan a darse cita en el subterráneo de los jardines observando el espectáculo. Viktor ladea la cabeza y ve a montones de tios mirándoles, sacándose las pollas de las braguetas, pero sigue porque eso le pone más cachondo todavía. Va a hacer que se descorchen los cojones como si fuera champán y que unan su semen al de sus antepasados. Si la creadora de ese jardín Catalina de Medicis levantara la cabeza, seguro que la volvía a agachar para comer pollas.

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